04 agosto 2009

Lo más agradable de toda esta zona es su gente !

Por el “manso” hasta Santay

Isabel Hungría
ihungria@telegrafo.com.ec


Oreja y Bartolo son quienes más a menudo hacen el flete mercado Caragüay-Isla Santay, pero al segundo le late el corazón fuerte y se ofrece de inmediato a llevarnos cuando escucha el nombre de José Delgado, un caballero que vive en Francia (corrección de J.Delgado) y a quien se le metió en el alma la Isla Santay cuando la conoció. Don José ha hecho tanto por ese pueblo, dice Bartolo, que no hay nadie que no lo quiera por allá. Y hacia allá, dejando atrás la bulla de los cangrejeros, el juego de damas y el olor a marisco nos vamos con Bartolo en su recién adquirida Jésica, una lanchita vetusta con capacidad para 20 personas que es bien “jodido” que se vire pero a la que hay que jalarle la piola más de siete veces para que encienda. "Tranquilos, yo ya me sé las mañas de este motor", dice. Si navegar por el manso Guayas en el Morgan o el Discovery les resulta fabuloso, hacerlo por el Jésica es de ensueño porque aunque la embarcación bambolee con cada movimiento de los pasajeros, se vive la experiencia de sentir el río y disfrutarlo por 15 deliciosos minutos, tiempo que por lo general dura el trayecto. Ya en la Isla, sus pobladores no saben por qué Santay lleva ese nombre ni quiénes fueron sus primeros pobladores pero aseguran, como que lo vieron, que Simón Bolívar pernoctó allí por algunos días. Y así lo dice “San Google”. Una escuelita, una cancha de fútbol y un letrero que reza “Isla Santay, humedal de importancia internacional” es lo primero que se avista. Nos adentramos en el pueblo, con botas de por medio y repelente hasta en los dientes, y encontramos un camino lodoso salpicado de agujeros de cangrejitos y atiborrado de mosquitos. El sitio nos conduce hasta una estación de cocodrilos, ligeramente pequeña, donde habitan 11 de estos reptiles, que aunque parezcan inofensivos (no son tan grandes) pueden saltar hasta dos metros desde el agua hasta tierra firme y “merendarse” las extremidades de cualquier distraído. Por suerte el lugar está cercado y existen letreros por doquier que alertan sobre su peligrosidad. Santay posee 129 tipos de aves, 13 de mamíferos, 2 de anfibios, 12 de reptiles y 60 de plantas. Para poder ver todas estas especies (flora y fauna) hay que dirigirse hasta el humedal La Huaquilla, un camino navegable y serpenteante donde se respira aire puro y los alados dan concierto sin batuta directora. Pero lo más agradable de toda esta zona es su gente, sumamente pobre pero conmovedoramente gentil. ¡Nos vemos!


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3 comentarios:

José dijo...

No es para alimentar mi ego, pero es muy satisfactorio saber que uno es recordado con cariño en Santay.

José dijo...

Pero si, porque no!..tener ego es un derecho humano..

clemente dijo...

Bueno, leyendo este articulo regresé en el tiempo desde mi fria sala en la Universidad de São Paulo, aquellos fines de semana cuando viajávamos a la Isla con Jacqueline Sharp (Canadá), Corinne Marechar (Belgica), José Delgado y yo. Al llegar a la Isla nos olvidávamos por completo de las comodidades de la ciudad del frente y comprendiamos que las personas de Santay son ricos, exactamente, viven en medio de un tesoro natural y no lo saben, pero mejor que simplemente amen y no "exploten" su riqueza. Ayudábamos a la población en lo que podiamos y nuestro pago era la sonrisa y contagiante alegria de los niños que aprendian a dibujar sus garabatos con el afán de aprender a escribir. Yo tambien amo a la Santay