17 mayo 2026

Los niños también conservan humedales


En la isla Santay acaba de culminar el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”. Durante varias semanas, 42 niños y niñas de la comunidad participaron en una experiencia de educación ambiental realizada junto a los guardaparques del área protegida y la asociación de pobladores. Fue una actividad sencilla, pero profundamente significativa: los niños aprendieron sobre su territorio, escucharon a quienes cuidan el área, compartieron juegos, preguntas y aprendizajes, y recibieron sus diplomas como pequeños guardianes del humedal.

Detrás de cada diploma había algo más que una clausura. Había una forma de decirles que Santay también les pertenece como responsabilidad, como memoria y como futuro. La conservación de un humedal empieza también cuando un niño comprende que las aves, los manglares, el río, la escuela y la vida de su comunidad forman parte de una misma historia. En un humedal habitado como Santay, la naturaleza y la comunidad caminan juntas; por eso, educar a sus niños también es una manera concreta de conservar.

Esta experiencia luminosa permite mirar con mayor claridad una realidad que sigue pendiente. La escuela de Santay merece contar con electricidad, internet e infraestructura adecuada. La comunidad merece servicios básicos seguros y accesibles. Las familias han demostrado capacidad de organización para gestionar el acceso al agua potable; sin embargo, ese esfuerzo termina representando probablemente uno de los costos de agua más altos del país.

Estas situaciones revelan la necesidad de una gobernanza más coherente para los humedales habitados. Cuando un territorio es al mismo tiempo área protegida, comunidad, escuela, destino turístico, memoria histórica y ecosistema frágil, la gestión pública debe articular conservación ambiental, educación, servicios básicos, acceso seguro, mantenimiento e inclusión comunitaria. Incluso la cooperación internacional, cuando aparece, parece depender más de esfuerzos de la diáspora y de redes solidarias que de una política estatal sostenida de apoyo a territorios de alto valor ambiental y social.

Ecuador suele presentarse en los espacios internacionales como un país comprometido con la sostenibilidad y la protección de la naturaleza. Esa vocación merece reflejarse también en el territorio, allí donde viven las comunidades que cuidan diariamente esos ecosistemas. Santay necesita que su importancia ambiental se traduzca en presencia institucional sostenida, condiciones dignas y políticas públicas capaces de unir el discurso con la realidad.

La conservación requiere guardaparques, técnicos, autoridades y presupuesto. También requiere escuela, agua, energía, conectividad, afecto comunitario y continuidad. Los humedales se conservan desde los planes de manejo, pero también desde las aulas, desde los espacios comunitarios, desde las caminatas por el sendero, desde las preguntas de los niños y desde cada experiencia que les enseña que cuidar la vida es también cuidar su casa.

Los niños también conservan humedales. Acompañarlos, educarlos y garantizarles condiciones dignas es una de las mejores inversiones que podemos hacer por el futuro de Santay.

José Delgado Mendoza 
Gestor cultural y ambiental
Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-16-de-mayo-de-2026/

14 mayo 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: educación, comunidad y esperanza en Santay

Pequeños Guardianes del Humedal: Un curso vacacional que sembró conciencia, comunidad y esperanza en la isla Santay


Durante cuatro fines de semana, 42 niños y adolescentes de la isla Santay participaron en el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, una experiencia comunitaria de educación ambiental que dejó aprendizajes, sonrisas y nuevas semillas de compromiso con el Humedal Isla Santay.

Más que un curso recreativo, esta iniciativa representó un esfuerzo colectivo construido desde el propio territorio, reuniendo a guardaparques, tutoras, voluntarios, líderes comunitarios y actores locales alrededor de un objetivo común: fortalecer en las nuevas generaciones el conocimiento, el amor y el sentido de pertenencia hacia uno de los humedales más importantes del Ecuador.

El curso demostró además que Santay posee capacidades humanas, liderazgo comunitario y voluntad de trabajo conjunto para generar espacios positivos para su niñez y juventud.

Aprender desde la realidad del humedal


A lo largo de las jornadas, los participantes compartieron actividades educativas, recreativas y ambientales enfocadas en temas como el cuidado del agua, la fauna del humedal, la conservación ambiental y el papel que cumplen los guardaparques dentro del Área Nacional de Recreación Isla Santay.

Las charlas permitieron que los niños y adolescentes comprendieran mejor la importancia de proteger su territorio y valorar la riqueza natural y humana de la isla. El aprendizaje tuvo un valor especial porque fue transmitido directamente por personas vinculadas al humedal y al trabajo diario de conservación.


Durante la clausura, el guardaparque Sr. Stalyn Roldán compartió una charla sobre el rol y las funciones de los guardaparques en el Humedal y Área Protegida Isla Santay, explicando el trabajo que realizan para proteger la biodiversidad, orientar a los visitantes y acompañar a la comunidad.





Liderazgo y capacidades nacidas en Santay


Uno de los aspectos más valiosos del curso fue la activa participación de personas de la propia isla, fortaleciendo el sentido de pertenencia y demostrando que la educación ambiental tiene más fuerza cuando nace desde la comunidad y se construye con quienes conocen y viven diariamente el territorio.


Las hermanas Fabiana e Ingrid Achiote participaron como tutoras, acompañando las actividades y demostrando que en Santay existen capacidades locales, liderazgo comunitario y compromiso con la formación de las nuevas generaciones.

Asimismo, la guardaparque Mgs. Diana Otero cumplió un papel fundamental como enlace dinámico y permanente entre el curso y la administración del área protegida, apoyando la coordinación de las charlas, la valoración de los contenidos educativos y el acompañamiento general de las jornadas.

Santi: educación ambiental desde la alegría



Las actividades estuvieron acompañadas por la presencia de Santi, el Guardián del Humedal, personaje educativo que se convirtió en un símbolo cercano, alegre y motivador para los niños.



Santi acompañó las jornadas, participó en las dinámicas y ayudó a transmitir de manera amigable y divertida los mensajes de conservación y cuidado del humedal. Su presencia permitió que muchos de los aprendizajes quedaran asociados a experiencias positivas, juego, integración y afecto.




El personaje tiene además un significado especial para Santay, ya que el Observatorio de Santay es la oficina principal de Santi y el espacio desde donde se impulsan muchas de sus actividades educativas y de sensibilización ambiental.

El rol del Observatorio de Santay

El curso tuvo una característica particular: el Observatorio de Santay, impulsor y articulador de la iniciativa, se encontraba durante esas semanas en proceso de mantenimiento.


El Observatorio forma parte de la red internacional Wetland Link International (WLI) como Centro de Educación del Humedal Santay. Está dirigido por José Delgado Mendoza y fue establecido en la isla Santay en agosto de 2022 como un espacio dedicado a la educación ambiental, la investigación, la cultura y el fortalecimiento comunitario alrededor del humedal.

Debido a los trabajos de mantenimiento, las actividades se desarrollaron en la Casa Comunal de Santay, gracias al valioso apoyo de la presidenta de la Asociación de Pobladores, Sra. Elsita Rodríguez, cuya colaboración permitió abrir un espacio comunitario al servicio de la niñez y juventud de la isla.

Aun así, el Observatorio mantuvo un importante rol de acompañamiento, coordinación y articulación de la experiencia, fortaleciendo el trabajo conjunto entre comunidad, guardaparques, voluntarios y actores locales comprometidos con la educación ambiental.

Alimentación preparada desde el territorio


Otro aspecto importante del curso fue el cuidado puesto en la alimentación de los participantes.

Los refrigerios ofrecidos durante las jornadas fueron preparados en el propio humedal utilizando productos frescos y no industriales. Este detalle reforzó el carácter comunitario de la experiencia y transmitió también un mensaje coherente con los valores del curso: valorar lo cercano, lo natural y lo preparado con dedicación desde el territorio.



Un esfuerzo colectivo por la niñez de Santay

El Observatorio de Santay expresa un especial agradecimiento a la guardaparque Mgs. Diana Otero por su valiosa coordinación y acompañamiento durante el curso, así como a los guardaparques Stalyn Roldán, John Bajaña, Iralda Cirino y Jonathan Coronel, quienes compartieron charlas educativas con los niños sobre el cuidado del humedal, el agua, la fauna y el rol de los guardaparques dentro del área protegida.

Asimismo, expresa su agradecimiento al Biol. Eric Salavarria, Administrador del Área Nacional de Recreación Isla Santay e Isla Gallo, por su colaboración y apertura para el desarrollo de esta experiencia de educación ambiental comunitaria.

De igual manera, se reconoce el importante apoyo brindado por la Sra. Elsita Rodríguez y la comunidad organizada de ASOSERTU-Santay, cuya colaboración permitió desarrollar las actividades en la Casa Comunal y fortalecer el carácter comunitario del curso.

Mucho más que un curso vacacional

“Pequeños Guardianes del Humedal” dejó una enseñanza importante: proteger un humedal no empieza únicamente con normas o infraestructura. También comienza cuando un niño aprende a valorar el lugar donde vive y descubre que su territorio tiene historia, biodiversidad, cultura, comunidad y futuro.


En un contexto donde la niñez y juventud de Santay necesitan más oportunidades educativas, culturales y recreativas, experiencias como esta ayudan a fortalecer la autoestima territorial, el sentido de pertenencia y la conciencia ambiental de las nuevas generaciones.

La clausura del curso finalizó con la entrega de diplomas de participación en un ambiente de alegría, gratitud y esperanza, celebrando el compromiso de estos pequeños guardianes del humedal.

Porque sembrar conciencia en la infancia es también sembrar futuro para Santay.














06 mayo 2026

Santay: educar para conservar


Un humedal habitado requiere algo más que protección: exige educación, condiciones básicas y coherencia entre el discurso y la realidad.

La isla Santay es reconocida como un humedal de importancia internacional, un espacio donde la conservación de la biodiversidad convive con la vida de una comunidad que ha aprendido, por generaciones, a habitar su entorno. Este carácter de “humedal habitado” no es una debilidad del modelo, sino una de sus mayores fortalezas. Pero también plantea una responsabilidad que no siempre se asume con la misma claridad: la educación ambiental no puede ser un complemento, debe ser el eje.

En este contexto, resulta inevitable observar una contradicción que merece ser reflexionada. Mientras Santay es promovida como símbolo de sostenibilidad, su escuela ha enfrentado durante años la falta de acceso a electricidad y a conectividad a internet. No se trata únicamente de condiciones materiales; se trata de las herramientas mínimas para garantizar procesos educativos continuos, pertinentes y acordes con los desafíos actuales.

Vivir en un humedal exige más educación, no menos. Exige formar a niños y jóvenes que comprendan su territorio, que desarrollen capacidades para cuidarlo y, al mismo tiempo, para proyectarse hacia el mundo. Sin acceso a energía ni a conectividad, esa formación queda inevitablemente limitada desde su base.

En este mismo sentido, acciones valiosas como las mingas de recolección de residuos sólidos deben entenderse en su justa dimensión. La minga es, por naturaleza, un llamado de atención y una respuesta colectiva ante una necesidad urgente; no debería convertirse en una práctica permanente para sostener lo que debe ser parte de un cotidiano bien organizado. Educar no es conmemorar, es sostener procesos. La limpieza y el cuidado del entorno no pueden depender de jornadas aisladas, sino de hábitos, conocimientos y responsabilidades compartidas que se construyen día a día.

A ello se suma una oportunidad evidente: fortalecer el vínculo entre conservación y educación a través de los propios guardaparques. Su presencia constante en el territorio, su conocimiento directo del humedal y su cercanía con la comunidad los convierten en referentes naturales para niños y jóvenes, muchos de los cuales ya los ven como modelos a seguir. Incorporar, de manera planificada y con el debido respaldo institucional, espacios de participación de los guardaparques en procesos educativos podría generar beneficios mutuos: enriquecer la formación de los estudiantes y, al mismo tiempo, fortalecer el sentido de propósito y reconocimiento de quienes cuidan el área protegida.

Sin embargo, en Santay no faltan capacidades. Quienes hemos tenido la oportunidad de compartir con sus estudiantes sabemos que existe curiosidad, compromiso y un profundo sentido de pertenencia. Son jóvenes que no solo pueden ser beneficiarios de la conservación, sino actores clave en su sostenibilidad futura. La pregunta es si estamos creando las condiciones para que ese potencial se desarrolle plenamente.

La conservación de un humedal no puede limitarse a la protección de su entorno natural. Debe incluir, de manera coherente, el fortalecimiento de su tejido social y educativo. De lo contrario, corremos el riesgo de sostener un modelo que protege el paisaje, pero limita las oportunidades de quienes lo habitan.

Santay nos ofrece una oportunidad valiosa: demostrar que es posible construir un modelo de conservación donde naturaleza y comunidad avancen juntas. Para ello, la educación —con acceso real a energía, conectividad y contenidos pertinentes— no es un lujo, sino una condición indispensable.

José Delgado Mendoza
Gestor cultural y ambiental
Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-6-de-mayo-de-2026/

02 mayo 2026

Santay: acceso cerrado, oportunidad abierta


Sin acceso, Santay deja de ser destino y vuelve a ser lo que siempre ha sido: un territorio vivo que aún no entendemos del todo.

El cierre del acceso terrestre a la isla Santay, vigente desde noviembre de 2025, ha evidenciado la disminución del flujo de visitantes y ha vuelto a situar en el centro del debate la gestión de este espacio único frente a Guayaquil, en estrecha relación con Durán. Más allá de la incomodidad inmediata, esta situación revela una oportunidad poco frecuente: replantear el modelo bajo el cual Santay ha sido concebida y administrada.

Durante años, la isla ha sido promovida principalmente como un espacio de recreación. La ciclovía, convertida en símbolo de conexión con la ciudad, permitió acercar a miles de personas a un entorno natural excepcional. Sin embargo, también consolidó una mirada limitada: la de Santay como lugar de visita, más que como un territorio vivo, complejo y habitado. El cierre actual deja en evidencia esa fragilidad: cuando el acceso se interrumpe, la relación con la isla se debilita rápidamente, lo que sugiere que el vínculo construido ha dependido más de la infraestructura que de una comprensión profunda de su valor ecológico y social.

Santay no es únicamente un área protegida ni un destino turístico. Es un humedal habitado, donde coexisten procesos ecológicos de alto valor con una comunidad que ha tejido, durante décadas, su vida en estrecha relación con el entorno. En este contexto, el acceso no debe entenderse solo como un asunto de infraestructura, sino como un tema de gobernanza. ¿Qué tipo de relación queremos construir entre la ciudad y la isla? ¿Una basada en visitas esporádicas o en el reconocimiento de un territorio socioambiental que requiere cuidado, conocimiento y corresponsabilidad?

El momento actual debería impulsar una reflexión más amplia. La reapertura, cuando ocurra, no puede limitarse a restablecer lo que existía, sino que debe convertirse en una oportunidad para mejorar el modelo: integrar de manera efectiva a la comunidad, fortalecer la educación ambiental y redefinir el rol de Santay dentro del sistema urbano y ecológico de Guayaquil y Durán. En este proceso, resulta fundamental que el Ministerio del Ambiente y Energía del Ecuador informe de manera clara y oportuna sobre las causas del cierre, el estado real de la infraestructura y los plazos previstos para su recuperación, ya que la transparencia no solo genera confianza, sino que permite construir una respuesta colectiva mejor orientada.

Porque este cierre deja claro que el problema no es solo cómo llegar a Santay, sino cómo entenderla. Santay sigue allí: viva, habitada y vigente. La decisión pendiente no es técnica, es colectiva.

José Delgado Mendoza
Gestor cultural y ambiental
Director del Observatorio de Santay

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30 abril 2026

Agua y vida: aprender desde el humedal

 Semana 3 del Curso Vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”

25, 26 y 27 de abril de 2026

En Santay, el agua no es un concepto: es el entorno que sostiene la vida cotidiana. Durante la tercera semana del curso vacacional Pequeños Guardianes del Humedal, niñas y niños de la comunidad se acercaron a comprender una verdad esencial: el agua es la base del equilibrio del humedal y de la vida que lo habita.
Actualmente, el Observatorio de Santay se encuentra en etapa de mantenimiento, por lo que las actividades del curso se están desarrollando en la Casa Comunal de la comunidad, espacio facilitado por la Asociación de Servicios Turísticos ASOSERTU–Santay. Lejos de ser una limitación, esta situación ha fortalecido el vínculo directo con la comunidad, integrando aún más el proceso educativo al territorio.

Mirar el territorio con otros ojos

Las actividades de esta semana se centraron en algo fundamental: observar y entender el entorno inmediato.

Desde los espacios comunitarios y su relación directa con el estero, los niños pudieron reconocer cómo el agua está presente en todo:

  • en el suelo húmedo
  • en la vegetación
  • en los espacios donde habitan los animales
  • en los cambios visibles del paisaje

Este ejercicio, aparentemente simple, tiene un efecto profundo: transforma la forma en que los niños perciben su propio territorio.

El guardaparque: conocimiento desde la experiencia

El momento central de la semana fue la charla brindada por los guardaparques Jonathan Coronel y Stalyn Roldán, del Área Protegida Isla Santay. 

Desde su experiencia directa en el territorio, explicaron a los participantes:

  • la relación entre el agua y la fauna del humedal
  • por qué el agua es el hogar de muchas especies
  • cómo su calidad influye en la supervivencia de los animales
  • y qué sucede cuando ese equilibrio se ve afectado


No fue una clase teórica. Fue un conocimiento vivo, transmitido por quienes observan y protegen el humedal todos los días.

Este tipo de interacción es clave, porque conecta a los niños con figuras reales de cuidado del territorio y refuerza una idea esencial:
proteger el humedal es una responsabilidad compartida.


Santi como guía: aprender jugando y creando

El componente educativo se reforzó a través de una actividad cercana y significativa:
el coloreado de afiches educativos con Santi, el Guardián del Humedal.

A través de estas láminas, los niños trabajaron mensajes claros:

  • el agua como hogar de la fauna
  • la conexión entre todos los elementos del humedal
  • pequeñas acciones para cuidar el agua

Santi no es solo un personaje. Es una herramienta pedagógica que permite traducir conceptos complejos en mensajes comprensibles y cercanos.

Y aquí hay algo que vale la pena destacar:
cuando un niño colorea, no solo juega… internaliza el mensaje.

Educar desde el territorio, para el territorio

Esta semana no se trató de grandes montajes ni de actividades complejas.
Y eso está bien.

Porque lo esencial ocurrió:


los niños escucharon, observaron y comprendieron mejor el lugar donde viven.


En un humedal habitado como Santay, la educación ambiental no puede ser externa ni desconectada. Tiene que nacer desde el territorio, desde sus actores, desde su realidad.




Y en ese camino, cada paso cuenta.














21 abril 2026

Santay: más que un área protegida


Pensar en la isla solo como un espacio natural limita la comprensión de su verdadera complejidad. Santay es un territorio habitado, y esa condición cambia su gestión.

Durante años, la Isla Santay ha sido vista como un símbolo de conservación. Es un humedal de importancia internacional, un área protegida frente a una de las principales ciudades del país, y un refugio de biodiversidad en medio del estuario del Guayas. Todo eso es cierto, pero también es incompleto. Santay no es solo un ecosistema; es, primero que nada, un territorio vivido.

En Santay vive una comunidad. Familias que han construido su vida en relación con el río, el manglar y los ciclos naturales del humedal. Esta presencia no es reciente ni marginal; es parte fundamental del territorio. Sin embargo, a menudo las formas de pensar y gestionar la isla tienden a ignorar esta dimensión, como si la conservación exigiera separar la naturaleza y la sociedad.

Ese es, quizás, uno de los principales desafíos conceptuales que enfrenta Santay: superar la idea de que proteger implica aislar. En la práctica, la isla nos enseña lo contrario. Aquí, no se puede entender la conservación sin la comunidad, y la comunidad no puede prosperar sin el ecosistema que la sostiene. Es en esa interdependencia donde residen su valor y su complejidad.

Hablar de Santay como un humedal habitado no es solo una frase. Es una forma diferente de entender el territorio y, por tanto, de gestionarlo. Implica reconocer que en este espacio se tiene unas dimensiones ecológicas, sociales, culturales y económicas que no pueden abordarse por separado. También implica aceptar que las decisiones no pueden tomarse solo desde criterios técnicos o administrativos, sino que deben incluir la experiencia de quienes viven y conocen el lugar desde dentro.

Durante décadas, en Santay se han formado procesos que muchas veces no son visibles desde afuera. Estas incluyen prácticas de adaptación al entorno, formas de organización comunitaria, iniciativas de educación ambiental y vínculos con instituciones y actores externos. Este conocimiento acumulado es un recurso fundamental. Ignorarlo empobrece la gestión y la hace menos efectiva.

El desafío, entonces, no es pequeño. Se trata de revisar los enfoques tradicionales de manejo de áreas protegidas y avanzar hacia modelos más completos. La comunidad no debe verse como un elemento a controlar o integrar de manera superficial; debe ser un actor central en la construcción del territorio. También se debe repensar las herramientas de planificación, los métodos de participación y cómo se conectan las políticas públicas con las realidades locales.

Santay tiene una particularidad que debe verse como una oportunidad: su cercanía con la ciudad. Esta proximidad la convierte en un lugar ideal para la educación ambiental, para el encuentro entre lo urbano y lo natural, y para crear una ciudadanía más consciente de su entorno. Pero esta potencialidad solo puede desarrollarse completamente si se reconoce la complejidad del territorio y se actúa en consecuencia.

Reducir Santay a una categoría administrativa o a un destino turístico es perder de vista su dimensión más profunda. Es ignorar que es un territorio donde se cruzan historias, prácticas y expectativas que no pueden simplificarse. Limitarlo es restringir las posibilidades de tener una gestión verdaderamente sostenible.

Pensar en Santay como un humedal habitado no soluciona automáticamente sus problemas, pero sí ayuda a formular mejor las preguntas. ¿Cómo equilibrar la conservación y el desarrollo comunitario? ¿Cómo crear políticas que reconozcan la diversidad de actores? ¿Cómo asegurarse de que las decisiones reflejen la complejidad del territorio y no solo una parte de ella?

Responder a estas preguntas requiere más que normas o infraestructura. Requiere una mirada diferente. Una que entienda que en ciertos territorios la naturaleza y la sociedad no se oponen, sino que coexisten en una relación dinámica que debe ser comprendida antes que regulada. Santay es uno de esos territorios. Reconocerlo como tal es el primer paso para estar a la altura de su realidad.

José Delgado Mendoza,
Gestor cultural y ambiental,
Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-22-de-abril-de-2026/

Día de la Tierra en Santay: Segunda semana del Curso Vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”

Isla Santay, 21 de abril de 2026


En el marco del Día de la Tierra, este 21 de abril se presenta como una valiosa oportunidad para reafirmar el compromiso de Santi, el guardián del humedal, y de todos los participantes del curso vacacional Pequeños Guardianes del Humedal, con el cuidado y la protección de la isla Santay.

La segunda semana del curso se desarrolló con una participación activa y entusiasta de niños y niñas de la comunidad, consolidando este espacio como un entorno de aprendizaje, convivencia y conexión directa con su territorio.


Bajo la organización y conducción de la tutora del curso, Fabiana Achiote, se llevaron a cabo diversas actividades educativas, recreativas y de sensibilización ambiental, promoviendo el trabajo en equipo, la creatividad y el fortalecimiento del sentido de pertenencia hacia el humedal.

Uno de los momentos más relevantes fue la charla sobre la fauna del humedal Santay, impartida por Iralda Cirino, del Programa de Manejo de Biodiversidad del Ministerio de Ambiente y Energía, a quien extendemos un especial agradecimiento por compartir sus conocimientos y acercar a los niños a la riqueza natural de su entorno.

Asimismo, esta semana contó con el valioso apoyo logístico de la guardaparque Diana Otero, así como de las pasantes Andreina Orellana y Belén Rodríguez, estudiantes de la Universidad Estatal de Milagro, cuyo compromiso y acompañamiento fueron fundamentales para el desarrollo de las actividades.

Un aspecto especialmente significativo fue la entrega de regalos y premios donados por la administración del Área Nacional de Recreación Isla Santay, los cuales generaron gran entusiasmo entre los niños y niñas, fortaleciendo su motivación y su vínculo positivo con las actividades y con el entorno protegido.

Las dinámicas desarrolladas —incluyendo juegos, actividades de pintura, espacios de intercambio y jornadas junto a los guardaparques— fueron altamente valoradas por los participantes, quienes destacaron especialmente la oportunidad de compartir, aprender y disfrutar en grupo. De manera recurrente, manifestaron su deseo de prolongar las jornadas, lo que evidencia el impacto positivo del curso en su bienestar y motivación.

En términos generales, esta segunda semana no solo fortaleció conocimientos sobre el humedal, sino que también reafirmó valores fundamentales como el respeto por la naturaleza, la convivencia y el compromiso con el cuidado de Santay como un verdadero humedal habitado.