26 septiembre 2026

La escuela Jaime Roldós del Humedal Santay celebra a sus abanderados y mejores estudiantes


Amy Achiote DomínguezEl viernes 25 de septiembre de 2026, la Escuela Jaime Roldós Aguilera de la Isla Santay realizó en los patios del plantel la ceremonia anual de Exaltación a la Bandera Nacional, una jornada cívica dedicada a reconocer el esfuerzo, la responsabilidad y el buen desempeño de sus estudiantes. estuvieron presentes  

Durante el acto fueron distinguidos los mejores estudiantes del período lectivo 2026-2027.
Amy Valentina Achiote Domínguez recibió la distinción de abanderada del Pabellón Nacional. Amy es además presidenta del Consejo Estudiantil y Niña Simón Bolívar 2026. 
Camila Ramirez Cruz
Iker Torres DominguezIker Alexander Torres Domínguez fue reconocido como portador de la bandera del cantón Durán;Por su parte, Camila Ramírez Cruz fue designada portadora del estandarte de la Escuela Jaime Roldós Aguilera.





Iker Torres Dominguez

Lisbeth Achiote Medina




La ceremonia también permitió reconocer a los estudiantes destacados de los distintos años de Educación General Básica, quienes recibieron diplomas por su dedicación y rendimiento académico.


Entre los asistentes estuvo Evelyn Domínguez Domínguez, presidenta de los padres de familia y exalumna de la institución.

Su presencia tuvo un significado especial, al representar la continuidad entre quienes se formaron en la escuela y las nuevas generaciones que hoy estudian en ella.


El acto estuvo a cargo de la directora de la institución, Lcda. Ena Gomero, y del Lcdo. Fernando Vega Mendoza, docentes del plantel quienes acompañaron a los estudiantes y sus familias durante esta importante celebración.

En una comunidad como Santay, la escuela cumple un papel que va mucho más allá de las aulas. Es un espacio de formación, encuentro y transmisión de valores. La Exaltación a la Bandera Nacional recuerda que el esfuerzo de cada estudiante también forma parte de la historia y del futuro de la isla.

Desde Santay, la bandera ecuatoriana vuelve así a representar no solo la identidad nacional, sino también el compromiso de una pequeña comunidad que continúa apostando por la educación de sus niños y jóvenes.


Camila Ramírez CruzAna Paula Moreira Reina




16 septiembre 2026

Cooperación internacional y realidades locales

La cooperación internacional puede representar una extraordinaria oportunidad para territorios como Santay. Existen organismos, fondos, programas y organizaciones dispuestos a apoyar iniciativas ambientales, sociales y comunitarias. Pero existe una pregunta que pocas veces hacemos: ¿qué ocurre cuando esa cooperación permanece en sus escritorios esperando propuestas que nunca llegan?

Muchos mecanismos funcionan a partir de proyectos presentados por ministerios, municipios u otras instituciones. ¿Pero qué sucede cuando no existe un expediente preparado para Santay, cuando nadie ha formulado el proyecto necesario o cuando, sencillamente, la isla no figura entre las prioridades? Puede darse entonces una paradoja: existe la necesidad, puede incluso existir el financiamiento, pero no existe el puente institucional que permita encontrarlos.

Y Santay continúa esperando.

También hemos visto intervenciones que reducen la isla a una sola dimensión. Santay aparece como un lugar donde sembrar manglar, desarrollar una investigación, ejecutar un proyecto ambiental o trasladar determinadas especies. Todo eso puede ser importante, pero Santay no es solamente manglar, fauna y paisaje. Santay es también una comunidad.

No basta con llegar, ejecutar una intervención y marcharse. La conservación necesita seguimiento, mantenimiento y responsabilidades que permanezcan después de la fotografía inaugural. Tampoco resulta justo calificar a una comunidad como poco colaboradora sin preguntarse primero si fue escuchada, si participó en las decisiones y si aquello que se le propone responde realmente a sus necesidades.

Quizás estoy soñando, pero sería interesante que los organismos internacionales que trabajan en Ecuador incorporaran alguna vez una prioridad muy sencilla: un humedal.

Un humedal con comunidad.

Un humedal con comunidad y con su acceso turístico cerrado desde hace más de nueve meses.

Un humedal con comunidad, con el acceso cerrado y con una escuela que lleva años sin electricidad ni internet.

Un humedal con una comunidad que debe transportar el agua hasta la isla y que paga posiblemente el agua potable más cara del Ecuador.

Un humedal que acumula todas esas dificultades y que, además, forma parte de un área protegida cuya administración institucional está en Guayaquil, a pocos kilómetros de distancia.

Quizás así puedan encontrar San Jacinto de Santay.

No se trata de pedir que la cooperación internacional sustituya al Estado ni de esperar que resuelva por sí sola los problemas de la isla. También existen otras vías que podrían explorarse con mayor decisión. Los municipios y las prefecturas, a través de la cooperación descentralizada, pueden establecer alianzas con gobiernos locales y regionales de otros países, universidades, fundaciones y redes internacionales para desarrollar proyectos concretos en territorios como Santay. No todo debe depender de que una propuesta llegue desde un ministerio o de que una gran agencia internacional decida incluir a la isla entre sus prioridades.

La cooperación descentralizada podría ser especialmente útil porque permite acercar las decisiones al territorio, trabajar sobre necesidades muy concretas y construir relaciones de largo plazo entre instituciones que enfrentan desafíos similares: gestión de humedales, agua, movilidad, educación, turismo sostenible, adaptación climática o fortalecimiento comunitario.

Tal vez sea necesario invertir la lógica. En lugar de esperar siempre que Santay llegue con un expediente perfectamente formulado hasta los escritorios de la cooperación, podríamos preguntarnos cuántos organismos, municipios, prefecturas y entidades de cooperación se han acercado alguna vez a la isla para decir simplemente: ¿qué necesitan, ¿qué pueden aportar ustedes y qué podemos construir juntos?

Porque la cooperación verdadera comienza cuando deja de esperar que la realidad llegue hasta el escritorio y decide salir a buscarla.

Fotos: Arturo Morales, Cafeina

12 septiembre 2026

Presentamos a la Niña Simón Bolívar 2026: Amy Valentina Achiote Domínguez

Desde hace trece años, la representación infantil del Libertador Simón Bolívar forma parte de una tradición que acerca la historia a las nuevas generaciones de la isla Santay. En 2026, este honor corresponde a Amy Valentina Achiote Domínguez, escogida también como reconocimiento a sus buenas calificaciones y dedicación escolar.

Amy nació el 12 de febrero de 2015 en la isla Santay, Guayaquil. Tiene 11 años y es hija de Mario Achiote Domínguez y Elizabeth Domínguez Villanueva.

Es una niña alegre, carismática y llena de energía. Le gusta jugar a la pelota, bailar y cantar, actividades mediante las cuales expresa su entusiasmo, espontaneidad y amor por compartir con los demás.

También disfruta acompañar a las personas que participan en retiros religiosos. Esta experiencia le permite aprender, colaborar y vivir momentos significativos junto a quienes la rodean.

El sábado 17 de octubre de 2026, Amy asumirá oficialmente la representación infantil del Libertador durante la tradicional recreación histórica “Bolívar vuelve a Santay”. Con ella continuará una iniciativa que, durante trece años, ha permitido que los niños y niñas de la comunidad conozcan y mantengan viva la memoria de la presencia de Simón Bolívar en la isla.

Con su alegría, responsabilidad y entusiasmo, Amy va construyendo día a día su propia historia. En esta ocasión llevará consigo el cariño de su familia, el reconocimiento de su escuela y el orgullo de representar a los niños y niñas de la hermosa isla Santay.

¡Felicitaciones, Amy Valentina, Niña Simón Bolívar 2026!

08 septiembre 2026

Observatorio de Santay: resistir, adaptarse y continuar

Han transcurrido ya 291 días desde el cierre del acceso turístico a la isla Santay. Para una comunidad cuya economía depende en buena medida de sus visitantes, casi diez meses de aislamiento tienen consecuencias profundas. Para el Observatorio de Santay, nuestro pequeño centro de educación de humedales sobre el río Guayas, ha significado también uno de los periodos más difíciles desde su creación. Pero el cierre del acceso no ha significado cerrar el Observatorio.

Durante estos meses hemos trabajado en el mantenimiento y recuperación de nuestra infraestructura flotante: lijado, pintura, reparaciones, refuerzos estructurales, mejoras en la plataforma de conexión con el muelle y recuperación de nuestra embarcación Ligia María. Mantener una instalación sobre el río exige atención permanente frente al sol, la humedad, la lluvia y la propia dinámica del Guayas. A ello se suma ahora un desafío mayor: El Niño ya no es una amenaza futura, sino una realidad que obliga a prepararnos para condiciones ambientales cada vez más exigentes.

Mientras reparábamos, también investigábamos. Estamos preparando una nueva exposición dedicada a José María Roura Oxandaberro, artista catalán vinculado con Ecuador, Guayaquil, el río Guayas y Santay. Su investigación nos ha llevado a archivos, periódicos, fotografías, publicaciones y obras dispersas, con el propósito de recuperar no solo la memoria de un artista, sino también una parte de la historia cultural del río y de la isla.

En este periodo hemos comprobado nuevamente la importancia de no trabajar solos. El Observatorio forma parte de Wetland Link International (WLI), una red que conecta centros de educación de humedales de distintos países y nos permite intercambiar experiencias, conocer soluciones y aprender de realidades diferentes. Haber recibido dos Wetland Stars de WLI, por nuestras personas y nuestras instalaciones, ha sido un estímulo importante, pero aún más valioso es poder mantener ese intercambio con otros centros que enfrentan desafíos similares en educación, participación comunitaria, sostenibilidad y adaptación climática.

Estos 291 días no han sido solamente días sin visitantes. Han sido meses de reparación, investigación, preparación de una nueva exposición, búsqueda de alianzas, intercambio internacional y adaptación frente a nuevos desafíos.

Esperamos que Santay vuelva pronto a recibir visitantes. Cuando ese momento llegue, queremos que encuentren un Observatorio renovado, nuevas historias que descubrir y el mismo compromiso con el que comenzamos hace cuatro años. Porque mantener vivo un centro de educación de humedales también significa resistir, adaptarse y continuar.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-8-de-septiembre-de-2026/

31 agosto 2026

Los cocodrilos de Santay

En junio de 2006, doce cocodrilos de la Costa llegaron a la isla Santay para formar parte de una estación de investigación y conservación. Su presencia estuvo acompañada de un proceso de educación ambiental dirigido a la comunidad, con el propósito de comprender mejor la importancia de esta especie y aprender a convivir con ella.


Aquellos animales, nacidos y criados en cautiverio, procedían principalmente del Parque Histórico de Guayaquil y de la provincia de Esmeraldas. Con el paso del tiempo, la cocodrilera se convirtió en uno de los lugares más conocidos de la isla y en una referencia para sus visitantes.

Pero los cocodrilos de Santay no deben ser vistos únicamente como una atracción turística. Son cocodrilos de la Costa, una especie estrechamente relacionada con los humedales, manglares, esteros y lagunas costeras. Su protección debe formar parte de una responsabilidad permanente.

Su historia en Santay también está unida a la comunidad. Durante años, pobladores de la isla asumieron su cuidado cotidiano, aprendieron a manejarlos y contribuyeron a que estos animales crecieran bajo vigilancia. Esa relación demuestra que la conservación no depende solamente de instalaciones o decisiones institucionales: también necesita personas comprometidas, conocimiento local, recursos y continuidad.

Por eso, quienes tuvieron la iniciativa de llevar estos cocodrilos a Santay, así como las instituciones que respaldaron aquel proyecto, deberían mantener el interés y la responsabilidad de conocer periódicamente cuál es su situación: si reciben una alimentación adecuada, si cuentan con atención veterinaria, si su espacio reúne las condiciones necesarias y si están siendo tratados correctamente.

Llevar una especie a un lugar para convertirla en parte de un proyecto de conservación no puede ser una decisión que termine con su traslado o con la inauguración de una instalación. Esa responsabilidad debe mantenerse durante toda la vida de los animales.

Hoy, los cocodrilos forman parte de la identidad de Santay. Junto con el manglar, se han convertido en uno de los elementos más representativos de la isla para sus pobladores y visitantes.

Protegerlos significa mucho más que alimentarlos o mantener en buen estado la cocodrilera. Significa garantizar manejo técnico, atención veterinaria, seguridad, educación ambiental y condiciones dignas para su permanencia. También significa recuperar su historia y enseñarla correctamente a los niños, visitantes y futuras generaciones.

Santay ha cuidado durante veinte años a estos animales. Es justo que quienes promovieron su llegada no pierdan contacto con ellos y se preocupen por saber cómo están y qué necesitan.

Proteger a los cocodrilos de Santay es también proteger la memoria, la identidad y la naturaleza de la isla.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. : https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-30-de-agosto-de-2026/

16 agosto 2026

Santay necesita más que visibilidad


Durante los últimos años, el Observatorio de Santay ha procurado mantener los ojos puestos sobre la isla mediante exposiciones, actividades educativas, recuperación de su memoria y un trabajo permanente con la escuela, los guardaparques y la comunidad.

En los próximos días llegaremos a nuestra vigésima exposición. Es un logro importante para un pequeño espacio cultural levantado en medio de un humedal y sostenido con muchas limitaciones. Pero también debemos reconocer algo: hacer visible a Santay no es suficiente.

Una exposición puede despertar interés, una fotografía puede recorrer las redes y una actividad puede reunir por algunas horas a niños, docentes, visitantes y pobladores. Sin embargo, la comunidad necesita mucho más que momentos de atención. Necesita acompañamiento constante, organizaciones activas y autoridades capaces de transformar esa visibilidad en respuestas concretas.

Santay continúa enfrentando dificultades de acceso, movilidad, servicios básicos, educación, conectividad y oportunidades económicas. Su población no puede permanecer sola reclamando aquello que le corresponde, mientras las instituciones y organizaciones que deberían acompañarla aparecen únicamente en determinados momentos.

El Observatorio seguirá cumpliendo su misión cultural y educativa. Continuará organizando exposiciones, trabajando con la escuela, conservando la memoria de la isla y buscando que el público vuelva a acercarse a este humedal. Pero el Observatorio no puede ni debe reemplazar el trabajo de las organizaciones sociales, de las instituciones públicas ni de quienes tienen responsabilidades directas con la comunidad.

Santay necesita una sociedad organizada que escuche, proponga, participe y acompañe. Necesita que la atención generada por sus paisajes, su biodiversidad y su historia se traduzca también en mejores condiciones para quienes viven allí y han contribuido durante generaciones a conservarla.


Hemos logrado que muchas personas vuelvan a mirar hacia Santay. El desafío ahora es que no se limiten a observarla, sino que también decidan actuar por ella.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-14-de-agosto-de-2026/