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18 junio 2026

La escuela y la transformación de Santay

En la Isla Santay, la escuela nunca ha sido únicamente un lugar para recibir clases. Desde hace generaciones, la educación ha representado para la comunidad una esperanza de transformación y permanencia dentro del humedal.

La escuela comunitaria de Santay comenzó a funcionar alrededor del año 2000. Su creación marcó un momento importante en la historia social de la isla, porque durante gran parte del siglo XX la vida de sus habitantes estuvo vinculada principalmente al trabajo hacendario, la ganadería, la agricultura y las dinámicas propias del río.

Eso también plantea una reflexión histórica profunda: ¿cómo fue posible que durante décadas generaciones enteras de trabajadores ribereños y sus familias crecieran con acceso limitado o inexistente a educación formal dentro de la isla?

Como ocurrió en muchas zonas rurales y haciendas del Ecuador, gran parte del aprendizaje cotidiano se transmitía entonces desde la experiencia familiar y comunitaria. Los habitantes aprendían navegación, manejo del ganado, agricultura, pesca, conocimiento de las mareas y adaptación al humedal mucho antes de que existiera una infraestructura educativa permanente en el territorio.

La aparición de la escuela representó así mucho más que la construcción de un aula. Significó el paso desde una comunidad marcada principalmente por dinámicas de trabajo rural y ribereño hacia una nueva etapa donde la educación comenzó a ocupar un lugar central en las aspiraciones de las familias de Santay.

A pesar de las dificultades propias del humedal —mareas, humedad, ambiente salino y problemas de acceso— la escuela se convirtió en uno de los principales símbolos de unidad y futuro para la comunidad.

Con los años, este espacio también acogió actividades culturales, talleres ambientales y procesos de fortalecimiento de identidad territorial. Allí, los niños de Santay no solamente aprenden contenidos escolares; también crecen comprendiendo el valor ambiental, histórico y humano del lugar donde viven.

Hoy, cuando gran parte de la educación depende de herramientas digitales y conectividad, resulta inevitable recordar el compromiso anunciado el año pasado de dotar de electricidad e internet a la escuela de Santay. Cumplir esa promesa significaría mucho más que incorporar infraestructura tecnológica: representaría una señal concreta de apoyo a los niños y jóvenes que estudian dentro del humedal.

La escuela se encuentra a menos de 800 metros de Guayaquil, pero muchas veces parece permanecer demasiado lejos de las prioridades institucionales. Llevar electricidad e internet a este espacio educativo sería también reconocer que las comunidades que habitan territorios protegidos merecen acceder a oportunidades en condiciones dignas, sin que su ubicación geográfica se convierta en una forma de exclusión.

Pensar el futuro de Santay implica igualmente pensar en el futuro de su escuela. Porque educar en un humedal habitado significa también cuidar a las nuevas generaciones que darán continuidad a la vida comunitaria y ambiental de la isla.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-18-de-junio-de-2026/

24 enero 2023

Comunidad de Santay pide ayuda a las autoridades


Foto: Miguel Canales León para el EXPRESO

Como una historia que nunca termina, los pobladores vuelven a pedir ayuda a las instituciones encargadas de su bienestar: Ministerios, Municipios y hasta Ongs que trabajan en Areas protegidas,  a fin de lograr ser escuchados en sus demandas,

Esta vez periodistas de Diario Expreso pasaron una noche en la isla con la finalidad de escuchar sus pedidos y verificar directamente lo que sucede.

Con este reportaje uno puede hacerse una idea de las calamidades que atraviesa la comunidad de San Jacinto de Santay.

El fracaso del proyecto de la planta de agua potable instalada en 2011 ha vuelto a ponerlos en la situación de hace 40 años cuando para poder contar con el liquido vital debían tomar sus canoas y comprar el agua en el mercado Caraguay o en el Mercado Sur, ahora inexistente.

Ese proyecto fracasado del cual no podían ni quejarse, porque las autoridades presentes en la isla amenazaban con sancionar a los pobladores que osaban informar que la famosa planta millonaria funcionó unos días y nada más, pero que había que decir que si, que todo estaba bien en Santay.  Incluso los pobladores no tenían el derecho de acercarse a visitas importantes, únicamente el administrador de la isla, quien les hacia el recorrido oficial impidiendo cualquier conversación con la comunidad. Sin agua potable, prohibidos hasta de secar sus ropas al sol, prohibidos de poner sus tanques de plástico para acarrear agua afuera de sus casas transcurría la vida de los santayenses.

Hoy liberada de esas amenazas, Elsa Rodriguez lo dice claramente, aquí no hay agua desde hace 20 años, y es que es imposible tapar el sol con un dedo.


La población de Santay vive dentro de una Area Protegida en viviendas prestadas, sin energía eléctrica y sin agua, hay un incumplimiento de las instituciones del Estado al contrato de comodato de esas viviendas.

El mismo municipio de Guayaquil realizó un recorrido en 2020 prometiendo recuperar la planta o brindar otra opción para que Santay y sus 72 familias ubicadas en 56 casas tengan acceso al Agua Potable

Seguimos atentos a las declaraciones de las autoridades y a las promesas electorales de los candidatos a las alcaldías de Guayaquil y Duran, con respecto a Santay.