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07 abril 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: sembrando futuro desde Santay


“Pequeños Guardianes del Humedal” es, en esencia, una apuesta a largo plazo.




En la Isla Santay, donde el río y la vida se entrelazan cada día, está ocurriendo algo profundamente esperanzador: niños y jóvenes de la comunidad están descubriendo, con sus propias manos y miradas, el valor de su territorio.


El curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, impulsado por el Observatorio de Santay, no es solo una actividad recreativa. Es una experiencia formativa que busca despertar conciencia, identidad y compromiso con este humedal vivo y habitado.

🐾 Aprender desde el territorio

A través de dinámicas participativas, recorridos, juegos y actividades creativas, los niños se acercan a los elementos esenciales de Santay:

  • El agua, como fuente de vida
  • La fauna, como riqueza que debemos proteger
  • El territorio, como espacio compartido entre naturaleza y comunidad



Y en medio de esta aventura aparece Santi, el oso hormiguero de Santay, quien se ha convertido en el guía simbólico del programa. A través de él, los niños conectan con mensajes clave sobre el cuidado del humedal, pero también con algo más profundo: el orgullo de pertenecer a este lugar.

🎓Aprender Haciendo

El enfoque del curso es claro: aprender haciendo.

Cada fin de semana se desarrollan actividades prácticas cuyos resultados son presentados y compartidos los días lunes. Esto no solo refuerza el aprendizaje, sino que permite a los niños expresarse, reflexionar y construir conocimiento desde su propia experiencia.

Aquí no hay espectadores. Todos son protagonistas.




🤝 Una iniciativa con raíces comunitarias

El curso cuenta con el valioso apoyo de los guardaparques del Área Nacional de Recreación Isla Santay, así como con la tutoría de Fabiana Achiote, maestra comunitaria de la escuela de la isla.

Esta articulación entre comunidad, educación y conservación refleja justamente lo que Santay necesita: procesos construidos desde dentro, con su gente, para su futuro.

🌱 Más que un curso, una siembra

Porque cuidar Santay no empieza con grandes proyectos, sino con pequeñas acciones… con niños que entienden su entorno, que lo valoran y que, poco a poco, se convierten en sus mejores defensores.

Desde el Observatorio de Santay creemos firmemente en esto:
no hay conservación posible sin comunidad, y no hay comunidad sostenible sin educación.

Hoy, en cada dibujo, en cada recorrido, en cada historia compartida, se está sembrando algo que va mucho más allá de un curso vacacional.

Se está sembrando futuro.














24 diciembre 2025

Navidad en el Humedal Santay: cuando la memoria nos vuelve a reunir





La última exposición presentada en el Observatorio de Santay, “Navidad en el Humedal Santay: recuerdos que nos unen”, fue mucho más que una muestra fotográfica. Se convirtió en un espacio de encuentro con la memoria comunitaria, donde el pasado reciente volvió a hacerse presente a través de imágenes, gestos y emociones compartidas.

A partir de una selección de fotografías de las Navidades vividas en Santay durante los últimos 25 años, especialmente aquellas vinculadas a la escuela Jaime Roldós, la exposición invitó a mirar atrás para reconocernos en lo que somos hoy. 

La memoria como objetivo

Uno de los objetivos fundamentales del Observatorio de Santay es difundir y promover la memoria comunitaria como parte esencial del cuidado del humedal y de la identidad de la isla. Esta exposición permitió materializar ese objetivo de forma sencilla y profunda: poner las imágenes al alcance de la comunidad y dejar que la memoria haga su trabajo. 


Las fotografías no explicaban, sugerían. No imponían un relato, abrían preguntas.

Curiosidad, risas y reconocimiento

Durante el recorrido, niños y jóvenes se detuvieron frente a las imágenes buscando reconocer rostros familiares: padres, madres, abuelos, hermanos, maestros, vecinos. Las miradas atentas dieron paso a las risas, a la sorpresa y al comentario espontáneo:

“Ese es mi papá.”
“Mira, ahí está mi abuela.”

En ese ejercicio simple y natural, la exposición logró despertar la curiosidad y, con ella, generar un sentimiento de pertenencia. Reconocerse en una fotografía antigua es también reconocerse como parte de una historia común.




La escuela como corazón de la isla

La escuela Jaime Roldós apareció una y otra vez en las imágenes: como espacio físico, como lugar de celebración y como punto de encuentro entre generaciones. Las Navidades en Santay, sencillas y compartidas, revelaron el papel central de la escuela en la construcción de comunidad y memoria.




El Observatorio como espacio vivo

Esta exposición reafirmó al Observatorio de Santay como un espacio vivo, donde la cultura, la educación y la memoria dialogan con el humedal y con quienes lo habitan. Más que mostrar fotografías, el Observatorio activó recuerdos, provocó conversaciones y fortaleció vínculos.

Recordar para pertenecer

La experiencia dejó una certeza clara: la memoria no es solo pasado, es una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Al recordar juntos, la comunidad de Santay reafirma su identidad y su relación con el territorio.

“Navidad en el Humedal Santay: recuerdos que nos unen” fue, en ese sentido, una invitación a mirarnos, reconocernos y seguir caminando juntos.


20 noviembre 2025

La Balsa Blanca y yo: una historia que permanece a flote


En tanto que ingeniero naval y apasionado por la historia del río Guayas y de la isla Santay, siempre he sentido una profunda atracción por las arquitecturas que nacen del agua. Quizás esa afinidad comenzó mucho antes de que yo pudiera explicarla, en mis años viviendo en Las Peñas, el barrio colonial de Guayaquil.

Allí, al borde mismo del río Guayas, respiraba un aire salino mezclado con historia y con las voces del manglar que se colaban por mis ventanas. Ese entorno me enseñó que el río no es solo paisaje: es memoria, cultura y biografía.

En ese universo fluvial, ninguna estructura me tocó tanto como la Balsa Blanca, memoria emblemática del sistema Guayas–Babahoyo.

La Balsa Blanca: memoria flotante del Babahoyo

Durante más de un siglo, la Balsa Blanca fue uno de los símbolos más queridos del río Babahoyo. Construida hacia finales del siglo XIX, esta casa flotante de dos pisos se convirtió en el primer hotel de Babahoyo, refugio de viajeros, comerciantes y familias que vivían entre mareas y corrientes.
Su arquitectura de madera, sus 120 m² y su vida cotidiana sobre el agua la transformaron en una postal viva de la identidad anfibia de Los Ríos.

Pero es importante recordar que las casas flotantes no fueron exclusivas de Babahoyo

.
En el Guayaquil de finales del siglo XIX, también existieron estas viviendas modestas y sencillas, levantadas sobre balsas o pontones, donde se alojaban comerciantes y trabajadores fluviales del cacao, café, frutas y maderas. Eran parte de una ciudad anfibia hoy casi olvidada.

La Balsa Blanca era más que una estructura: era una forma de habitar el río. Por eso su hundimiento en 2007 se vivió como un cierre de época.

Mi vínculo personal con la Balsa Blanca

La visité por primera vez en 1996, y quedé cautivado por su equilibrio poético: maderas que respiraban humedad histórica, pisos que guardaban el eco de mareas antiguas, una vida construida sobre el agua.
Desde entonces, se convirtió en un amor platónico, en una presencia persistente de mi memoria fluvial.

En 2005, pese a estar fuera del país, sentí el impulso de intentar salvarla. Cuando lo comenté, recibí una frase que me acompañó como un pequeño motor:
“Sí, ¿por qué no? dale.”
Con ese impulso envié a mi entrañable amigo Boris Loján Araujo a conversar y hacerle la propuesta a su dueña.
No aceptó.
Y cuando la Balsa Blanca se hundió en 2007, sentí que se iba con ella un fragmento esencial de nuestra memoria ribereña.

De la Balsa Blanca al Observatorio de Santay

A veces el río devuelve, en otra forma, lo que la vida se lleva.
Años más tarde se levantó el Observatorio de Santay, construido también sobre las aguas del río Babahoyo, en el mismo sistema de humedales donde la Balsa Blanca vivió más de un siglo.

Siempre he sentido que el Observatorio es, de algún modo, el tataranieto de la Balsa Blanca:
ambos nacen del agua, dialogan con la naturaleza anfibia y reconocen al río como hogar y horizonte.

La Balsa Blanca surgió de la tradición ribereña; el Observatorio lo hace desde la educación ambiental contemporánea.
Pero ambos comparten la misma raíz:
la certeza de que el agua también puede ser arquitectura.

Un deseo: contar la vida de la tatarabuela


Cada vez que hablo de la Balsa Blanca, siento que su historia sigue pidiendo un espacio.
Por eso, uno de mis deseos es poder dedicar en el Observatorio de Santay una exposición temporal a esta tatarabuela flotante:
su vida, sus habitantes, su belleza humilde, su lugar en la memoria del Guayas y el Babahoyo, y su inesperada descendencia en forma de aula flotante.

Sería un homenaje necesario a esa arquitectura ancestral que nos enseñó que vivir sobre el agua era, y sigue siendo, una forma de pertenecer al territorio.

Un patrimonio que inspira futuro


Recordar la Balsa Blanca no es un acto de nostalgia, sino de continuidad.
Es reconocer que el sistema Guayas–Babahoyo ha sido históricamente anfibio, que nuestra relación con el agua es antigua, cultural y viva.

Ese legado inspira lo que hoy hacemos desde el Observatorio de Santay:
mostrar que el humedal es espacio de vida, cultura y encuentro, y que la memoria que flota no se hunde: se transforma.

Desde las casas flotantes del siglo XIX hasta el Observatorio contemporáneo, las aguas del Guayas y Babahoyo siguen siendo escenario de historias que conectan, renacen y perduran.






18 noviembre 2025

El Observatorio de Santay recibe oficialmente sus Estrellas de los Humedales

Un homenaje al compromiso ambiental y comunitario en pleno corazón del humedal






El sábado 8 de noviembre se vivió una jornada profundamente emotiva en el Observatorio de Santay. En una ceremonia sencilla pero llena de simbolismo, se realizó la entrega oficial de las placas de las “Estrellas de los Humedales” otorgadas por la Red Mundial de Centros de Educación de Humedales (WLI – Wetland Link International) durante la COP15 de la Convención sobre los Humedales, celebrada este año en Victoria Falls, Zimbabue.

Las placas fueron entregadas por la Dirección del Área Nacional de Recreación Isla Santay, en representación del Ministerio de Ambiente y Energía del Ecuador, entidad que recibió los reconocimientos en julio pasado. Con este acto, los premios llegan finalmente al lugar donde pertenecen: el espacio flotante que ha logrado conectar educación ambiental, participación comunitaria y memoria histórica de un humedal vivo.

Un doble reconocimiento histórico

El Observatorio de Santay fue distinguido con dos Estrellas simultáneas, algo excepcional entre los centros educativos de humedales a nivel mundial:

  • Estrella “Personas”
    Por la creatividad, dedicación y compromiso del equipo humano, sus monitores locales, artistas, voluntarios y aliados comunitarios.

  • Estrella “Facilidades”
    Por ofrecer un espacio accesible, inspirador y educativo que permite a visitantes de todas las edades aprender sobre el humedal en contacto directo con el río, la biodiversidad y la historia de Santay.

Palabras desde la comunidad y la gestión ambiental

Durante la ceremonia, el Biólogo Andrés Morán Cedeño, jefe del Área Nacional de Recreación Isla Santay, destacó que el Observatorio “se ha convertido en un punto de referencia para la educación ambiental y un espacio donde la comunidad local participa activamente en la construcción de conocimiento y cultura”.

Por su parte, en un mensaje leído por el guardaparque John Bajaña, José Delgado Mendoza, director y fundador del Observatorio, recordó que este proyecto “nació del sueño de crear un puente entre la memoria de Santay y el futuro de su humedal”, y subrayó que las Estrellas “pertenecen a quienes, día a día, sostienen este espacio: los monitores locales, los voluntarios, los pobladores, los artistas, los aliados y todos quienes creen en la fuerza de Santay”.

Sonia Rodríguez en representación de Amigos de Santay exaltó la importancia del Observatorio como lugar de belleza y de armonía con la naturaleza donde se hace cultura desde el humedal, haciendo referencia a las 17 exposiciones realizadas en este espacio desde su creación en agosto del 2022, además de otras actividades ambientales y educativas.

Una celebración con arte, comunidad y río

En la ceremonia, jóvenes músicos ofrecieron una presentación artística, y los visitantes recorrieron la nueva exposición sobre cartografía histórica del humedal Santay, una muestra que revela cómo este ecosistema ha sido representado en mapas desde tiempos coloniales hasta la actualidad.

El ambiente fue festivo y comunitario: niños, familias, guardaparques, artistas, técnicos ambientales y aliados de Santay compartieron el orgullo de ver a su humedal reconocido internacionalmente.

Un compromiso que se fortalece


Con estas dos Estrellas, el Observatorio de Santay se posiciona como uno de los centros de educación de humedales más destacados del mundo, reafirmando su misión de:

  • fortalecer la educación ambiental en las comunidades locales,

  • promover la investigación y la memoria histórica,

  • y abrir un espacio de encuentro entre naturaleza, arte y sociedad.

El humedal Santay —uno de los ecosistemas más emblemáticos del estuario del río Guayas— encuentra en su Observatorio un lugar donde su historia, su biodiversidad y su gente se entrelazan para construir un futuro más sostenible.