Mostrando entradas con la etiqueta Observatorio de Santay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Observatorio de Santay. Mostrar todas las entradas

16 septiembre 2026

Cooperación internacional y realidades locales

La cooperación internacional puede representar una extraordinaria oportunidad para territorios como Santay. Existen organismos, fondos, programas y organizaciones dispuestos a apoyar iniciativas ambientales, sociales y comunitarias. Pero existe una pregunta que pocas veces hacemos: ¿qué ocurre cuando esa cooperación permanece en sus escritorios esperando propuestas que nunca llegan?

Muchos mecanismos funcionan a partir de proyectos presentados por ministerios, municipios u otras instituciones. ¿Pero qué sucede cuando no existe un expediente preparado para Santay, cuando nadie ha formulado el proyecto necesario o cuando, sencillamente, la isla no figura entre las prioridades? Puede darse entonces una paradoja: existe la necesidad, puede incluso existir el financiamiento, pero no existe el puente institucional que permita encontrarlos.

Y Santay continúa esperando.

También hemos visto intervenciones que reducen la isla a una sola dimensión. Santay aparece como un lugar donde sembrar manglar, desarrollar una investigación, ejecutar un proyecto ambiental o trasladar determinadas especies. Todo eso puede ser importante, pero Santay no es solamente manglar, fauna y paisaje. Santay es también una comunidad.

No basta con llegar, ejecutar una intervención y marcharse. La conservación necesita seguimiento, mantenimiento y responsabilidades que permanezcan después de la fotografía inaugural. Tampoco resulta justo calificar a una comunidad como poco colaboradora sin preguntarse primero si fue escuchada, si participó en las decisiones y si aquello que se le propone responde realmente a sus necesidades.

Quizás estoy soñando, pero sería interesante que los organismos internacionales que trabajan en Ecuador incorporaran alguna vez una prioridad muy sencilla: un humedal.

Un humedal con comunidad.

Un humedal con comunidad y con su acceso turístico cerrado desde hace más de nueve meses.

Un humedal con comunidad, con el acceso cerrado y con una escuela que lleva años sin electricidad ni internet.

Un humedal con una comunidad que debe transportar el agua hasta la isla y que paga posiblemente el agua potable más cara del Ecuador.

Un humedal que acumula todas esas dificultades y que, además, forma parte de un área protegida cuya administración institucional está en Guayaquil, a pocos kilómetros de distancia.

Quizás así puedan encontrar San Jacinto de Santay.

No se trata de pedir que la cooperación internacional sustituya al Estado ni de esperar que resuelva por sí sola los problemas de la isla. También existen otras vías que podrían explorarse con mayor decisión. Los municipios y las prefecturas, a través de la cooperación descentralizada, pueden establecer alianzas con gobiernos locales y regionales de otros países, universidades, fundaciones y redes internacionales para desarrollar proyectos concretos en territorios como Santay. No todo debe depender de que una propuesta llegue desde un ministerio o de que una gran agencia internacional decida incluir a la isla entre sus prioridades.

La cooperación descentralizada podría ser especialmente útil porque permite acercar las decisiones al territorio, trabajar sobre necesidades muy concretas y construir relaciones de largo plazo entre instituciones que enfrentan desafíos similares: gestión de humedales, agua, movilidad, educación, turismo sostenible, adaptación climática o fortalecimiento comunitario.

Tal vez sea necesario invertir la lógica. En lugar de esperar siempre que Santay llegue con un expediente perfectamente formulado hasta los escritorios de la cooperación, podríamos preguntarnos cuántos organismos, municipios, prefecturas y entidades de cooperación se han acercado alguna vez a la isla para decir simplemente: ¿qué necesitan, ¿qué pueden aportar ustedes y qué podemos construir juntos?

Porque la cooperación verdadera comienza cuando deja de esperar que la realidad llegue hasta el escritorio y decide salir a buscarla.

Fotos: Arturo Morales, Cafeina

12 septiembre 2026

Presentamos a la Niña Simón Bolívar 2026: Amy Valentina Achiote Domínguez

Desde hace trece años, la representación infantil del Libertador Simón Bolívar forma parte de una tradición que acerca la historia a las nuevas generaciones de la isla Santay. En 2026, este honor corresponde a Amy Valentina Achiote Domínguez, escogida también como reconocimiento a sus buenas calificaciones y dedicación escolar.

Amy nació el 12 de febrero de 2015 en la isla Santay, Guayaquil. Tiene 11 años y es hija de Mario Achiote Domínguez y Elizabeth Domínguez Villanueva.

Es una niña alegre, carismática y llena de energía. Le gusta jugar a la pelota, bailar y cantar, actividades mediante las cuales expresa su entusiasmo, espontaneidad y amor por compartir con los demás.

También disfruta acompañar a las personas que participan en retiros religiosos. Esta experiencia le permite aprender, colaborar y vivir momentos significativos junto a quienes la rodean.

El sábado 17 de octubre de 2026, Amy asumirá oficialmente la representación infantil del Libertador durante la tradicional recreación histórica “Bolívar vuelve a Santay”. Con ella continuará una iniciativa que, durante trece años, ha permitido que los niños y niñas de la comunidad conozcan y mantengan viva la memoria de la presencia de Simón Bolívar en la isla.

Con su alegría, responsabilidad y entusiasmo, Amy va construyendo día a día su propia historia. En esta ocasión llevará consigo el cariño de su familia, el reconocimiento de su escuela y el orgullo de representar a los niños y niñas de la hermosa isla Santay.

¡Felicitaciones, Amy Valentina, Niña Simón Bolívar 2026!

08 septiembre 2026

Observatorio de Santay: resistir, adaptarse y continuar

Han transcurrido ya 291 días desde el cierre del acceso turístico a la isla Santay. Para una comunidad cuya economía depende en buena medida de sus visitantes, casi diez meses de aislamiento tienen consecuencias profundas. Para el Observatorio de Santay, nuestro pequeño centro de educación de humedales sobre el río Guayas, ha significado también uno de los periodos más difíciles desde su creación. Pero el cierre del acceso no ha significado cerrar el Observatorio.

Durante estos meses hemos trabajado en el mantenimiento y recuperación de nuestra infraestructura flotante: lijado, pintura, reparaciones, refuerzos estructurales, mejoras en la plataforma de conexión con el muelle y recuperación de nuestra embarcación Ligia María. Mantener una instalación sobre el río exige atención permanente frente al sol, la humedad, la lluvia y la propia dinámica del Guayas. A ello se suma ahora un desafío mayor: El Niño ya no es una amenaza futura, sino una realidad que obliga a prepararnos para condiciones ambientales cada vez más exigentes.

Mientras reparábamos, también investigábamos. Estamos preparando una nueva exposición dedicada a José María Roura Oxandaberro, artista catalán vinculado con Ecuador, Guayaquil, el río Guayas y Santay. Su investigación nos ha llevado a archivos, periódicos, fotografías, publicaciones y obras dispersas, con el propósito de recuperar no solo la memoria de un artista, sino también una parte de la historia cultural del río y de la isla.

En este periodo hemos comprobado nuevamente la importancia de no trabajar solos. El Observatorio forma parte de Wetland Link International (WLI), una red que conecta centros de educación de humedales de distintos países y nos permite intercambiar experiencias, conocer soluciones y aprender de realidades diferentes. Haber recibido dos Wetland Stars de WLI, por nuestras personas y nuestras instalaciones, ha sido un estímulo importante, pero aún más valioso es poder mantener ese intercambio con otros centros que enfrentan desafíos similares en educación, participación comunitaria, sostenibilidad y adaptación climática.

Estos 291 días no han sido solamente días sin visitantes. Han sido meses de reparación, investigación, preparación de una nueva exposición, búsqueda de alianzas, intercambio internacional y adaptación frente a nuevos desafíos.

Esperamos que Santay vuelva pronto a recibir visitantes. Cuando ese momento llegue, queremos que encuentren un Observatorio renovado, nuevas historias que descubrir y el mismo compromiso con el que comenzamos hace cuatro años. Porque mantener vivo un centro de educación de humedales también significa resistir, adaptarse y continuar.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-8-de-septiembre-de-2026/

16 agosto 2026

Santay necesita más que visibilidad


Durante los últimos años, el Observatorio de Santay ha procurado mantener los ojos puestos sobre la isla mediante exposiciones, actividades educativas, recuperación de su memoria y un trabajo permanente con la escuela, los guardaparques y la comunidad.

En los próximos días llegaremos a nuestra vigésima exposición. Es un logro importante para un pequeño espacio cultural levantado en medio de un humedal y sostenido con muchas limitaciones. Pero también debemos reconocer algo: hacer visible a Santay no es suficiente.

Una exposición puede despertar interés, una fotografía puede recorrer las redes y una actividad puede reunir por algunas horas a niños, docentes, visitantes y pobladores. Sin embargo, la comunidad necesita mucho más que momentos de atención. Necesita acompañamiento constante, organizaciones activas y autoridades capaces de transformar esa visibilidad en respuestas concretas.

Santay continúa enfrentando dificultades de acceso, movilidad, servicios básicos, educación, conectividad y oportunidades económicas. Su población no puede permanecer sola reclamando aquello que le corresponde, mientras las instituciones y organizaciones que deberían acompañarla aparecen únicamente en determinados momentos.

El Observatorio seguirá cumpliendo su misión cultural y educativa. Continuará organizando exposiciones, trabajando con la escuela, conservando la memoria de la isla y buscando que el público vuelva a acercarse a este humedal. Pero el Observatorio no puede ni debe reemplazar el trabajo de las organizaciones sociales, de las instituciones públicas ni de quienes tienen responsabilidades directas con la comunidad.

Santay necesita una sociedad organizada que escuche, proponga, participe y acompañe. Necesita que la atención generada por sus paisajes, su biodiversidad y su historia se traduzca también en mejores condiciones para quienes viven allí y han contribuido durante generaciones a conservarla.


Hemos logrado que muchas personas vuelvan a mirar hacia Santay. El desafío ahora es que no se limiten a observarla, sino que también decidan actuar por ella.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-14-de-agosto-de-2026/

28 julio 2026

Santay también merece esa coherencia

Hace poco, una alta autoridad del Ecuador dijo una frase importante: “Galápagos demuestra que cuando un país protege su patrimonio natural también protege el bienestar de su gente”.

Me parece una frase muy valiosa. Porque recuerda algo esencial: la conservación no puede separarse de la vida de las personas. No se protege realmente un territorio si se deja de lado a quienes lo habitan, lo cuidan o dependen de él. Desde esa misma mirada, creo que vale la pena pensar también en la isla Santay.

Santay es patrimonio natural del Ecuador. Es un humedal Ramsar, un área protegida y, sobre todo, un territorio habitado. Allí vive una comunidad que, durante décadas, ha convivido con el río, el manglar, la pesca, la memoria fluvial y las posibilidades de un turismo comunitario responsable.

Por eso, cuando el acceso permanece cerrado, cuando la infraestructura se deteriora, cuando la movilidad diaria se vuelve cada vez más difícil, cuando la escuela y las actividades comunitarias enfrentan tantas limitaciones, no solo se afecta a un espacio natural.

Se afecta también a la gente. A las familias que viven allí. A los niños que estudian allí. A quienes han tratado de sostener, con mucho esfuerzo, una relación digna entre conservación, comunidad y trabajo. No se trata de comparar a Santay con Galápagos. Mucho menos de restar importancia al valor inmenso que tienen las islas para el Ecuador y para el mundo. Se trata, más bien, de que esa misma coherencia pueda llegar también a otros territorios protegidos del país.

Porque Santay también necesita atención. Necesita mantenimiento, seguridad, acompañamiento institucional y condiciones mínimas para que su comunidad pueda seguir viviendo con dignidad dentro de un área protegida. Santay no pide privilegios. Pide algo más sencillo y justo: que el principio sea el mismo.

Si proteger el patrimonio natural significa proteger también el bienestar de su gente, entonces la conservación de Santay debe incluir a su comunidad, sus accesos, su escuela, su economía local y su dignidad cotidiana.

Porque un área protegida no se conserva solo con declaratorias. Se conserva con presencia, cuidado, responsabilidad y continuidad.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.  https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-27-de-julio-de-2026/

17 julio 2026

Un reconocimiento a un camino compartido con Santay

No resulta sencillo escribir en primera persona sobre un reconocimiento. Siempre existe el riesgo de que la historia termine concentrándose únicamente en quien recibe el premio, cuando detrás de ese resultado hay comunidades, instituciones, colaboradores y muchos años de trabajo compartido.

Por eso, más que hablar de un logro personal, quisiera explicar qué representa el Outstanding Wetland Educator Award 2026, por qué este reconocimiento tiene una especial importancia para la isla Santay y quiénes han sido distinguidos anteriormente.

¿Qué es el Outstanding Wetland Educator Award?

Este premio es otorgado por la Society of Wetland Scientists (SWS), una organización profesional internacional cuya misión incluye promover la investigación, la educación, la conservación, la restauración y el manejo responsable de los humedales.

El reconocimiento distingue a miembros de la Sociedad que han realizado contribuciones especiales a la educación sobre humedales, ya sea en el ámbito público, académico o profesional. Además del reconocimiento institucional, el premio incluye una membresía de tres años en la SWS y la exoneración de la inscripción a la reunión anual en la que se entrega la distinción.

Su importancia radica en que reconoce a la educación como una parte fundamental de la conservación. Los humedales no pueden ser protegidos únicamente mediante normas, investigaciones científicas o declaratorias oficiales. También necesitan comunidades informadas, niños y jóvenes que comprendan su valor y espacios capaces de acercar el conocimiento a la vida cotidiana.

¿Por qué recibí este reconocimiento?

La comunicación difundida por la Convención sobre los Humedales destacó más de treinta años de dedicación a la educación ambiental, la divulgación para la conservación y el trabajo con las comunidades.

También señaló las actividades desarrolladas desde el Observatorio de la isla Santay, donde se han impulsado iniciativas educativas y culturales que reúnen a escuelas, familias, líderes comunitarios, colaboradores y responsables del manejo del área protegida.

Este reconocimiento se relaciona, por tanto, con un camino que comenzó mucho antes de la creación del Observatorio. Es una trayectoria vinculada a la defensa de Santay, al acompañamiento de su comunidad y a la convicción de que la educación ambiental debe estar conectada con la memoria, la cultura, la historia y las condiciones de vida de las personas que habitan el humedal.

Desde su creación, el Observatorio ha procurado ser una pequeña ventana cultural y educativa dentro de Santay. Sus exposiciones, actividades con los niños, programas de divulgación y encuentros comunitarios han buscado demostrar que un humedal no es solamente un espacio natural que debe ser protegido. Es también un territorio habitado, con memoria, conocimientos, problemas, aspiraciones y una relación profunda entre la gente y el ecosistema.

Por eso considero que este premio no pertenece exclusivamente a una persona. Lleva mi nombre, pero también representa a la comunidad de Santay, a sus niños, a los guardaparques, educadores, colaboradores y amigos que han participado en las actividades del Observatorio y que continúan creyendo en el valor de este humedal.

¿Quiénes recibieron anteriormente este premio?

La relación pública de ganadores de la Society of Wetland Scientists incluye a reconocidos científicos, profesores y educadores:

  • En 2025, el Dr. William J. Mitsch y el Dr. Dingha Chrispo Babila.
  • En 2024, el Dr. Swapan Paul.
  • En 2023, la Dra. Michelle Stevens, de California State University, Sacramento.
  • En 2022, Joy Marburger, reconocida de manera póstuma y vinculada a Purdue University Northwest, y Beth Lawrence, de la Universidad de Connecticut.

Formar parte de esta relación constituye un gran honor. El registro público disponible de la SWS, que comienza en 2022, no presenta anteriormente a un galardonado latinoamericano. Por ello, la distinción concedida en 2026 representa también un precedente para nuestra región.

Sin embargo, más importante que ocupar un lugar en una lista es la posibilidad de que este reconocimiento ayude a dirigir la mirada hacia Santay y hacia muchos otros humedales latinoamericanos donde la conservación depende de la participación de las comunidades y de una educación ambiental constante.

Un estímulo para continuar

Recibo este premio con gratitud, pero también con un profundo sentido de responsabilidad.

No lo considero un punto de llegada ni la culminación de un trabajo. Lo entiendo como un estímulo para continuar aprendiendo, divulgando y construyendo nuevas oportunidades para que Santay sea conocida, valorada y protegida.

También quisiera que sirva para recordar que la educación ambiental no ocurre solamente en las aulas. Se construye escuchando a las comunidades, recuperando su memoria, acercando el conocimiento científico, creando espacios culturales y ayudando a que cada persona comprenda que la conservación también tiene una dimensión humana.

El Outstanding Wetland Educator Award 2026 lleva mi nombre, pero representa un camino compartido. Un camino que comenzó hace más de treinta años y que continúa cada día junto a la comunidad de Santay y a todas las personas que creen que educar también es una manera de conservar.

18 junio 2026

La escuela y la transformación de Santay

En la Isla Santay, la escuela nunca ha sido únicamente un lugar para recibir clases. Desde hace generaciones, la educación ha representado para la comunidad una esperanza de transformación y permanencia dentro del humedal.

La escuela comunitaria de Santay comenzó a funcionar alrededor del año 2000. Su creación marcó un momento importante en la historia social de la isla, porque durante gran parte del siglo XX la vida de sus habitantes estuvo vinculada principalmente al trabajo hacendario, la ganadería, la agricultura y las dinámicas propias del río.

Eso también plantea una reflexión histórica profunda: ¿cómo fue posible que durante décadas generaciones enteras de trabajadores ribereños y sus familias crecieran con acceso limitado o inexistente a educación formal dentro de la isla?

Como ocurrió en muchas zonas rurales y haciendas del Ecuador, gran parte del aprendizaje cotidiano se transmitía entonces desde la experiencia familiar y comunitaria. Los habitantes aprendían navegación, manejo del ganado, agricultura, pesca, conocimiento de las mareas y adaptación al humedal mucho antes de que existiera una infraestructura educativa permanente en el territorio.

La aparición de la escuela representó así mucho más que la construcción de un aula. Significó el paso desde una comunidad marcada principalmente por dinámicas de trabajo rural y ribereño hacia una nueva etapa donde la educación comenzó a ocupar un lugar central en las aspiraciones de las familias de Santay.

A pesar de las dificultades propias del humedal —mareas, humedad, ambiente salino y problemas de acceso— la escuela se convirtió en uno de los principales símbolos de unidad y futuro para la comunidad.

Con los años, este espacio también acogió actividades culturales, talleres ambientales y procesos de fortalecimiento de identidad territorial. Allí, los niños de Santay no solamente aprenden contenidos escolares; también crecen comprendiendo el valor ambiental, histórico y humano del lugar donde viven.

Hoy, cuando gran parte de la educación depende de herramientas digitales y conectividad, resulta inevitable recordar el compromiso anunciado el año pasado de dotar de electricidad e internet a la escuela de Santay. Cumplir esa promesa significaría mucho más que incorporar infraestructura tecnológica: representaría una señal concreta de apoyo a los niños y jóvenes que estudian dentro del humedal.

La escuela se encuentra a menos de 800 metros de Guayaquil, pero muchas veces parece permanecer demasiado lejos de las prioridades institucionales. Llevar electricidad e internet a este espacio educativo sería también reconocer que las comunidades que habitan territorios protegidos merecen acceder a oportunidades en condiciones dignas, sin que su ubicación geográfica se convierta en una forma de exclusión.

Pensar el futuro de Santay implica igualmente pensar en el futuro de su escuela. Porque educar en un humedal habitado significa también cuidar a las nuevas generaciones que darán continuidad a la vida comunitaria y ambiental de la isla.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-18-de-junio-de-2026/

12 junio 2026

Volver a construir sobre el río


Durante siglos, el río Guayas no fue únicamente un paisaje observado desde tierra firme. Fue espacio de navegación, trabajo, intercambio, vivienda y construcción. Sus orillas y esteros estuvieron marcados por embarcaciones, astilleros ribereños y estructuras flotantes que formaban parte natural de la vida cotidiana de Guayaquil y de poblaciones conectadas al sistema fluvial.

La Isla Santay también formó parte de esa relación histórica entre comunidad y río. Mucho antes de que los malecones modernos transformaran la percepción urbana del Guayas, el río era entendido como territorio vivo, productivo y habitado.

El Observatorio de Santay no fue construido en la isla, sino en el río Babahoyo. Desde allí emprendió una travesía de 26 horas hasta llegar a Santay, como un gesto concreto de recuperación de la navegación fluvial y de la construcción naval ribereña. Su llegada al humedal recordó que el río no es únicamente un paisaje para mirar desde la orilla, sino un espacio por donde todavía es posible construir, desplazarse, educar y convivir de manera integrada con el agua.

En tiempos donde gran parte de las ciudades parecen haber dado la espalda a sus ríos, experiencias como el Observatorio recuerdan que las culturas fluviales forman también parte del patrimonio histórico y técnico del Ecuador.

A lo largo del río Guayas y del Babahoyo existieron durante generaciones embarcaciones, plataformas, muelles y construcciones flotantes vinculadas a la vida comercial y comunitaria. Esa relación cotidiana con el agua ayudó a definir la identidad de numerosas poblaciones ribereñas.

Recuperar esa memoria no significa regresar al pasado, sino comprender que los ríos pueden volver a ser espacios de encuentro, educación, movilidad y cultura.

Santay recuerda así que un humedal habitado no se limita a conservar la naturaleza. También conserva formas de relación humana con el río que todavía tienen mucho que enseñarnos.

José Delgado Mendoza, Gestor cultural y ambiental. Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-11-de-junio-de-2026/

04 junio 2026

Un humedal donde también vive gente

Foto: Cafeina
Durante mucho tiempo, gran parte de las áreas protegidas fueron imaginadas como espacios naturales alejados de la presencia humana. Sin embargo, existen territorios donde naturaleza y comunidad han convivido históricamente formando un mismo sistema de vida.

Incluso en el Ecuador existen áreas protegidas donde la presencia humana forma parte de la realidad territorial, como ocurre parcialmente en las Islas Galápagos. Esto recuerda que conservar no siempre significa excluir a las comunidades, sino gestionar de manera responsable la convivencia entre naturaleza, población y actividades humanas.


La Isla Santay es también uno de esos casos.

Frente a Guayaquil, este humedal ha sido durante generaciones espacio de vivienda, pesca, agricultura, navegación y relación cotidiana con el río. Su biodiversidad convive con una comunidad que ha desarrollado formas propias de adaptación y permanencia dentro del humedal.

Comprender Santay únicamente desde la conservación ambiental sería mirar solamente una parte de su realidad. Santay es también un territorio socioambiental habitado, donde los desafíos de educación, movilidad, turismo, conectividad y desarrollo comunitario forman parte de la gestión misma del humedal.

Esa condición convierte a Santay en un espacio particularmente complejo y valioso. Aquí la gobernanza no consiste únicamente en proteger ecosistemas, sino también en construir acuerdos que permitan equilibrar conservación y vida comunitaria.

Los niños y jóvenes que cruzan diariamente hacia sus escuelas y colegios, los habitantes que han visto afectada su actividad turística por el cierre del acceso peatonal desde hace ya 28 semanas, los guardaparques, los visitantes y las iniciativas culturales forman parte de una misma realidad territorial que necesita ser entendida de manera integral. La falta de información clara sobre cuándo y cómo se realizarán las reparaciones necesarias para recuperar la infraestructura de acceso también forma parte de ese desafío de gobernanza.

Uno podría pensar que el silencio institucional responde a trabajos que aún se encuentran en planificación y que pronto serán anunciados. Pero también surge la inquietud de que la falta prolongada de información y decisiones concretas termine convirtiéndose en una forma de inacción con consecuencias cada vez más graves para el humedal y su comunidad.

A veces surge una pregunta incómoda: si para algunas entidades públicas la comunidad de Santay parece estar de más. Sin embargo, una de las razones por las que este humedal conserva condiciones ambientales excepcionales es precisamente el respeto y la relación histórica que sus habitantes han mantenido con el territorio.

Conviene recordar que, cuando la isla fue reconocida como Humedal de Importancia Internacional bajo la Convención Ramsar en el año 2000 y posteriormente declarada área protegida en 2010, tanto los organismos internacionales como las autoridades ecuatorianas conocían plenamente la existencia de una población local que vivía allí desde hacía generaciones. Santay no fue declarada importante a pesar de su comunidad, sino también con ella presente.

En tiempos donde muchas ciudades buscan reconectarse con sus ríos y humedales, Santay ofrece una oportunidad para reflexionar sobre nuevas formas de convivencia entre naturaleza y sociedad.

Proteger un humedal habitado significa entonces algo más profundo que conservar paisajes. Significa también cuidar las relaciones humanas, culturales e históricas que permiten que ese territorio continúe vivo.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-4-de-junio-de-2026/

29 mayo 2026

Santay y la memoria fluvial


Frente a Guayaquil, la Isla Santay ha permanecido durante siglos como silenciosa testigo de la historia del río Guayas y de la construcción misma del puerto principal del Ecuador. Mucho antes de convertirse en un referente ambiental contemporáneo, este humedal habitado —marcado también por antiguas haciendas, ganadería y agricultura— observó el paso de expediciones científicas, embarcaciones fluviales y navegantes que ayudaron a conectar al país con el mundo. También fue testigo del asedio de barcos piratas que, amparados por la noche, navegaban detrás de la isla para lanzarse al amanecer sobre la ciudad.

Esa dimensión histórica ha sido precisamente una de las líneas de trabajo impulsadas por el Observatorio de Santay, concebido como una plataforma flotante para la cultura, la historia y el ambiente del humedal. A través de sus exposiciones, el Observatorio ha buscado acercar a visitantes y comunidades a una memoria territorial muchas veces poco conocida, pero profundamente vinculada a la identidad de Guayaquil y del río Guayas.

Durante estos tres últimos años, las exposiciones desarrolladas por el Observatorio de Santay han recorrido temas diversos: desde la presencia de la expedición científica de Alejandro Malaspina en octubre de 1790, hasta la época de los vapores que llegaban desde puertos extranjeros o realizaban cabotaje entre ciudades marítimas y fluviales del Ecuador.

De manera especial, también se ha expuesto cómo, en la cartografía histórica del antiguo “río de Guayaquil”, nombre con el que durante siglos se conoció al actual río Guayas, la isla Santay ocupaba uno de los referentes naturales más visibles para identificar la localización de Guayaquil.

También han sido presentados antiguos mapas, paisajes históricos, biodiversidad y las transformaciones humanas y ambientales del humedal, permitiendo comprender que Santay forma parte de una historia viva donde naturaleza, navegación, ciudad y comunidad han convivido durante generaciones.

Pensar Santay únicamente como un espacio natural aislado sería reducir su verdadera dimensión. Santay es también memoria del río, patrimonio cultural y territorio socioambiental habitado.

Fortalecer los espacios de educación y cultura dentro del humedal implica, igualmente, fortalecer la relación de la ciudad con su propia historia. En tiempos donde muchas veces vivimos de espaldas a nuestros ríos, recuperar la memoria fluvial de Guayaquil constituye también una forma de reencontrarnos con nuestra identidad.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-28-de-mayo-de-2026/

21 abril 2026

Día de la Tierra en Santay: Segunda semana del Curso Vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”

Isla Santay, 21 de abril de 2026


En el marco del Día de la Tierra, este 21 de abril se presenta como una valiosa oportunidad para reafirmar el compromiso de Santi, el guardián del humedal, y de todos los participantes del curso vacacional Pequeños Guardianes del Humedal, con el cuidado y la protección de la isla Santay.

La segunda semana del curso se desarrolló con una participación activa y entusiasta de niños y niñas de la comunidad, consolidando este espacio como un entorno de aprendizaje, convivencia y conexión directa con su territorio.


Bajo la organización y conducción de la tutora del curso, Fabiana Achiote, se llevaron a cabo diversas actividades educativas, recreativas y de sensibilización ambiental, promoviendo el trabajo en equipo, la creatividad y el fortalecimiento del sentido de pertenencia hacia el humedal.

Uno de los momentos más relevantes fue la charla sobre la fauna del humedal Santay, impartida por Iralda Cirino, del Programa de Manejo de Biodiversidad del Ministerio de Ambiente y Energía, a quien extendemos un especial agradecimiento por compartir sus conocimientos y acercar a los niños a la riqueza natural de su entorno.

Asimismo, esta semana contó con el valioso apoyo logístico de la guardaparque Diana Otero, así como de las pasantes Andreina Orellana y Belén Rodríguez, estudiantes de la Universidad Estatal de Milagro, cuyo compromiso y acompañamiento fueron fundamentales para el desarrollo de las actividades.

Un aspecto especialmente significativo fue la entrega de regalos y premios donados por la administración del Área Nacional de Recreación Isla Santay, los cuales generaron gran entusiasmo entre los niños y niñas, fortaleciendo su motivación y su vínculo positivo con las actividades y con el entorno protegido.

Las dinámicas desarrolladas —incluyendo juegos, actividades de pintura, espacios de intercambio y jornadas junto a los guardaparques— fueron altamente valoradas por los participantes, quienes destacaron especialmente la oportunidad de compartir, aprender y disfrutar en grupo. De manera recurrente, manifestaron su deseo de prolongar las jornadas, lo que evidencia el impacto positivo del curso en su bienestar y motivación.

En términos generales, esta segunda semana no solo fortaleció conocimientos sobre el humedal, sino que también reafirmó valores fundamentales como el respeto por la naturaleza, la convivencia y el compromiso con el cuidado de Santay como un verdadero humedal habitado.




07 abril 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: sembrando futuro desde Santay


“Pequeños Guardianes del Humedal” es, en esencia, una apuesta a largo plazo.




En la Isla Santay, donde el río y la vida se entrelazan cada día, está ocurriendo algo profundamente esperanzador: niños y jóvenes de la comunidad están descubriendo, con sus propias manos y miradas, el valor de su territorio.


El curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, impulsado por el Observatorio de Santay, no es solo una actividad recreativa. Es una experiencia formativa que busca despertar conciencia, identidad y compromiso con este humedal vivo y habitado.

🐾 Aprender desde el territorio

A través de dinámicas participativas, recorridos, juegos y actividades creativas, los niños se acercan a los elementos esenciales de Santay:

  • El agua, como fuente de vida
  • La fauna, como riqueza que debemos proteger
  • El territorio, como espacio compartido entre naturaleza y comunidad



Y en medio de esta aventura aparece Santi, el oso hormiguero de Santay, quien se ha convertido en el guía simbólico del programa. A través de él, los niños conectan con mensajes clave sobre el cuidado del humedal, pero también con algo más profundo: el orgullo de pertenecer a este lugar.

🎓Aprender Haciendo

El enfoque del curso es claro: aprender haciendo.

Cada fin de semana se desarrollan actividades prácticas cuyos resultados son presentados y compartidos los días lunes. Esto no solo refuerza el aprendizaje, sino que permite a los niños expresarse, reflexionar y construir conocimiento desde su propia experiencia.

Aquí no hay espectadores. Todos son protagonistas.




🤝 Una iniciativa con raíces comunitarias

El curso cuenta con el valioso apoyo de los guardaparques del Área Nacional de Recreación Isla Santay, así como con la tutoría de Fabiana Achiote, maestra comunitaria de la escuela de la isla.

Esta articulación entre comunidad, educación y conservación refleja justamente lo que Santay necesita: procesos construidos desde dentro, con su gente, para su futuro.

🌱 Más que un curso, una siembra

Porque cuidar Santay no empieza con grandes proyectos, sino con pequeñas acciones… con niños que entienden su entorno, que lo valoran y que, poco a poco, se convierten en sus mejores defensores.

Desde el Observatorio de Santay creemos firmemente en esto:
no hay conservación posible sin comunidad, y no hay comunidad sostenible sin educación.

Hoy, en cada dibujo, en cada recorrido, en cada historia compartida, se está sembrando algo que va mucho más allá de un curso vacacional.

Se está sembrando futuro.