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02 julio 2026

Conservar también cuesta

Las áreas protegidas constituyen uno de los mayores patrimonios naturales del Ecuador. Gracias a ellas se preservan ecosistemas, especies y paisajes que benefician a toda la sociedad. Sin embargo, hay una pregunta que debe discutirse con mayor seriedad: ¿cómo garantizar su sostenibilidad cuando los recursos públicos disponibles son cada vez más limitados?

Durante años, el acceso gratuito a muchas áreas protegidas ha permitido que miles de ciudadanos disfruten de estos espacios y fortalezcan su vínculo con la naturaleza. Esa política ha tenido importantes beneficios sociales y educativos. Pero la conservación también tiene costos concretos: mantenimiento de infraestructura, monitoreo ambiental, educación ambiental, control y vigilancia, atención a visitantes y apoyo a las comunidades que habitan algunos de estos territorios.

La isla Santay es un ejemplo claro de esta realidad. Como humedal protegido y habitado, enfrenta desafíos que van más allá de la conservación ambiental. Su sostenibilidad requiere mantener servicios básicos, apoyar la educación ambiental, cuidar la infraestructura pública y fortalecer las oportunidades para la comunidad local.

Un caso específico permite comprender mejor el problema. El ingreso gratuito de visitantes a Santay debe seguir siendo valorado como una política de acceso ciudadano. Sin embargo, cuando el ingreso turístico se reabra formalmente y las ciclovías y camineras estén reparadas, seguras y operativas, será necesario discutir también el uso de bicicletas en la isla. Su tránsito constante, sean bicicletas externas o de uso local, genera un desgaste material directo sobre ciclovías, camineras e infraestructura pública.

Allí aparece una distinción necesaria: una cosa es garantizar el acceso libre de las personas al área protegida, y otra distinta es permitir, sin ningún mecanismo de sostenibilidad, el uso de medios que producen costos permanentes de mantenimiento. En el caso de los visitantes, una contribución específica por el ingreso de bicicletas externas podría ser una medida razonable. En el caso de los pobladores, el mecanismo debería ser diferenciado, justo y construido con la comunidad, considerando que para ellos la bicicleta no es solamente recreación, sino también movilidad cotidiana, trabajo, estudio y vida familiar.

No se trataría de cobrar por entrar al área protegida, ni de limitar el derecho ciudadano a disfrutar de la naturaleza. Se trataría de reconocer que ciertos usos generan costos materiales que alguien debe asumir. Si esos costos no se prevén, la infraestructura se deteriora, la experiencia de los visitantes empeora y la propia comunidad termina enfrentando las consecuencias de una conservación sin recursos suficientes.

Por eso, cualquier contribución relacionada con bicicletas debería estar claramente destinada al mantenimiento de ciclovías y camineras, con reglas transparentes y criterios diferenciados. No puede tratarse de una carga indiscriminada, sino de un mecanismo responsable para sostener una infraestructura que beneficia tanto a los visitantes como a los habitantes de Santay.


En un contexto de restricciones presupuestarias, resulta necesario explorar mecanismos complementarios de financiamiento que permitan generar recursos sin afectar el acceso ciudadano ni los objetivos ambientales. La experiencia internacional demuestra que es posible combinar el apoyo estatal con educación ambiental, turismo responsable, alianzas institucionales, donaciones, cooperación internacional y otros modelos compatibles con la protección de la naturaleza.

Proteger nuestros humedales y áreas protegidas es una responsabilidad colectiva. Pero para que la conservación sea efectiva y duradera, además de voluntad, también se necesitan recursos, gestión y mecanismos transparentes que permitan sostenerla en el tiempo.

La conservación no fracasa por falta de leyes, sino cuando faltan los medios para convertir esas leyes en acciones permanentes.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-30-de-junio-de-2026/

Fotografía: Wladimir Torres

14 mayo 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: educación, comunidad y esperanza en Santay

Pequeños Guardianes del Humedal: Un curso vacacional que sembró conciencia, comunidad y esperanza en la isla Santay


Durante cuatro fines de semana, 42 niños y adolescentes de la isla Santay participaron en el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, una experiencia comunitaria de educación ambiental que dejó aprendizajes, sonrisas y nuevas semillas de compromiso con el Humedal Isla Santay.

Aprender desde la realidad del humedal


A lo largo de las jornadas, los participantes compartieron actividades educativas, recreativas y ambientales enfocadas en temas como el cuidado del agua, la fauna del humedal, la conservación ambiental y el papel que cumplen los guardaparques dentro del Área Nacional de Recreación Isla Santay.



Durante la clausura, el guardaparque Sr. Stalyn Roldán compartió una charla sobre el rol y las funciones de los guardaparques en el Humedal y Área Protegida Isla Santay, explicando el trabajo que realizan para proteger la biodiversidad, orientar a los visitantes y acompañar a la comunidad.




Liderazgo y capacidades nacidas en Santay



Uno de los aspectos más valiosos del curso fue la activa participación de personas de la propia isla, fortaleciendo el sentido de pertenencia y demostrando que la educación ambiental tiene más fuerza cuando nace desde la comunidad y se construye con quienes conocen y viven diariamente el territorio.


Las hermanas Fabiana e Ingrid Achiote participaron como tutoras, acompañando las actividades y demostrando que en Santay existen capacidades locales, liderazgo comunitario y compromiso con la formación de las nuevas generaciones.

Santi: educación ambiental desde la alegría






Más que un curso recreativo, esta iniciativa representó un esfuerzo colectivo construido desde el propio territorio, reuniendo a guardaparques, tutoras, voluntarios, líderes comunitarios y actores locales alrededor de un objetivo común: fortalecer en las nuevas generaciones el conocimiento, el amor y el sentido de pertenencia hacia uno de los humedales más importantes del Ecuador.

El curso demostró además que Santay posee capacidades humanas, liderazgo comunitario y voluntad de trabajo conjunto para generar espacios positivos para su niñez y juventud.

Las charlas permitieron que los niños y adolescentes comprendieran mejor la importancia de proteger su territorio y valorar la riqueza natural y humana de la isla. El aprendizaje tuvo un valor especial porque fue transmitido directamente por personas vinculadas al humedal y al trabajo diario de conservación.

Asimismo, la guardaparque Mgs. Diana Otero cumplió un papel fundamental como enlace dinámico y permanente entre el curso y la administración del área protegida, apoyando la coordinación de las charlas, la valoración de los contenidos educativos y el acompañamiento general de las jornadas.

Las actividades estuvieron acompañadas por la presencia de Santi, el Guardián del Humedal, personaje educativo que se convirtió en un símbolo cercano, alegre y motivador para los niños.




Santi acompañó las jornadas, participó en las dinámicas y ayudó a transmitir de manera amigable y divertida los mensajes de conservación y cuidado del humedal. Su presencia permitió que muchos de los aprendizajes quedaran asociados a experiencias positivas, juego, integración y afecto.





El personaje tiene además un significado especial para Santay, ya que el Observatorio de Santay es la oficina principal de Santi y el espacio desde donde se impulsan muchas de sus actividades educativas y de sensibilización ambiental.

El rol del Observatorio de Santay

El curso tuvo una característica particular: el Observatorio de Santay, impulsor y articulador de la iniciativa, se encontraba durante esas semanas en proceso de mantenimiento.



El Observatorio forma parte de la red internacional Wetland Link International (WLI) como Centro de Educación del Humedal Santay. Está dirigido por José Delgado Mendoza y fue establecido en la isla Santay en agosto de 2022 como un espacio dedicado a la educación ambiental, la investigación, la cultura y el fortalecimiento comunitario alrededor del humedal.

Debido a los trabajos de mantenimiento, las actividades se desarrollaron en la Casa Comunal de Santay, gracias al valioso apoyo de la presidenta de la Asociación de Pobladores, Sra. Elsita Rodríguez, cuya colaboración permitió abrir un espacio comunitario al servicio de la niñez y juventud de la isla.

Aun así, el Observatorio mantuvo un importante rol de acompañamiento, coordinación y articulación de la experiencia, fortaleciendo el trabajo conjunto entre comunidad, guardaparques, voluntarios y actores locales comprometidos con la educación ambiental.

Alimentación preparada desde el territorio



Otro aspecto importante del curso fue el cuidado puesto en la alimentación de los participantes.

Los refrigerios ofrecidos durante las jornadas fueron preparados en el propio humedal utilizando productos frescos y no industriales. Este detalle reforzó el carácter comunitario de la experiencia y transmitió también un mensaje coherente con los valores del curso: valorar lo cercano, lo natural y lo preparado con dedicación desde el territorio.



Un esfuerzo colectivo por la niñez de Santay

El Observatorio de Santay expresa un especial agradecimiento a la guardaparque Mgs. Diana Otero por su valiosa coordinación y acompañamiento durante el curso, así como a los guardaparques Stalyn Roldán, John Bajaña, Iralda Cirino y Jonathan Coronel, quienes compartieron charlas educativas con los niños sobre el cuidado del humedal, el agua, la fauna y el rol de los guardaparques dentro del área protegida.

Asimismo, expresa su agradecimiento al Biol. Eric Salavarria, Administrador del Área Nacional de Recreación Isla Santay e Isla Gallo, por su colaboración y apertura para el desarrollo de esta experiencia de educación ambiental comunitaria.

De igual manera, se reconoce el importante apoyo brindado por la Sra. Elsita Rodríguez y la comunidad organizada de ASOSERTU-Santay, cuya colaboración permitió desarrollar las actividades en la Casa Comunal y fortalecer el carácter comunitario del curso.

Mucho más que un curso vacacional

“Pequeños Guardianes del Humedal” dejó una enseñanza importante: proteger un humedal no empieza únicamente con normas o infraestructura. También comienza cuando un niño aprende a valorar el lugar donde vive y descubre que su territorio tiene historia, biodiversidad, cultura, comunidad y futuro.

En un contexto donde la niñez y juventud de Santay necesitan más oportunidades educativas, culturales y recreativas, experiencias como esta ayudan a fortalecer la autoestima territorial, el sentido de pertenencia y la conciencia ambiental de las nuevas generaciones.

La clausura del curso finalizó con la entrega de diplomas de participación en un ambiente de alegría, gratitud y esperanza, celebrando el compromiso de estos pequeños guardianes del humedal.


Porque sembrar conciencia en la infancia es también sembrar futuro para Santay.

















30 abril 2026

Agua y vida: aprender desde el humedal

 Semana 3 del Curso Vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”

25, 26 y 27 de abril de 2026

En Santay, el agua no es un concepto: es el entorno que sostiene la vida cotidiana. Durante la tercera semana del curso vacacional Pequeños Guardianes del Humedal, niñas y niños de la comunidad se acercaron a comprender una verdad esencial: el agua es la base del equilibrio del humedal y de la vida que lo habita.
Actualmente, el Observatorio de Santay se encuentra en etapa de mantenimiento, por lo que las actividades del curso se están desarrollando en la Casa Comunal de la comunidad, espacio facilitado por la Asociación de Servicios Turísticos ASOSERTU–Santay. Lejos de ser una limitación, esta situación ha fortalecido el vínculo directo con la comunidad, integrando aún más el proceso educativo al territorio.

Mirar el territorio con otros ojos

Las actividades de esta semana se centraron en algo fundamental: observar y entender el entorno inmediato.

Desde los espacios comunitarios y su relación directa con el estero, los niños pudieron reconocer cómo el agua está presente en todo:

  • en el suelo húmedo
  • en la vegetación
  • en los espacios donde habitan los animales
  • en los cambios visibles del paisaje

Este ejercicio, aparentemente simple, tiene un efecto profundo: transforma la forma en que los niños perciben su propio territorio.

El guardaparque: conocimiento desde la experiencia

El momento central de la semana fue la charla brindada por los guardaparques Jonathan Coronel y Stalyn Roldán, del Área Protegida Isla Santay. 

Desde su experiencia directa en el territorio, explicaron a los participantes:

  • la relación entre el agua y la fauna del humedal
  • por qué el agua es el hogar de muchas especies
  • cómo su calidad influye en la supervivencia de los animales
  • y qué sucede cuando ese equilibrio se ve afectado


No fue una clase teórica. Fue un conocimiento vivo, transmitido por quienes observan y protegen el humedal todos los días.

Este tipo de interacción es clave, porque conecta a los niños con figuras reales de cuidado del territorio y refuerza una idea esencial:
proteger el humedal es una responsabilidad compartida.


Santi como guía: aprender jugando y creando

El componente educativo se reforzó a través de una actividad cercana y significativa:
el coloreado de afiches educativos con Santi, el Guardián del Humedal.

A través de estas láminas, los niños trabajaron mensajes claros:

  • el agua como hogar de la fauna
  • la conexión entre todos los elementos del humedal
  • pequeñas acciones para cuidar el agua

Santi no es solo un personaje. Es una herramienta pedagógica que permite traducir conceptos complejos en mensajes comprensibles y cercanos.

Y aquí hay algo que vale la pena destacar:
cuando un niño colorea, no solo juega… internaliza el mensaje.

Educar desde el territorio, para el territorio

Esta semana no se trató de grandes montajes ni de actividades complejas.
Y eso está bien.

Porque lo esencial ocurrió:


los niños escucharon, observaron y comprendieron mejor el lugar donde viven.


En un humedal habitado como Santay, la educación ambiental no puede ser externa ni desconectada. Tiene que nacer desde el territorio, desde sus actores, desde su realidad.




Y en ese camino, cada paso cuenta.














07 abril 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: sembrando futuro desde Santay


“Pequeños Guardianes del Humedal” es, en esencia, una apuesta a largo plazo.




En la Isla Santay, donde el río y la vida se entrelazan cada día, está ocurriendo algo profundamente esperanzador: niños y jóvenes de la comunidad están descubriendo, con sus propias manos y miradas, el valor de su territorio.


El curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, impulsado por el Observatorio de Santay, no es solo una actividad recreativa. Es una experiencia formativa que busca despertar conciencia, identidad y compromiso con este humedal vivo y habitado.

🐾 Aprender desde el territorio

A través de dinámicas participativas, recorridos, juegos y actividades creativas, los niños se acercan a los elementos esenciales de Santay:

  • El agua, como fuente de vida
  • La fauna, como riqueza que debemos proteger
  • El territorio, como espacio compartido entre naturaleza y comunidad



Y en medio de esta aventura aparece Santi, el oso hormiguero de Santay, quien se ha convertido en el guía simbólico del programa. A través de él, los niños conectan con mensajes clave sobre el cuidado del humedal, pero también con algo más profundo: el orgullo de pertenecer a este lugar.

🎓Aprender Haciendo

El enfoque del curso es claro: aprender haciendo.

Cada fin de semana se desarrollan actividades prácticas cuyos resultados son presentados y compartidos los días lunes. Esto no solo refuerza el aprendizaje, sino que permite a los niños expresarse, reflexionar y construir conocimiento desde su propia experiencia.

Aquí no hay espectadores. Todos son protagonistas.




🤝 Una iniciativa con raíces comunitarias

El curso cuenta con el valioso apoyo de los guardaparques del Área Nacional de Recreación Isla Santay, así como con la tutoría de Fabiana Achiote, maestra comunitaria de la escuela de la isla.

Esta articulación entre comunidad, educación y conservación refleja justamente lo que Santay necesita: procesos construidos desde dentro, con su gente, para su futuro.

🌱 Más que un curso, una siembra

Porque cuidar Santay no empieza con grandes proyectos, sino con pequeñas acciones… con niños que entienden su entorno, que lo valoran y que, poco a poco, se convierten en sus mejores defensores.

Desde el Observatorio de Santay creemos firmemente en esto:
no hay conservación posible sin comunidad, y no hay comunidad sostenible sin educación.

Hoy, en cada dibujo, en cada recorrido, en cada historia compartida, se está sembrando algo que va mucho más allá de un curso vacacional.

Se está sembrando futuro.