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11 julio 2026

Por qué hay que creer en Santay

Hay que creer en Santay porque no es solamente una isla frente a Guayaquil y Durán. Es un territorio vivo, habitado, con memoria, con familias, con niños, con escuela, con trabajo comunitario y con una relación profunda entre la gente, el río y el humedal.

Hay que creer en Santay porque su comunidad ha demostrado, durante décadas, que vivir en un área protegida no significa ser un problema para la conservación, sino parte de su sentido más humano. Allí se ha enseñado, cuidado, resistido y construido mucho más de lo que muchas veces se reconoce desde lejos.

Hay que creer en su escuela. Después de 26 años de esfuerzo comunitario, Santay pudo haber tenido ya un colegio, mejores condiciones, electricidad, internet y más oportunidades para sus niños y jóvenes. Sin embargo, las promesas han sido muchas y las respuestas concretas demasiado pocas. No se puede seguir ofreciendo el oro y el moro mientras necesidades básicas siguen esperando solución.

Hay que creer en sus niños y jóvenes, que siguen estudiando y creciendo a pesar de las dificultades que una escuela sin electricidad ni internet puede generar en estos tiempos. Esa realidad no debería ser normal, mucho menos en un territorio de tanta importancia ambiental y social.

Hay que creer en su población, porque cree en su propia fortaleza y en su solidaridad comunitaria. Cuando las respuestas institucionales han llegado tarde, incompletas o simplemente no han llegado, la comunidad ha intentado sostener su vida cotidiana, su educación, su turismo comunitario y su dignidad con lo poco que tiene.

Hay que creer en Santay porque es un humedal inscrito en la Convención de Ramsar. Ese reconocimiento internacional debe traducirse en mayores garantías de protección, mejores herramientas de gestión y nuevas oportunidades para fortalecer a su comunidad y a su ecosistema. Santay no debe ser vista únicamente como un sitio vulnerable, sino como un territorio con capacidades, derechos, memoria y potencial.

Hay que creer también en la posibilidad de que la cooperación internacional ponga sus ojos en esta isla y responda a sus necesidades. No como caridad ni como ayuda humanitaria, sino como una oportunidad para construir alianzas serias, transparentes y sostenidas en educación, conservación, restauración, seguridad, turismo comunitario y fortalecimiento organizativo.

También hay que creer en la posibilidad de que el aparato administrativo encargado de las áreas protegidas deje de mirar casi exclusivamente hacia Galápagos y ponga atención al resto del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Ecuador tiene otros territorios valiosos, frágiles y habitados que también necesitan presupuesto, presencia institucional, asistencia técnica y decisiones oportunas.

Santay necesita apoyo. Su organización comunitaria debe fortalecerse con capacitación, acompañamiento y ejemplo. Ningún proceso comunitario se sostiene únicamente con buena voluntad. Hace falta planificación, cooperación, liderazgo local, instituciones responsables y una mirada de largo plazo.

Hay que creer en Santay, pero también hay que preguntarse cómo sostener esa confianza cuando, teniendo la isla un muelle de llegada, Guayaquil no cuenta con un muelle de partida dedicado y funcional para su turismo fluvial. Santay necesita accesos seguros también desde Durán, pero ante todo requiere una conexión fluvial digna desde Guayaquil, coherente con su historia, su ubicación y su vocación turística.

Hay que creer en Santay porque su historia demuestra que la conservación no se hace solamente con decretos, discursos o reconocimientos internacionales. Se hace también con mantenimiento, presencia, seguridad, educación, respeto y decisiones públicas responsables. Un humedal habitado necesita instituciones que escuchen, que actúen y que comprendan que detrás de cada obra abandonada hay personas que cargan con sus consecuencias.

No se puede tratar a Santay como un asunto secundario. No puede ser normal que una comunidad ubicada a pocos cientos de metros de dos de las ciudades más importantes del país deba esperar indefinidamente por soluciones básicas. No puede ser normal que una obra pública, creada para conectar y beneficiar, termine convirtiéndose en una carga para quienes debía servir.

Creer en Santay no es idealizarla. Es reconocer sus problemas, sus necesidades y también su enorme valor. Es entender que su comunidad no pide privilegios, sino respuestas concretas, seguridad, acceso digno, educación, conectividad y respeto por su derecho a vivir y trabajar en su territorio.

Hay que creer en Santay porque todavía es posible corregir lo que se ha hecho mal. Porque aún se puede reparar, coordinar, informar, cooperar y actuar. Porque el abandono no puede ser el destino de un humedal de importancia internacional ni de la comunidad que lo habita.

Santay ha esperado demasiado. Y cuando una comunidad sigue creyendo en su territorio, el Estado no tiene derecho a seguir fallando.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-10-de-julio-de-2026/

25 junio 2026

¿Quién debe reparar Santay?

Durante los últimos meses se ha vuelto frecuente escuchar que la comunidad de la Isla Santay debe involucrarse en la búsqueda de soluciones para recuperar el turismo afectado por el cierre del acceso peatonal y ciclista. La participación comunitaria siempre es positiva y necesaria. Santay ha demostrado durante años organización, resiliencia y compromiso con su territorio.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre colaborar en las soluciones y asumir responsabilidades que corresponden al Estado.

La infraestructura de acceso a Santay, incluida la calzada compartida para peatones y bicicletas, fue concebida, diseñada, contratada, fiscalizada y administrada por instituciones públicas. Aunque eventualmente pobladores de la isla hayan participado como mano de obra en determinadas etapas, eso no significa que la comunidad haya tenido responsabilidad técnica, contractual o institucional sobre la obra. No fue la comunidad quien definió los materiales, aprobó los diseños, supervisó técnicamente su instalación ni administró los recursos destinados a su construcción y mantenimiento.


Por ello resulta legítimo preguntarse por qué, casi diez años después de que la Contraloría General delEstado identificara problemas técnicos y deterioro prematuro en esa infraestructura elevada, la situación ha terminado afectando principalmente a quienes menos responsabilidad tuvieron en su origen.

Los pobladores de Santay no fueron responsables de las decisiones técnicas ni institucionales que dieron origen a la calzada compartida de acceso ni a las camineras peatonales internas de la comunidad. Tampoco estuvieron a cargo de garantizar su mantenimiento estructural. Sin embargo, son quienes han debido adaptarse a las restricciones, explicar la situación a los visitantes y enfrentar diariamente las consecuencias del cierre.

Detrás de esta situación existen familias, emprendedores, estudiantes y trabajadores que han visto reducirse las oportunidades asociadas al turismo comunitario. Mientras tanto, la discusión pública parece trasladar cada vez más hacia la propia comunidad la responsabilidad de encontrar soluciones.

La pregunta no debería ser quién tiene la culpa. La pregunta es quién tiene la responsabilidad.

Las comunidades pueden colaborar, aportar ideas y convertirse en aliadas de la conservación y el desarrollo local. Pero no deberían verse obligadas a sustituir las obligaciones de las instituciones responsables de garantizar la seguridad, el mantenimiento y la continuidad de obras construidas con recursos de todos los ecuatorianos.

Santay continúa demostrando su compromiso con la conservación, la educación ambiental y el turismo comunitario. Lo mínimo que merece es que las instituciones responsables asuman también el suyo. Porque cuando una obra pública deja de funcionar, no debería ser la comunidad más pequeña la que cargue con el peso más grande.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-24-de-junio-de-2026/

NOTA: La imágenes no hace parte del contenido publicado en El Comercio. Pero si hacen parte de la historia de Santay. 

12 junio 2026

Volver a construir sobre el río


Durante siglos, el río Guayas no fue únicamente un paisaje observado desde tierra firme. Fue espacio de navegación, trabajo, intercambio, vivienda y construcción. Sus orillas y esteros estuvieron marcados por embarcaciones, astilleros ribereños y estructuras flotantes que formaban parte natural de la vida cotidiana de Guayaquil y de poblaciones conectadas al sistema fluvial.

La Isla Santay también formó parte de esa relación histórica entre comunidad y río. Mucho antes de que los malecones modernos transformaran la percepción urbana del Guayas, el río era entendido como territorio vivo, productivo y habitado.

El Observatorio de Santay no fue construido en la isla, sino en el río Babahoyo. Desde allí emprendió una travesía de 26 horas hasta llegar a Santay, como un gesto concreto de recuperación de la navegación fluvial y de la construcción naval ribereña. Su llegada al humedal recordó que el río no es únicamente un paisaje para mirar desde la orilla, sino un espacio por donde todavía es posible construir, desplazarse, educar y convivir de manera integrada con el agua.

En tiempos donde gran parte de las ciudades parecen haber dado la espalda a sus ríos, experiencias como el Observatorio recuerdan que las culturas fluviales forman también parte del patrimonio histórico y técnico del Ecuador.

A lo largo del río Guayas y del Babahoyo existieron durante generaciones embarcaciones, plataformas, muelles y construcciones flotantes vinculadas a la vida comercial y comunitaria. Esa relación cotidiana con el agua ayudó a definir la identidad de numerosas poblaciones ribereñas.

Recuperar esa memoria no significa regresar al pasado, sino comprender que los ríos pueden volver a ser espacios de encuentro, educación, movilidad y cultura.

Santay recuerda así que un humedal habitado no se limita a conservar la naturaleza. También conserva formas de relación humana con el río que todavía tienen mucho que enseñarnos.

José Delgado Mendoza, Gestor cultural y ambiental. Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-11-de-junio-de-2026/

17 mayo 2026

Los niños también conservan humedales


En la isla Santay acaba de culminar el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”. Durante varias semanas, 42 niños y niñas de la comunidad participaron en una experiencia de educación ambiental realizada junto a los guardaparques del área protegida y la asociación de pobladores. Fue una actividad sencilla, pero profundamente significativa: los niños aprendieron sobre su territorio, escucharon a quienes cuidan el área, compartieron juegos, preguntas y aprendizajes, y recibieron sus diplomas como pequeños guardianes del humedal.

Detrás de cada diploma había algo más que una clausura. Había una forma de decirles que Santay también les pertenece como responsabilidad, como memoria y como futuro. La conservación de un humedal empieza también cuando un niño comprende que las aves, los manglares, el río, la escuela y la vida de su comunidad forman parte de una misma historia. En un humedal habitado como Santay, la naturaleza y la comunidad caminan juntas; por eso, educar a sus niños también es una manera concreta de conservar.

Esta experiencia luminosa permite mirar con mayor claridad una realidad que sigue pendiente. La escuela de Santay merece contar con electricidad, internet e infraestructura adecuada. La comunidad merece servicios básicos seguros y accesibles. Las familias han demostrado capacidad de organización para gestionar el acceso al agua potable; sin embargo, ese esfuerzo termina representando probablemente uno de los costos de agua más altos del país.

Estas situaciones revelan la necesidad de una gobernanza más coherente para los humedales habitados. Cuando un territorio es al mismo tiempo área protegida, comunidad, escuela, destino turístico, memoria histórica y ecosistema frágil, la gestión pública debe articular conservación ambiental, educación, servicios básicos, acceso seguro, mantenimiento e inclusión comunitaria. Incluso la cooperación internacional, cuando aparece, parece depender más de esfuerzos de la diáspora y de redes solidarias que de una política estatal sostenida de apoyo a territorios de alto valor ambiental y social.

Ecuador suele presentarse en los espacios internacionales como un país comprometido con la sostenibilidad y la protección de la naturaleza. Esa vocación merece reflejarse también en el territorio, allí donde viven las comunidades que cuidan diariamente esos ecosistemas. Santay necesita que su importancia ambiental se traduzca en presencia institucional sostenida, condiciones dignas y políticas públicas capaces de unir el discurso con la realidad.

La conservación requiere guardaparques, técnicos, autoridades y presupuesto. También requiere escuela, agua, energía, conectividad, afecto comunitario y continuidad. Los humedales se conservan desde los planes de manejo, pero también desde las aulas, desde los espacios comunitarios, desde las caminatas por el sendero, desde las preguntas de los niños y desde cada experiencia que les enseña que cuidar la vida es también cuidar su casa.

Los niños también conservan humedales. Acompañarlos, educarlos y garantizarles condiciones dignas es una de las mejores inversiones que podemos hacer por el futuro de Santay.

José Delgado Mendoza 
Gestor cultural y ambiental
Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-16-de-mayo-de-2026/

17 junio 2025

Santay Expone su Ciencia: Infografías que Revelan los Secretos del Humedal

Una exposición en el Observatorio de Santay celebra el Día del Ambiente con imágenes que traducen la ciencia en conocimiento accesible para todos.

Un Observatorio al Servicio de la Comunidad y del Planeta

El pasado 7 de junio, en el marco del Día Mundial del Ambiente, el Observatorio de Santay inauguró una exposición de infografías científicas que resumen los hallazgos de cuatro estudios recientes realizados en el humedal Isla Santay. Esta iniciativa busca acercar la ciencia a la comunidad y reafirmar el papel del Observatorio como Centro de Información del Humedal Santay, reconocido por la Red Mundial de Humedales (WLI).

Las infografías fueron elaboradas por José Delgado Mendoza, director del Observatorio y mentor de la Asociación Amigos de Santay, quien ha liderado los esfuerzos de divulgación científica en la isla.

Cuatro Estudios que Inspiran Acción

Durante el evento, se presentaron los siguientes estudios:

  • El Caracol Africano: Se investigó la presencia de esta especie invasora. Aunque no se encontraron ejemplares, se identificó una especie nativa, lo que resalta la importancia de la vigilancia ecológica.
  • Diversidad de Aves: Se registraron 30 especies en la temporada de lluvias y 41 en la seca, confirmando el valor de Santay como refugio para aves migratorias y residentes.
  • Contaminación por Microplásticos: Se hallaron 692 partículas en los sedimentos, especialmente en la zona norte, lo que plantea preocupaciones sobre su impacto ambiental.
  • Polinizadores en Santay: Se identificaron 69 tipos de polinizadores, esenciales para la reproducción de plantas y la salud del ecosistema.

Puedes consultar uno de los estudios publicados sobre la contaminación por micro plásticos presentes en los sedimentos de la isla Santay en el siguiente enlace.

Voces de la Ciencia y la Comunidad

Durante la ceremonia, Sonia Rodríguez, secretaria de la Asociación Amigos de Santay, dio la bienvenida a los asistentes. También participaron los investigadores Dra. Leila Zambrano, Dr. Enrique Arizaga y Dr. José Hernández, quienes compartieron sus experiencias y destacaron la importancia de continuar investigando en territorios como Santay. Un estudiante de la Universidad Agraria también ofreció unas palabras, reflejando el valor educativo de estos proyectos.

Un Espacio Vivo para la Ciencia Compartida

El Observatorio, construido con materiales sostenibles y flotando sobre el río, se consolida como un espacio cultural y científico. Esta exposición marca el inicio de una serie de presentaciones futuras, conforme avancen nuevas investigaciones en el humedal.

Compromiso con el Futuro del Humedal

Con esta iniciativa, Santay no solo protege su biodiversidad, sino que también cultiva una ciudadanía más informada y comprometida. 

Porque en Santay, la ciencia no se guarda: se vive, se comparte y se celebra.

 

 Participantes de la exposición se trasladan por el río Guayas rumbo a la Isla Santay, en un recorrido comunitario previo al evento ambiental del 7 de junio.

Panel expositivo dentro del Observatorio de Santay, con infografías científicas sobre avifauna y polinizadores en la isla. A través de mapas, fotos y gráficos, los estudios traducen el conocimiento académico en herramientas visuales.

 Foto grupal junto a la infografía “Evaluación de la contaminación por micro plásticos en los sedimentos de la isla Santay”, elaborada por investigadores y estudiantes universitarios y presentada en el Observatorio de Santay como parte del intercambio académico sobre el humedal Santay.

Investigadores y estudiantes presentan el estudio sobre polinizadores de la isla Santay , como parte de una jornada de intercambio académico y social en el Observatorio de Santay.

05 mayo 2025

Renovación de la Escuela de la Isla Santay: Un Paso Más Hacia el Futuro

La escuela de la Isla Santay, construida en 2010 para reemplazar la edificación original del año 2000, ha sido testigo de innumerables esfuerzos de mantenimiento a lo largo de los años. Sin embargo, a pesar de estas labores periódicas, el piso seguía siendo un desafío constante debido a los efectos de la lluvia y los aguajes, dañándolo tanto desde arriba como desde abajo.


Gracias al apoyo invaluable de Amigos de Santay Suiza, y en especial de su secretaria Katherine Ramírez y su hermana Marika, se consiguió un financiamiento que permitió llevar a cabo mejoras fundamentales en la infraestructura escolar. Estas reformas incluyeron:

  • Ampliación del techo y refuerzo de sus soportes metálicos, evitando que la lluvia alcance el piso, problema que venía afectando seriamente las condiciones del aula.

  • Cambio de las maderas del piso, garantizando una superficie más segura y resistente para estudiantes y docentes.

  • Reemplazo de la tubería de descarga de agua de lluvia, ya que la anterior, demasiado angosta, provocaba el desbordamiento del canalón principal, generando filtraciones de agua hacia el patio interior.

Las obras iniciaron el sábado 26 de abril y concluyeron el domingo 4 de mayo, representando un importante avance para la comunidad educativa de Santay. Aunque aún quedan mejoras por realizar en la infraestructura, la reparación del techo y del piso constituye una base sólida sobre la cual seguir avanzando.

Este proyecto no habría sido posible sin el esfuerzo conjunto de muchas personas comprometidas con el bienestar de la escuela. Un agradecimiento especial a las maestras, madres y padres de familia que colaboraron activamente, al Maestro Giovanny Tapia y su equipo, a Jenny y Rosita, quienes facilitaron el transporte, el combustible y la planta eléctrica, Francisco, Mario, Javico, Darwin y Enrique por su mano de obra muy importante.

La Asociación Amigos de Santay sigue comprometida con mejorar las condiciones del centro educativo, asegurando que tanto los niños como el equipo docente puedan desarrollar sus actividades en un ambiente óptimo. ¡Gracias a todos por ser parte de este esfuerzo!