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23 septiembre 2026

Santay: entre la protección legal y el abandono cotidiano

Santay es un humedal protegido, reconocido internacionalmente y sometido a distintas figuras de conservación. Sobre el papel, su importancia ambiental está fuera de discusión. Sin embargo, la vida cotidiana de la isla muestra una realidad mucho más contradictoria.

El acceso turístico permanece cerrado desde hace meses. La infraestructura que durante años permitió conectar a Santay con Guayaquil continúa deteriorada y, mientras el tiempo pasa, resulta difícil para la ciudadanía comprender quién tiene realmente la responsabilidad de repararla, mantenerla y garantizar nuevamente un acceso seguro. Las competencias parecen repartirse entre varias instituciones, pero cuando llega el momento de actuar, las respuestas no siempre son igual de claras.

Ese problema va mucho más allá del turismo. El cierre afecta directamente a las familias que dependen de los visitantes, limita actividades educativas y comunitarias y profundiza una sensación de aislamiento que Santay conoce demasiado bien. Una infraestructura abandonada no es solamente madera, metal o cemento deteriorándose: representa oportunidades que desaparecen para una comunidad.

A esta situación se suma ahora un nuevo desafío ambiental. La llegada de El Niño obliga a mirar con mayor preocupación el estado de muelles, estructuras, embarcaciones, drenajes y sistemas de acceso. En un territorio insular y estuarino, prepararse para lluvias intensas, variaciones del río y otros efectos meteorológicos no debería comenzar cuando aparezca la emergencia. La prevención también forma parte de la conservación.

Mientras tanto, buena parte de las respuestas cotidianas continúan dependiendo del esfuerzo de la propia población de Santay y de organizaciones de la sociedad civil. Son los habitantes de la isla quienes soportan de manera más directa el aislamiento, la reducción de ingresos, las dificultades de movilidad y las limitaciones que provoca el deterioro de la infraestructura. Y son también ellos quienes, junto con distintas iniciativas ciudadanas, mantienen actividades, cuidan espacios, buscan soluciones y hacen posible que Santay continúe funcionando a pesar de las dificultades.

Ese esfuerzo merece reconocimiento, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede exigirse a una comunidad y a la sociedad civil que compensen con esfuerzo propio la falta de respuestas que corresponden a las instituciones públicas? La población de Santay no puede convertirse permanentemente en la parte más sacrificada de un sistema de protección que, precisamente, debería mejorar sus condiciones de vida y garantizar su relación sostenible con el humedal.

Proteger un humedal no consiste únicamente en declararlo área protegida, incorporarlo a convenios internacionales o mencionarlo en documentos oficiales. Proteger significa también cuidar a la comunidad que lo habita, mantener su infraestructura, garantizar condiciones dignas, anticipar riesgos ambientales, coordinar responsabilidades y actuar antes de que los problemas se conviertan en emergencias.

No me cansaré de insistir: Santay no necesita más indefiniciones sobre quién debe hacer qué. Necesita coordinación, responsabilidades claras y decisiones.

Porque entre la protección legal y la conservación real existe una diferencia fundamental: la primera se escribe; la segunda se demuestra todos los días. Fotos: Wladimir Torres

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y Director del Observatorio de Santay
Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.  https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-29-de-septiembre-de-2026/

16 septiembre 2026

Cooperación internacional y realidades locales

La cooperación internacional puede representar una extraordinaria oportunidad para territorios como Santay. Existen organismos, fondos, programas y organizaciones dispuestos a apoyar iniciativas ambientales, sociales y comunitarias. Pero existe una pregunta que pocas veces hacemos: ¿qué ocurre cuando esa cooperación permanece en sus escritorios esperando propuestas que nunca llegan?

Muchos mecanismos funcionan a partir de proyectos presentados por ministerios, municipios u otras instituciones. ¿Pero qué sucede cuando no existe un expediente preparado para Santay, cuando nadie ha formulado el proyecto necesario o cuando, sencillamente, la isla no figura entre las prioridades? Puede darse entonces una paradoja: existe la necesidad, puede incluso existir el financiamiento, pero no existe el puente institucional que permita encontrarlos.

Y Santay continúa esperando.

También hemos visto intervenciones que reducen la isla a una sola dimensión. Santay aparece como un lugar donde sembrar manglar, desarrollar una investigación, ejecutar un proyecto ambiental o trasladar determinadas especies. Todo eso puede ser importante, pero Santay no es solamente manglar, fauna y paisaje. Santay es también una comunidad.

No basta con llegar, ejecutar una intervención y marcharse. La conservación necesita seguimiento, mantenimiento y responsabilidades que permanezcan después de la fotografía inaugural. Tampoco resulta justo calificar a una comunidad como poco colaboradora sin preguntarse primero si fue escuchada, si participó en las decisiones y si aquello que se le propone responde realmente a sus necesidades.

Quizás estoy soñando, pero sería interesante que los organismos internacionales que trabajan en Ecuador incorporaran alguna vez una prioridad muy sencilla: un humedal.

Un humedal con comunidad.

Un humedal con comunidad y con su acceso turístico cerrado desde hace más de nueve meses.

Un humedal con comunidad, con el acceso cerrado y con una escuela que lleva años sin electricidad ni internet.

Un humedal con una comunidad que debe transportar el agua hasta la isla y que paga posiblemente el agua potable más cara del Ecuador.

Un humedal que acumula todas esas dificultades y que, además, forma parte de un área protegida cuya administración institucional está en Guayaquil, a pocos kilómetros de distancia.

Quizás así puedan encontrar San Jacinto de Santay.

No se trata de pedir que la cooperación internacional sustituya al Estado ni de esperar que resuelva por sí sola los problemas de la isla. También existen otras vías que podrían explorarse con mayor decisión. Los municipios y las prefecturas, a través de la cooperación descentralizada, pueden establecer alianzas con gobiernos locales y regionales de otros países, universidades, fundaciones y redes internacionales para desarrollar proyectos concretos en territorios como Santay. No todo debe depender de que una propuesta llegue desde un ministerio o de que una gran agencia internacional decida incluir a la isla entre sus prioridades.

La cooperación descentralizada podría ser especialmente útil porque permite acercar las decisiones al territorio, trabajar sobre necesidades muy concretas y construir relaciones de largo plazo entre instituciones que enfrentan desafíos similares: gestión de humedales, agua, movilidad, educación, turismo sostenible, adaptación climática o fortalecimiento comunitario.

Tal vez sea necesario invertir la lógica. En lugar de esperar siempre que Santay llegue con un expediente perfectamente formulado hasta los escritorios de la cooperación, podríamos preguntarnos cuántos organismos, municipios, prefecturas y entidades de cooperación se han acercado alguna vez a la isla para decir simplemente: ¿qué necesitan, ¿qué pueden aportar ustedes y qué podemos construir juntos?

Porque la cooperación verdadera comienza cuando deja de esperar que la realidad llegue hasta el escritorio y decide salir a buscarla.

Fotos: Arturo Morales, Cafeina

11 julio 2026

Por qué hay que creer en Santay

Hay que creer en Santay porque no es solamente una isla frente a Guayaquil y Durán. Es un territorio vivo, habitado, con memoria, con familias, con niños, con escuela, con trabajo comunitario y con una relación profunda entre la gente, el río y el humedal.

Hay que creer en Santay porque su comunidad ha demostrado, durante décadas, que vivir en un área protegida no significa ser un problema para la conservación, sino parte de su sentido más humano. Allí se ha enseñado, cuidado, resistido y construido mucho más de lo que muchas veces se reconoce desde lejos.

Hay que creer en su escuela. Después de 26 años de esfuerzo comunitario, Santay pudo haber tenido ya un colegio, mejores condiciones, electricidad, internet y más oportunidades para sus niños y jóvenes. Sin embargo, las promesas han sido muchas y las respuestas concretas demasiado pocas. No se puede seguir ofreciendo el oro y el moro mientras necesidades básicas siguen esperando solución.

Hay que creer en sus niños y jóvenes, que siguen estudiando y creciendo a pesar de las dificultades que una escuela sin electricidad ni internet puede generar en estos tiempos. Esa realidad no debería ser normal, mucho menos en un territorio de tanta importancia ambiental y social.

Hay que creer en su población, porque cree en su propia fortaleza y en su solidaridad comunitaria. Cuando las respuestas institucionales han llegado tarde, incompletas o simplemente no han llegado, la comunidad ha intentado sostener su vida cotidiana, su educación, su turismo comunitario y su dignidad con lo poco que tiene.

Hay que creer en Santay porque es un humedal inscrito en la Convención de Ramsar. Ese reconocimiento internacional debe traducirse en mayores garantías de protección, mejores herramientas de gestión y nuevas oportunidades para fortalecer a su comunidad y a su ecosistema. Santay no debe ser vista únicamente como un sitio vulnerable, sino como un territorio con capacidades, derechos, memoria y potencial.

Hay que creer también en la posibilidad de que la cooperación internacional ponga sus ojos en esta isla y responda a sus necesidades. No como caridad ni como ayuda humanitaria, sino como una oportunidad para construir alianzas serias, transparentes y sostenidas en educación, conservación, restauración, seguridad, turismo comunitario y fortalecimiento organizativo.

También hay que creer en la posibilidad de que el aparato administrativo encargado de las áreas protegidas deje de mirar casi exclusivamente hacia Galápagos y ponga atención al resto del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Ecuador tiene otros territorios valiosos, frágiles y habitados que también necesitan presupuesto, presencia institucional, asistencia técnica y decisiones oportunas.

Santay necesita apoyo. Su organización comunitaria debe fortalecerse con capacitación, acompañamiento y ejemplo. Ningún proceso comunitario se sostiene únicamente con buena voluntad. Hace falta planificación, cooperación, liderazgo local, instituciones responsables y una mirada de largo plazo.

Hay que creer en Santay, pero también hay que preguntarse cómo sostener esa confianza cuando, teniendo la isla un muelle de llegada, Guayaquil no cuenta con un muelle de partida dedicado y funcional para su turismo fluvial. Santay necesita accesos seguros también desde Durán, pero ante todo requiere una conexión fluvial digna desde Guayaquil, coherente con su historia, su ubicación y su vocación turística.

Hay que creer en Santay porque su historia demuestra que la conservación no se hace solamente con decretos, discursos o reconocimientos internacionales. Se hace también con mantenimiento, presencia, seguridad, educación, respeto y decisiones públicas responsables. Un humedal habitado necesita instituciones que escuchen, que actúen y que comprendan que detrás de cada obra abandonada hay personas que cargan con sus consecuencias.

No se puede tratar a Santay como un asunto secundario. No puede ser normal que una comunidad ubicada a pocos cientos de metros de dos de las ciudades más importantes del país deba esperar indefinidamente por soluciones básicas. No puede ser normal que una obra pública, creada para conectar y beneficiar, termine convirtiéndose en una carga para quienes debía servir.

Creer en Santay no es idealizarla. Es reconocer sus problemas, sus necesidades y también su enorme valor. Es entender que su comunidad no pide privilegios, sino respuestas concretas, seguridad, acceso digno, educación, conectividad y respeto por su derecho a vivir y trabajar en su territorio.

Hay que creer en Santay porque todavía es posible corregir lo que se ha hecho mal. Porque aún se puede reparar, coordinar, informar, cooperar y actuar. Porque el abandono no puede ser el destino de un humedal de importancia internacional ni de la comunidad que lo habita.

Santay ha esperado demasiado. Y cuando una comunidad sigue creyendo en su territorio, el Estado no tiene derecho a seguir fallando.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-10-de-julio-de-2026/

25 junio 2026

¿Quién debe reparar Santay?

Durante los últimos meses se ha vuelto frecuente escuchar que la comunidad de la Isla Santay debe involucrarse en la búsqueda de soluciones para recuperar el turismo afectado por el cierre del acceso peatonal y ciclista. La participación comunitaria siempre es positiva y necesaria. Santay ha demostrado durante años organización, resiliencia y compromiso con su territorio.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre colaborar en las soluciones y asumir responsabilidades que corresponden al Estado.

La infraestructura de acceso a Santay, incluida la calzada compartida para peatones y bicicletas, fue concebida, diseñada, contratada, fiscalizada y administrada por instituciones públicas. Aunque eventualmente pobladores de la isla hayan participado como mano de obra en determinadas etapas, eso no significa que la comunidad haya tenido responsabilidad técnica, contractual o institucional sobre la obra. No fue la comunidad quien definió los materiales, aprobó los diseños, supervisó técnicamente su instalación ni administró los recursos destinados a su construcción y mantenimiento.


Por ello resulta legítimo preguntarse por qué, casi diez años después de que la Contraloría General delEstado identificara problemas técnicos y deterioro prematuro en esa infraestructura elevada, la situación ha terminado afectando principalmente a quienes menos responsabilidad tuvieron en su origen.

Los pobladores de Santay no fueron responsables de las decisiones técnicas ni institucionales que dieron origen a la calzada compartida de acceso ni a las camineras peatonales internas de la comunidad. Tampoco estuvieron a cargo de garantizar su mantenimiento estructural. Sin embargo, son quienes han debido adaptarse a las restricciones, explicar la situación a los visitantes y enfrentar diariamente las consecuencias del cierre.

Detrás de esta situación existen familias, emprendedores, estudiantes y trabajadores que han visto reducirse las oportunidades asociadas al turismo comunitario. Mientras tanto, la discusión pública parece trasladar cada vez más hacia la propia comunidad la responsabilidad de encontrar soluciones.

La pregunta no debería ser quién tiene la culpa. La pregunta es quién tiene la responsabilidad.

Las comunidades pueden colaborar, aportar ideas y convertirse en aliadas de la conservación y el desarrollo local. Pero no deberían verse obligadas a sustituir las obligaciones de las instituciones responsables de garantizar la seguridad, el mantenimiento y la continuidad de obras construidas con recursos de todos los ecuatorianos.

Santay continúa demostrando su compromiso con la conservación, la educación ambiental y el turismo comunitario. Lo mínimo que merece es que las instituciones responsables asuman también el suyo. Porque cuando una obra pública deja de funcionar, no debería ser la comunidad más pequeña la que cargue con el peso más grande.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-24-de-junio-de-2026/

NOTA: La imágenes no hace parte del contenido publicado en El Comercio. Pero si hacen parte de la historia de Santay. 

12 junio 2026

Volver a construir sobre el río


Durante siglos, el río Guayas no fue únicamente un paisaje observado desde tierra firme. Fue espacio de navegación, trabajo, intercambio, vivienda y construcción. Sus orillas y esteros estuvieron marcados por embarcaciones, astilleros ribereños y estructuras flotantes que formaban parte natural de la vida cotidiana de Guayaquil y de poblaciones conectadas al sistema fluvial.

La Isla Santay también formó parte de esa relación histórica entre comunidad y río. Mucho antes de que los malecones modernos transformaran la percepción urbana del Guayas, el río era entendido como territorio vivo, productivo y habitado.

El Observatorio de Santay no fue construido en la isla, sino en el río Babahoyo. Desde allí emprendió una travesía de 26 horas hasta llegar a Santay, como un gesto concreto de recuperación de la navegación fluvial y de la construcción naval ribereña. Su llegada al humedal recordó que el río no es únicamente un paisaje para mirar desde la orilla, sino un espacio por donde todavía es posible construir, desplazarse, educar y convivir de manera integrada con el agua.

En tiempos donde gran parte de las ciudades parecen haber dado la espalda a sus ríos, experiencias como el Observatorio recuerdan que las culturas fluviales forman también parte del patrimonio histórico y técnico del Ecuador.

A lo largo del río Guayas y del Babahoyo existieron durante generaciones embarcaciones, plataformas, muelles y construcciones flotantes vinculadas a la vida comercial y comunitaria. Esa relación cotidiana con el agua ayudó a definir la identidad de numerosas poblaciones ribereñas.

Recuperar esa memoria no significa regresar al pasado, sino comprender que los ríos pueden volver a ser espacios de encuentro, educación, movilidad y cultura.

Santay recuerda así que un humedal habitado no se limita a conservar la naturaleza. También conserva formas de relación humana con el río que todavía tienen mucho que enseñarnos.

José Delgado Mendoza, Gestor cultural y ambiental. Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-11-de-junio-de-2026/

04 junio 2026

Un humedal donde también vive gente

Foto: Cafeina
Durante mucho tiempo, gran parte de las áreas protegidas fueron imaginadas como espacios naturales alejados de la presencia humana. Sin embargo, existen territorios donde naturaleza y comunidad han convivido históricamente formando un mismo sistema de vida.

Incluso en el Ecuador existen áreas protegidas donde la presencia humana forma parte de la realidad territorial, como ocurre parcialmente en las Islas Galápagos. Esto recuerda que conservar no siempre significa excluir a las comunidades, sino gestionar de manera responsable la convivencia entre naturaleza, población y actividades humanas.


La Isla Santay es también uno de esos casos.

Frente a Guayaquil, este humedal ha sido durante generaciones espacio de vivienda, pesca, agricultura, navegación y relación cotidiana con el río. Su biodiversidad convive con una comunidad que ha desarrollado formas propias de adaptación y permanencia dentro del humedal.

Comprender Santay únicamente desde la conservación ambiental sería mirar solamente una parte de su realidad. Santay es también un territorio socioambiental habitado, donde los desafíos de educación, movilidad, turismo, conectividad y desarrollo comunitario forman parte de la gestión misma del humedal.

Esa condición convierte a Santay en un espacio particularmente complejo y valioso. Aquí la gobernanza no consiste únicamente en proteger ecosistemas, sino también en construir acuerdos que permitan equilibrar conservación y vida comunitaria.

Los niños y jóvenes que cruzan diariamente hacia sus escuelas y colegios, los habitantes que han visto afectada su actividad turística por el cierre del acceso peatonal desde hace ya 28 semanas, los guardaparques, los visitantes y las iniciativas culturales forman parte de una misma realidad territorial que necesita ser entendida de manera integral. La falta de información clara sobre cuándo y cómo se realizarán las reparaciones necesarias para recuperar la infraestructura de acceso también forma parte de ese desafío de gobernanza.

Uno podría pensar que el silencio institucional responde a trabajos que aún se encuentran en planificación y que pronto serán anunciados. Pero también surge la inquietud de que la falta prolongada de información y decisiones concretas termine convirtiéndose en una forma de inacción con consecuencias cada vez más graves para el humedal y su comunidad.

A veces surge una pregunta incómoda: si para algunas entidades públicas la comunidad de Santay parece estar de más. Sin embargo, una de las razones por las que este humedal conserva condiciones ambientales excepcionales es precisamente el respeto y la relación histórica que sus habitantes han mantenido con el territorio.

Conviene recordar que, cuando la isla fue reconocida como Humedal de Importancia Internacional bajo la Convención Ramsar en el año 2000 y posteriormente declarada área protegida en 2010, tanto los organismos internacionales como las autoridades ecuatorianas conocían plenamente la existencia de una población local que vivía allí desde hacía generaciones. Santay no fue declarada importante a pesar de su comunidad, sino también con ella presente.

En tiempos donde muchas ciudades buscan reconectarse con sus ríos y humedales, Santay ofrece una oportunidad para reflexionar sobre nuevas formas de convivencia entre naturaleza y sociedad.

Proteger un humedal habitado significa entonces algo más profundo que conservar paisajes. Significa también cuidar las relaciones humanas, culturales e históricas que permiten que ese territorio continúe vivo.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-4-de-junio-de-2026/

07 abril 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: sembrando futuro desde Santay


“Pequeños Guardianes del Humedal” es, en esencia, una apuesta a largo plazo.




En la Isla Santay, donde el río y la vida se entrelazan cada día, está ocurriendo algo profundamente esperanzador: niños y jóvenes de la comunidad están descubriendo, con sus propias manos y miradas, el valor de su territorio.


El curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, impulsado por el Observatorio de Santay, no es solo una actividad recreativa. Es una experiencia formativa que busca despertar conciencia, identidad y compromiso con este humedal vivo y habitado.

🐾 Aprender desde el territorio

A través de dinámicas participativas, recorridos, juegos y actividades creativas, los niños se acercan a los elementos esenciales de Santay:

  • El agua, como fuente de vida
  • La fauna, como riqueza que debemos proteger
  • El territorio, como espacio compartido entre naturaleza y comunidad



Y en medio de esta aventura aparece Santi, el oso hormiguero de Santay, quien se ha convertido en el guía simbólico del programa. A través de él, los niños conectan con mensajes clave sobre el cuidado del humedal, pero también con algo más profundo: el orgullo de pertenecer a este lugar.

🎓Aprender Haciendo

El enfoque del curso es claro: aprender haciendo.

Cada fin de semana se desarrollan actividades prácticas cuyos resultados son presentados y compartidos los días lunes. Esto no solo refuerza el aprendizaje, sino que permite a los niños expresarse, reflexionar y construir conocimiento desde su propia experiencia.

Aquí no hay espectadores. Todos son protagonistas.




🤝 Una iniciativa con raíces comunitarias

El curso cuenta con el valioso apoyo de los guardaparques del Área Nacional de Recreación Isla Santay, así como con la tutoría de Fabiana Achiote, maestra comunitaria de la escuela de la isla.

Esta articulación entre comunidad, educación y conservación refleja justamente lo que Santay necesita: procesos construidos desde dentro, con su gente, para su futuro.

🌱 Más que un curso, una siembra

Porque cuidar Santay no empieza con grandes proyectos, sino con pequeñas acciones… con niños que entienden su entorno, que lo valoran y que, poco a poco, se convierten en sus mejores defensores.

Desde el Observatorio de Santay creemos firmemente en esto:
no hay conservación posible sin comunidad, y no hay comunidad sostenible sin educación.

Hoy, en cada dibujo, en cada recorrido, en cada historia compartida, se está sembrando algo que va mucho más allá de un curso vacacional.

Se está sembrando futuro.














24 junio 2025

Un humedal contado al mundo: ¡1.260.000 visitas al blog!


Hoy celebramos más que una cifra. Superar el millón doscientas sesenta mil visitas en no es simplemente una cuestión de métricas: es el reflejo de un puente virtual que ha unido a miles de personas con una isla viva, resiliente y profundamente significativa para el Ecuador.

Desde el año 2007, cuando se publicó la primera entrada, cada visita ha significado un descubrimiento: del humedal, de la memoria oral, de los personajes, de la ciencia que se construye en comunidad. 

Este blog ha sido testigo y parte activa de los acontecimientos que han marcado la historia reciente de la isla, como la consolidación del Observatorio de Santay, las exposiciones patrimoniales, las luchas sociales y la difusión de la riqueza ambiental del Guayas.

Un reflejo en cifras

La gráfica de visitas, mes a mes, muestra que el interés por Santay no es pasajero. Cada pico responde a momentos clave:

  • Publicaciones que cruzan historia y ciencia, como “Los vapores del Guayas”.
  • Celebraciones ambientales que amplifican el valor del humedal como Sitio RAMSAR.
  • Testimonios y archivos que rescatan el protagonismo de la comunidad isleña.

Estas cifras hablan de lectores en Ecuador, pero también desde América, Europa y más allá. ¡Santay se ha globalizado sin perder su raíz!

La isla contada por quienes la habitan

Gracias a este espacio, hemos logrado documentar y visibilizar:

  • El liderazgo de la Asociación de Pobladores de Santay desde 1998.
  • La voz de los abuelos, pescadores, docentes y niños de la isla.
  • La transformación de un espacio rural en un referente nacional de sostenibilidad.

Detrás de cada artículo hay una intención clara: conservar la memoria, defender la dignidad y proyectar el futuro que Santay merece.

Gracias por ser parte de este viaje. ¿Nos ayudas a llegar a los próximos 2 millones?


12 agosto 2024

Angel Gabriel Cruz Parrales, niño Simón Bolívar 2024, un pequeño heroe de la isla

En la Isla Santay, frente a Guayaquil, donde el sol brilla con fuerza y las olas del río Guayas susurran secretos, vive un niño llamado Ángel Gabriel Cruz Parrales. Con tan solo 9 años, Ángel ya ha demostrado ser un joven excepcional. Nacido el 11 de febrero de 2015, es el tercer hijo de una familia de cuatro hermanos. Aunque es el más pequeño de los varones, su corazón es grande y lleno de sueños.

Desde muy pequeño, Ángel ha mostrado un interés especial por el mundo militar. Sueña con vestir el uniforme y proteger a su país, asegurando que su familia viva en tranquilidad, unión y prosperidad. Pero no todo en la vida de Ángel es disciplina y deber. También es un apasionado del fútbol, y pasa horas jugando con sus amigos en el parque de su comunidad.

Además, Ángel tiene un talento especial: sabe crear juegos de computación y de celular. Aunque reconoce que sus creaciones pueden ser pesadas y ralentizar la computadora de su tía, no se desanima. Sueña con tener su propia computadora algún día para poder desarrollar sus ideas sin límites.

Este año, Ángel ha alcanzado un logro impresionante. Ha obtenido las más altas calificaciones en su clase, lo que le ha permitido llevar el honor de representar al Libertador Simón Bolívar, en el evento anual “Bolívar vuelve a Santay”. Este evento, que se celebra cada año en la Isla Santay, recrea la llegada del Libertador Simón Bolívar a la isla en 1829, cuando buscaba recuperarse de una grave enfermedad. 

El viernes 23 de agosto a partir de las 9h30 en el muelle comunitario, la comunidad se viste de fiesta para recibir al Libertador y sus acompañantes,  se realizarán actividades culturales y artísticas para celebrar este acontecimiento. Al mismo tiempo se dan inicio a las fiestas patronales de San Jacinto de Santay. 

Sus padres, Carlos Cruz y Angélica Parrales, están llenos de orgullo y alegría por el reconocimiento a su hijo. No es la primera vez que la familia celebra un logro así, ya que su hija mayor también fue reconocida en años anteriores.

La comunidad escolar felicita a Ángel por su esfuerzo y compromiso con la misión educativa. Su historia es un recordatorio de que, con dedicación y pasión, los sueños pueden hacerse realidad.

La Asociación de Servicios Turísticos de Santay, la escuela Jaime Roldós Aguilera y la Asociación Amigos de Santay organizan este evento cívico, educativo y cultural con el objetivo de fortalecer las raices historicas de la población de la Isla Santay. Es el onceavo año consecutivo que se realiza y cada vez va tomando fuerza y aceptación en la comunidad y fuera de ella. Los esperamos !

06 noviembre 2022

Santay BioDiversa: la mirada fotográfica de Ángel Bayona

El Observatorio de la Isla Santay se llena de vida a través del lente del fotógrafo Ángel Bayona, quien presenta su exposición “Santay BioDiversa”, un homenaje visual a la riqueza ecológica del humedal más cercano a Guayaquil.

La naturaleza en primer plano

Las fotografías de Bayona revelan detalles que a menudo pasan desapercibidos:

  • Aves acuáticas en pleno vuelo

  • Reptiles tomando el sol en silencio absoluto

  • Semillas y flores que anuncian nuevos ciclos

  • La convivencia entre manglar, río y comunidad

Cada imagen muestra un instante irrepetible en el que la vida se manifiesta con toda su fuerza.

“Fotografiar es aprender a esperar que el humedal nos hable.”
— Ángel Bayona

El arte como defensa del humedal

Además de su propuesta estética, la exposición cumple una función educativa:
poner en valor la biodiversidad de Santay frente a los desafíos ambientales que enfrenta el estuario.

En cada panel, una breve descripción ayuda al visitante a identificar las especies y comprender su importancia ecológica.

Una experiencia que transforma la mirada

Esta muestra fortalece la misión del Observatorio como Centro de Información del Humedal Santay, generando sensibilización a través de los sentidos.

Los primeros visitantes ‒entre ellos estudiantes y residentes de la isla‒ ya están descubriendo nuevas razones para cuidar este territorio vivo.






 Exposición abierta en el Observatorio de la Isla Santay

Un recorrido que invita a mirar con paciencia y con respeto.

16 octubre 2022

Talentos de Casa Hogar Inés Chambers: arte con sentido comunitario en Santay

El Observatorio de la Isla Santay se transforma nuevamente en un espacio de encuentro creativo. 

En esta ocasión, presenta una exposición llena de sensibilidad y esperanza: las obras artísticas realizadas por niños y jóvenes de la Casa Hogar Inés Chambers, institución que acompaña el desarrollo integral de la niñez.

Cuando el arte es una voz

Los visitantes pueden apreciar dibujos y pinturas que expresan:
  • Los sueños y emociones de cada participante
  • Su relación con la naturaleza y el entorno fluvial
  • Colores vivos que dialogan con la energía de la isla.

Esta muestra nos recuerda que el arte es también una forma de crecimiento personal y social, especialmente cuando nace desde contextos de cuidado, afecto y resiliencia.

“Cada trazo cuenta una historia que merece ser vista y celebrada.”
— Equipo del Observatorio

Vinculación que construye comunidad

Esta exposición es fruto de la colaboración entre la Casa Hogar Inés Chambers, la Asociación Amigos de Santay y el Observatorio.
Una acción concreta que fortalece los lazos entre la isla y Guayaquil a través del arte y la educación.

El recorrido ofrece mensajes que resaltan la importancia de la inclusión, la creatividad como herramienta de cambio y el derecho de niñas, niños y adolescentes a expresarse libremente.

El Observatorio como espacio para todos

Esta es una experiencia que invita a:

  • Valorar el talento juvenil
  • Promover el respeto a la diversidad
  • Reconocer que Santay es un lugar donde todos pueden aprender, crear y sentirse parte

Exposición abierta en el Observatorio de la Isla Santay
Arte que nace desde el corazón de la ciudad… hacia el corazón del humedal.