
Hoy..a siete minutos de que finalice otro Día de la Tierra, Ecuador olvidó nuevamente dar un regalo tangible al planeta: la Isla Santay, como Area Protegida.

El develamiento de la construcción de una serie de dispositivos sobre el Río Guayas, frente al malecón renovado, da cuenta de una política de agresiva comercialización del paisaje en una ciudad que, como Guayaquil, carece de oasis visuales, tan necesitados a la hora de buscar el reposo necesario.
Varios ejemplos pueden ser enumerados para intentar poner sobre el tapete la necesidad de incluir al paisaje como un elemento clave para una agenda por la reivindicación de los derechos de los habitantes de esta urbe.
Un monumento a Guayas y Quil, aquellos personajes mitológicos que son usados para afirmar los sentidos políticos más retardatarios, incluyendo la sumisión perenne de la mujer, se diseña para construir un paradero turístico que emule a monumentos insignes como la Estatua de la Libertad. Un casino sobre el río, que se halla en vías de construcción, confirma la prominencia de intereses comerciales vinculados a este oscuro sector de la economía, que, con la bendición de Nebot se ha tomado ya el centro renovado.
Y, claro, todos los ojos se dirigen nuevamente a la Isla Santay, aquella reserva natural largamente ambicionada por los urbanistas, y que está en la mira para, quizás, convertirse hasta en un pedazo de Disneylandia. En otras áreas claves de la ciudad, la problemática es la misma. Cerro Blanco vive permanentemente amenazado por la expansión de intereses transnacionales, y, el Parque del Lago, aquella hermosa represa, ha sido ya tomado por compañías constructoras a despecho de las inminentes consecuencias sobre la contaminación de una de las fuentes de agua principales para su zona de influencia.
El problema crucial, atestiguado por todos estos ejemplos, es el de la creación de una ciudad entrópica: condenada a la destrucción sistemática de su medio ambiente y de aquel, de por sí ya escaso, paisaje que alimenta la recreación de los ciudadanos. La discusión de fondo se dirige a una administración local caracterizada por el develamiento de proyectos de desarrollo sin el debate correspondiente con la población afectada que, en todos los casos nombrados, es el conjunto de la población que los visita en su búsqueda por algo de descanso. En una ciudad donde la mayoría de parques han sido construidos para ver y no tocar, la prominencia de los intereses corporativos sobre el espacio público debe revertirse.
Tomado de El Telégrafo, primer periódico público del Ecuador, 09-04-2007
Una muestra de la procedencia y de la permanencia de los pobladores de Santay.


El proyecto ‘Residencia solo con natura’ se desarrolló desde el 16 de agosto hasta el pasado viernes. Las obras se encuentran expuestas en la isla.
Faltaban 37 minutos para que el artista Hernán Zúñiga dejara a las 12:20 del pasado viernes la isla Santay, en la que permaneció ocho días y medio para participar en el proyecto ‘Residencia solo con natura’, junto con otros seis exponentes de la plástica del país y Estados Unidos.
Se trasladó hasta una de las mesas del restaurante del lugar donde se encontraban varios de los colonos, que fueron los guías que los acompañaron durante su estadía en el humedal, como también se la denomina a la Santay.
Luego Zúñiga tomó un cuaderno que uno de ellos le ofreció y escribió un pensamiento: “A todos mis hermanos de Santay / con respeto y aprecio les deseo / la salud y bienestar / que tienen los pájaros / las plantas y el cielo / que cubre a Santay / con una lluvia de colores. / Todos son artistas de la vida / en la plenitud del río / y el horizonte circular / de la Isla”.
El texto de Zúñiga resume la integración que lograron los artistas plásticos con los habitantes de la Santay. La naturaleza fue el nexo entre los grupos, porque debían elaborarse siete obras en cualquier espacio de la isla usando sus materiales naturales de vegetación, como la hoja de palma y lechuguín, la flor de palo prieto, el bejuco de agua, las semillas del guasmo y del compoño, la palma de coco, y la paja.
A más de la relación de trabajo que mantuvieron los artista Juan Carlos León, Adrián Washco, Christian Proaño, Katia Cazar, Hernán Zúñiga, Kim Waale y Mary Ghiel con los isleños, se formó una relación de amistad que motivó a que estos últimos “cuenten sobre sus vidas, sobre cómo diferenciar los distintos árboles y barro que poseen, las clases de especies de fauna que tienen”, sostuvo Juan Carlos León.
Aunque Mary Ghiel y Kim Waale, artistas estadounidenses participantes del proyecto, no hablaban mucho español, ese detalle no fue un limitante para que fraternizaran con los habitantes de la Santay. Al mediodía del pasado viernes, a varios de ellos les repartieron materiales para que continúen la labor artística aun luego de culminar la residencia.
La tarde del pasado jueves, Valentino Domínguez dibujaba con mucho cuidado sobre un pedazo de madera cubierto de barniz negro la forma de varias aves del humedal, del cocodrilo y de una serpiente.
Dijo que regresó a la pintura gracias a la confianza de Waale y a este proyecto, organizado por la Municipalidad de Guayaquil, la fundación Malecón 2000 y Aprofe, y que promovía la utilización de elementos naturales de la vegetación de la Santay y que artistas y colonos vivieran y trabajaran juntos. “A mí me encanta hacer obras y ahora he vuelto a esto. La artista de Estados Unidos me dijo que pintara los animales de la isla Santay y con mi amigo José pusimos lo mejor para que se vea bonito el trabajo”, añadió.
A Santiago Domínguez, de cuatro años y nativo de la isla, le resultó fácil desde los primeros días de la residencia reconocer el sendero que conducía hacia la obra de Juan Carlos León. Acompañado de Puchín, uno de los perros del lugar, todos los días le gustaba ver cómo trabajaban los artistas participantes del proyecto.
Juan Carlos Domínguez, de ocho años y uno de los 39 alumnos de la escuela unidocente rural Jaime Roldós Aguilera, creada en la isla hace siete años, desconocía la razón por la cual los artistas visitaban la Santay, sin embargo, refirió que le gustó mucho el taller de títeres que le dictó la escultora Ángela Echanique, quien no estaba dentro del equipo del proyecto pero se resolvió que hiciera una obra y brindara cursos artísticos a los niños.
Ella, quien se trasladaba a diario en lancha a motor hasta el humedal, mencionó que los colonos “son gente intrépida, generosa, colaboradora y sencilla”. Su obra se basa en la unión familiar, en la libertad que tiene cada miembro para recorrer los caminos del lugar y la conservación de las especies. Se titula Metamorfosis y representa una pareja de esposos y un niño en forma de pájaro. En la parte inferior de la escultura se aprecian las figuras de varios animales que hay en la Santay.
José Domínguez, de 67 años y el morador más antiguo de la isla, en la que residen 45 familias y cuya población es de 204 habitantes, indicó que el lugar se ve más colorido por la realización de las obras “y la gente está entusiasmada con que los artistas estén aquí durante el proyecto; ojalá que cuando ellos se vayan haya muchas personas que visiten San Jacinto de Santay para que se la vea animada, alegre”. Zúñiga aspira a volver más seguido al humedal y también anhela que los habitantes lo sigan conservando.
DICEN DEL PROYECTO
ENA GOMERO, MAESTRA “Algunos niños saben del proyecto porque ellos se interesan por andar con los artistas, pero todos han recibido los talleres de biodanza y títeres”.
KIM WAALE, ARTISTA“Muchos compartieron con nosotros sus conocimientos y con Valentino, mi colaborador, pasé buenos momentos”.
ADRIÁN PÉREZ, VISITANTE“Este proyecto ayuda a que se fomente aún más el turismo en la isla y a que sus habitantes sean más cultos”.
La bandera de nuestro cantón y el nombre de este en su estandarte
demuestran el orgullo que sienten de ser DURANEÑOS
En lo que a salud se refiere esperamos que la nueva directora de salud del área 17, sea sensible a las necesidades de estos conciudadanos y destine un médico rural para que se encargue del cuidado permanente de la salud de esos hombres mujeres y niños que tanto necesitan.
El gobierno nacional a destinado fondos para la atención en el área de salud de quienes más lo necesitan, una noble labor para nuestra alcaldesa seria el interceder con sus buenos oficios para lograr adecuar un local debidamente equipado para que se establezca un Subcentro del Ministerio de Salud, que dé atención permanente a los pobladores de la Santay, para que ningún duraneño de esta isla vuelva a nacer en medio del rió Guayas.
Los pobladores de la Santay son gente callada que necesitan ser defendidos y ayudados para evitar los abusos como los que ocurren cuando utilizan arbitrariamente las instalaciones de la escuela, que fue construida en 1992 con fondos y esfuerzos del Comité Ecológico de la ESPOL, sus 2 letrinas y su espacio físico por los turistas que llegan de visita y cuando esto ocurre los niños son sacados y reciben sus clases en donde pueden, hoy la estructura de la escuela esta muy dañada, y es gracias a los esfuerzos de ecuatorianos incluidos varios duraneños radicados en Suiza, que están informados de las injustas condiciones de vida a las que están sometidos los niños de la Santay, que se han obtenido algunos fondos para comprar materiales que con el trabajo entusiasta de los mismos pobladores permitan a la ESCUELA JAIME ROLDOS volver a recibir a ese grupo de niños que luchan por salir de la ignorancia en la que da la impresión quieren mantenerlos sumergidos quienes saben que una población sin educación es callada, temerosa y fácil de esclavizar, aquellos quienes entienden que si los hijos de la Santay se preparan y se educan aprenderán a reclamar lo que por derecho les pertenece y a quienes hoy se les están negando El derecho a una vida Digna
Pobladores de la Santay observan e intentan reparar
los daños en el techo y estructura de la escuela JAIME ROLDOS.
En esta imagen puede observarse, los serios daños que a
la fecha tiene en su estructura la única escuela que funciona
en la Santay, que deben ser reparados para que los niños
puedan seguir con sus estudios

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| El sábado pasado, Benito Parrales daba los últimos acabados a su nueva casa. Dos meses demoró en levantarla en la isla Santay, frente a Guayaquil. |