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25 junio 2026

¿Quién debe reparar Santay?

Durante los últimos meses se ha vuelto frecuente escuchar que la comunidad de la Isla Santay debe involucrarse en la búsqueda de soluciones para recuperar el turismo afectado por el cierre del acceso peatonal y ciclista. La participación comunitaria siempre es positiva y necesaria. Santay ha demostrado durante años organización, resiliencia y compromiso con su territorio.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre colaborar en las soluciones y asumir responsabilidades que corresponden al Estado.

La infraestructura de acceso a Santay, incluida la calzada compartida para peatones y bicicletas, fue concebida, diseñada, contratada, fiscalizada y administrada por instituciones públicas. Aunque eventualmente pobladores de la isla hayan participado como mano de obra en determinadas etapas, eso no significa que la comunidad haya tenido responsabilidad técnica, contractual o institucional sobre la obra. No fue la comunidad quien definió los materiales, aprobó los diseños, supervisó técnicamente su instalación ni administró los recursos destinados a su construcción y mantenimiento.


Por ello resulta legítimo preguntarse por qué, casi diez años después de que la Contraloría General delEstado identificara problemas técnicos y deterioro prematuro en esa infraestructura elevada, la situación ha terminado afectando principalmente a quienes menos responsabilidad tuvieron en su origen.

Los pobladores de Santay no fueron responsables de las decisiones técnicas ni institucionales que dieron origen a la calzada compartida de acceso ni a las camineras peatonales internas de la comunidad. Tampoco estuvieron a cargo de garantizar su mantenimiento estructural. Sin embargo, son quienes han debido adaptarse a las restricciones, explicar la situación a los visitantes y enfrentar diariamente las consecuencias del cierre.

Detrás de esta situación existen familias, emprendedores, estudiantes y trabajadores que han visto reducirse las oportunidades asociadas al turismo comunitario. Mientras tanto, la discusión pública parece trasladar cada vez más hacia la propia comunidad la responsabilidad de encontrar soluciones.

La pregunta no debería ser quién tiene la culpa. La pregunta es quién tiene la responsabilidad.

Las comunidades pueden colaborar, aportar ideas y convertirse en aliadas de la conservación y el desarrollo local. Pero no deberían verse obligadas a sustituir las obligaciones de las instituciones responsables de garantizar la seguridad, el mantenimiento y la continuidad de obras construidas con recursos de todos los ecuatorianos.

Santay continúa demostrando su compromiso con la conservación, la educación ambiental y el turismo comunitario. Lo mínimo que merece es que las instituciones responsables asuman también el suyo. Porque cuando una obra pública deja de funcionar, no debería ser la comunidad más pequeña la que cargue con el peso más grande.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-24-de-junio-de-2026/

NOTA: La imágenes no hace parte del contenido publicado en El Comercio. Pero si hacen parte de la historia de Santay. 

18 junio 2026

La escuela y la transformación de Santay

En la Isla Santay, la escuela nunca ha sido únicamente un lugar para recibir clases. Desde hace generaciones, la educación ha representado para la comunidad una esperanza de transformación y permanencia dentro del humedal.

La escuela comunitaria de Santay comenzó a funcionar alrededor del año 2000. Su creación marcó un momento importante en la historia social de la isla, porque durante gran parte del siglo XX la vida de sus habitantes estuvo vinculada principalmente al trabajo hacendario, la ganadería, la agricultura y las dinámicas propias del río.

Eso también plantea una reflexión histórica profunda: ¿cómo fue posible que durante décadas generaciones enteras de trabajadores ribereños y sus familias crecieran con acceso limitado o inexistente a educación formal dentro de la isla?

Como ocurrió en muchas zonas rurales y haciendas del Ecuador, gran parte del aprendizaje cotidiano se transmitía entonces desde la experiencia familiar y comunitaria. Los habitantes aprendían navegación, manejo del ganado, agricultura, pesca, conocimiento de las mareas y adaptación al humedal mucho antes de que existiera una infraestructura educativa permanente en el territorio.

La aparición de la escuela representó así mucho más que la construcción de un aula. Significó el paso desde una comunidad marcada principalmente por dinámicas de trabajo rural y ribereño hacia una nueva etapa donde la educación comenzó a ocupar un lugar central en las aspiraciones de las familias de Santay.

A pesar de las dificultades propias del humedal —mareas, humedad, ambiente salino y problemas de acceso— la escuela se convirtió en uno de los principales símbolos de unidad y futuro para la comunidad.

Con los años, este espacio también acogió actividades culturales, talleres ambientales y procesos de fortalecimiento de identidad territorial. Allí, los niños de Santay no solamente aprenden contenidos escolares; también crecen comprendiendo el valor ambiental, histórico y humano del lugar donde viven.

Hoy, cuando gran parte de la educación depende de herramientas digitales y conectividad, resulta inevitable recordar el compromiso anunciado el año pasado de dotar de electricidad e internet a la escuela de Santay. Cumplir esa promesa significaría mucho más que incorporar infraestructura tecnológica: representaría una señal concreta de apoyo a los niños y jóvenes que estudian dentro del humedal.

La escuela se encuentra a menos de 800 metros de Guayaquil, pero muchas veces parece permanecer demasiado lejos de las prioridades institucionales. Llevar electricidad e internet a este espacio educativo sería también reconocer que las comunidades que habitan territorios protegidos merecen acceder a oportunidades en condiciones dignas, sin que su ubicación geográfica se convierta en una forma de exclusión.

Pensar el futuro de Santay implica igualmente pensar en el futuro de su escuela. Porque educar en un humedal habitado significa también cuidar a las nuevas generaciones que darán continuidad a la vida comunitaria y ambiental de la isla.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-18-de-junio-de-2026/

12 junio 2026

Volver a construir sobre el río


Durante siglos, el río Guayas no fue únicamente un paisaje observado desde tierra firme. Fue espacio de navegación, trabajo, intercambio, vivienda y construcción. Sus orillas y esteros estuvieron marcados por embarcaciones, astilleros ribereños y estructuras flotantes que formaban parte natural de la vida cotidiana de Guayaquil y de poblaciones conectadas al sistema fluvial.

La Isla Santay también formó parte de esa relación histórica entre comunidad y río. Mucho antes de que los malecones modernos transformaran la percepción urbana del Guayas, el río era entendido como territorio vivo, productivo y habitado.

El Observatorio de Santay no fue construido en la isla, sino en el río Babahoyo. Desde allí emprendió una travesía de 26 horas hasta llegar a Santay, como un gesto concreto de recuperación de la navegación fluvial y de la construcción naval ribereña. Su llegada al humedal recordó que el río no es únicamente un paisaje para mirar desde la orilla, sino un espacio por donde todavía es posible construir, desplazarse, educar y convivir de manera integrada con el agua.

En tiempos donde gran parte de las ciudades parecen haber dado la espalda a sus ríos, experiencias como el Observatorio recuerdan que las culturas fluviales forman también parte del patrimonio histórico y técnico del Ecuador.

A lo largo del río Guayas y del Babahoyo existieron durante generaciones embarcaciones, plataformas, muelles y construcciones flotantes vinculadas a la vida comercial y comunitaria. Esa relación cotidiana con el agua ayudó a definir la identidad de numerosas poblaciones ribereñas.

Recuperar esa memoria no significa regresar al pasado, sino comprender que los ríos pueden volver a ser espacios de encuentro, educación, movilidad y cultura.

Santay recuerda así que un humedal habitado no se limita a conservar la naturaleza. También conserva formas de relación humana con el río que todavía tienen mucho que enseñarnos.

José Delgado Mendoza, Gestor cultural y ambiental. Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-11-de-junio-de-2026/

17 mayo 2026

Los niños también conservan humedales


En la isla Santay acaba de culminar el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”. Durante varias semanas, 42 niños y niñas de la comunidad participaron en una experiencia de educación ambiental realizada junto a los guardaparques del área protegida y la asociación de pobladores. Fue una actividad sencilla, pero profundamente significativa: los niños aprendieron sobre su territorio, escucharon a quienes cuidan el área, compartieron juegos, preguntas y aprendizajes, y recibieron sus diplomas como pequeños guardianes del humedal.

Detrás de cada diploma había algo más que una clausura. Había una forma de decirles que Santay también les pertenece como responsabilidad, como memoria y como futuro. La conservación de un humedal empieza también cuando un niño comprende que las aves, los manglares, el río, la escuela y la vida de su comunidad forman parte de una misma historia. En un humedal habitado como Santay, la naturaleza y la comunidad caminan juntas; por eso, educar a sus niños también es una manera concreta de conservar.

Esta experiencia luminosa permite mirar con mayor claridad una realidad que sigue pendiente. La escuela de Santay merece contar con electricidad, internet e infraestructura adecuada. La comunidad merece servicios básicos seguros y accesibles. Las familias han demostrado capacidad de organización para gestionar el acceso al agua potable; sin embargo, ese esfuerzo termina representando probablemente uno de los costos de agua más altos del país.

Estas situaciones revelan la necesidad de una gobernanza más coherente para los humedales habitados. Cuando un territorio es al mismo tiempo área protegida, comunidad, escuela, destino turístico, memoria histórica y ecosistema frágil, la gestión pública debe articular conservación ambiental, educación, servicios básicos, acceso seguro, mantenimiento e inclusión comunitaria. Incluso la cooperación internacional, cuando aparece, parece depender más de esfuerzos de la diáspora y de redes solidarias que de una política estatal sostenida de apoyo a territorios de alto valor ambiental y social.

Ecuador suele presentarse en los espacios internacionales como un país comprometido con la sostenibilidad y la protección de la naturaleza. Esa vocación merece reflejarse también en el territorio, allí donde viven las comunidades que cuidan diariamente esos ecosistemas. Santay necesita que su importancia ambiental se traduzca en presencia institucional sostenida, condiciones dignas y políticas públicas capaces de unir el discurso con la realidad.

La conservación requiere guardaparques, técnicos, autoridades y presupuesto. También requiere escuela, agua, energía, conectividad, afecto comunitario y continuidad. Los humedales se conservan desde los planes de manejo, pero también desde las aulas, desde los espacios comunitarios, desde las caminatas por el sendero, desde las preguntas de los niños y desde cada experiencia que les enseña que cuidar la vida es también cuidar su casa.

Los niños también conservan humedales. Acompañarlos, educarlos y garantizarles condiciones dignas es una de las mejores inversiones que podemos hacer por el futuro de Santay.

José Delgado Mendoza 
Gestor cultural y ambiental
Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-16-de-mayo-de-2026/

14 mayo 2026

Pequeños Guardianes del Humedal: educación, comunidad y esperanza en Santay

Pequeños Guardianes del Humedal: Un curso vacacional que sembró conciencia, comunidad y esperanza en la isla Santay


Durante cuatro fines de semana, 42 niños y adolescentes de la isla Santay participaron en el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”, una experiencia comunitaria de educación ambiental que dejó aprendizajes, sonrisas y nuevas semillas de compromiso con el Humedal Isla Santay.

Aprender desde la realidad del humedal


A lo largo de las jornadas, los participantes compartieron actividades educativas, recreativas y ambientales enfocadas en temas como el cuidado del agua, la fauna del humedal, la conservación ambiental y el papel que cumplen los guardaparques dentro del Área Nacional de Recreación Isla Santay.



Durante la clausura, el guardaparque Sr. Stalyn Roldán compartió una charla sobre el rol y las funciones de los guardaparques en el Humedal y Área Protegida Isla Santay, explicando el trabajo que realizan para proteger la biodiversidad, orientar a los visitantes y acompañar a la comunidad.




Liderazgo y capacidades nacidas en Santay



Uno de los aspectos más valiosos del curso fue la activa participación de personas de la propia isla, fortaleciendo el sentido de pertenencia y demostrando que la educación ambiental tiene más fuerza cuando nace desde la comunidad y se construye con quienes conocen y viven diariamente el territorio.


Las hermanas Fabiana e Ingrid Achiote participaron como tutoras, acompañando las actividades y demostrando que en Santay existen capacidades locales, liderazgo comunitario y compromiso con la formación de las nuevas generaciones.

Santi: educación ambiental desde la alegría






Más que un curso recreativo, esta iniciativa representó un esfuerzo colectivo construido desde el propio territorio, reuniendo a guardaparques, tutoras, voluntarios, líderes comunitarios y actores locales alrededor de un objetivo común: fortalecer en las nuevas generaciones el conocimiento, el amor y el sentido de pertenencia hacia uno de los humedales más importantes del Ecuador.

El curso demostró además que Santay posee capacidades humanas, liderazgo comunitario y voluntad de trabajo conjunto para generar espacios positivos para su niñez y juventud.

Las charlas permitieron que los niños y adolescentes comprendieran mejor la importancia de proteger su territorio y valorar la riqueza natural y humana de la isla. El aprendizaje tuvo un valor especial porque fue transmitido directamente por personas vinculadas al humedal y al trabajo diario de conservación.

Asimismo, la guardaparque Mgs. Diana Otero cumplió un papel fundamental como enlace dinámico y permanente entre el curso y la administración del área protegida, apoyando la coordinación de las charlas, la valoración de los contenidos educativos y el acompañamiento general de las jornadas.

Las actividades estuvieron acompañadas por la presencia de Santi, el Guardián del Humedal, personaje educativo que se convirtió en un símbolo cercano, alegre y motivador para los niños.




Santi acompañó las jornadas, participó en las dinámicas y ayudó a transmitir de manera amigable y divertida los mensajes de conservación y cuidado del humedal. Su presencia permitió que muchos de los aprendizajes quedaran asociados a experiencias positivas, juego, integración y afecto.





El personaje tiene además un significado especial para Santay, ya que el Observatorio de Santay es la oficina principal de Santi y el espacio desde donde se impulsan muchas de sus actividades educativas y de sensibilización ambiental.

El rol del Observatorio de Santay

El curso tuvo una característica particular: el Observatorio de Santay, impulsor y articulador de la iniciativa, se encontraba durante esas semanas en proceso de mantenimiento.



El Observatorio forma parte de la red internacional Wetland Link International (WLI) como Centro de Educación del Humedal Santay. Está dirigido por José Delgado Mendoza y fue establecido en la isla Santay en agosto de 2022 como un espacio dedicado a la educación ambiental, la investigación, la cultura y el fortalecimiento comunitario alrededor del humedal.

Debido a los trabajos de mantenimiento, las actividades se desarrollaron en la Casa Comunal de Santay, gracias al valioso apoyo de la presidenta de la Asociación de Pobladores, Sra. Elsita Rodríguez, cuya colaboración permitió abrir un espacio comunitario al servicio de la niñez y juventud de la isla.

Aun así, el Observatorio mantuvo un importante rol de acompañamiento, coordinación y articulación de la experiencia, fortaleciendo el trabajo conjunto entre comunidad, guardaparques, voluntarios y actores locales comprometidos con la educación ambiental.

Alimentación preparada desde el territorio



Otro aspecto importante del curso fue el cuidado puesto en la alimentación de los participantes.

Los refrigerios ofrecidos durante las jornadas fueron preparados en el propio humedal utilizando productos frescos y no industriales. Este detalle reforzó el carácter comunitario de la experiencia y transmitió también un mensaje coherente con los valores del curso: valorar lo cercano, lo natural y lo preparado con dedicación desde el territorio.



Un esfuerzo colectivo por la niñez de Santay

El Observatorio de Santay expresa un especial agradecimiento a la guardaparque Mgs. Diana Otero por su valiosa coordinación y acompañamiento durante el curso, así como a los guardaparques Stalyn Roldán, John Bajaña, Iralda Cirino y Jonathan Coronel, quienes compartieron charlas educativas con los niños sobre el cuidado del humedal, el agua, la fauna y el rol de los guardaparques dentro del área protegida.

Asimismo, expresa su agradecimiento al Biol. Eric Salavarria, Administrador del Área Nacional de Recreación Isla Santay e Isla Gallo, por su colaboración y apertura para el desarrollo de esta experiencia de educación ambiental comunitaria.

De igual manera, se reconoce el importante apoyo brindado por la Sra. Elsita Rodríguez y la comunidad organizada de ASOSERTU-Santay, cuya colaboración permitió desarrollar las actividades en la Casa Comunal y fortalecer el carácter comunitario del curso.

Mucho más que un curso vacacional

“Pequeños Guardianes del Humedal” dejó una enseñanza importante: proteger un humedal no empieza únicamente con normas o infraestructura. También comienza cuando un niño aprende a valorar el lugar donde vive y descubre que su territorio tiene historia, biodiversidad, cultura, comunidad y futuro.

En un contexto donde la niñez y juventud de Santay necesitan más oportunidades educativas, culturales y recreativas, experiencias como esta ayudan a fortalecer la autoestima territorial, el sentido de pertenencia y la conciencia ambiental de las nuevas generaciones.

La clausura del curso finalizó con la entrega de diplomas de participación en un ambiente de alegría, gratitud y esperanza, celebrando el compromiso de estos pequeños guardianes del humedal.


Porque sembrar conciencia en la infancia es también sembrar futuro para Santay.

















30 abril 2026

Agua y vida: aprender desde el humedal

 Semana 3 del Curso Vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”

25, 26 y 27 de abril de 2026

En Santay, el agua no es un concepto: es el entorno que sostiene la vida cotidiana. Durante la tercera semana del curso vacacional Pequeños Guardianes del Humedal, niñas y niños de la comunidad se acercaron a comprender una verdad esencial: el agua es la base del equilibrio del humedal y de la vida que lo habita.
Actualmente, el Observatorio de Santay se encuentra en etapa de mantenimiento, por lo que las actividades del curso se están desarrollando en la Casa Comunal de la comunidad, espacio facilitado por la Asociación de Servicios Turísticos ASOSERTU–Santay. Lejos de ser una limitación, esta situación ha fortalecido el vínculo directo con la comunidad, integrando aún más el proceso educativo al territorio.

Mirar el territorio con otros ojos

Las actividades de esta semana se centraron en algo fundamental: observar y entender el entorno inmediato.

Desde los espacios comunitarios y su relación directa con el estero, los niños pudieron reconocer cómo el agua está presente en todo:

  • en el suelo húmedo
  • en la vegetación
  • en los espacios donde habitan los animales
  • en los cambios visibles del paisaje

Este ejercicio, aparentemente simple, tiene un efecto profundo: transforma la forma en que los niños perciben su propio territorio.

El guardaparque: conocimiento desde la experiencia

El momento central de la semana fue la charla brindada por los guardaparques Jonathan Coronel y Stalyn Roldán, del Área Protegida Isla Santay. 

Desde su experiencia directa en el territorio, explicaron a los participantes:

  • la relación entre el agua y la fauna del humedal
  • por qué el agua es el hogar de muchas especies
  • cómo su calidad influye en la supervivencia de los animales
  • y qué sucede cuando ese equilibrio se ve afectado


No fue una clase teórica. Fue un conocimiento vivo, transmitido por quienes observan y protegen el humedal todos los días.

Este tipo de interacción es clave, porque conecta a los niños con figuras reales de cuidado del territorio y refuerza una idea esencial:
proteger el humedal es una responsabilidad compartida.


Santi como guía: aprender jugando y creando

El componente educativo se reforzó a través de una actividad cercana y significativa:
el coloreado de afiches educativos con Santi, el Guardián del Humedal.

A través de estas láminas, los niños trabajaron mensajes claros:

  • el agua como hogar de la fauna
  • la conexión entre todos los elementos del humedal
  • pequeñas acciones para cuidar el agua

Santi no es solo un personaje. Es una herramienta pedagógica que permite traducir conceptos complejos en mensajes comprensibles y cercanos.

Y aquí hay algo que vale la pena destacar:
cuando un niño colorea, no solo juega… internaliza el mensaje.

Educar desde el territorio, para el territorio

Esta semana no se trató de grandes montajes ni de actividades complejas.
Y eso está bien.

Porque lo esencial ocurrió:


los niños escucharon, observaron y comprendieron mejor el lugar donde viven.


En un humedal habitado como Santay, la educación ambiental no puede ser externa ni desconectada. Tiene que nacer desde el territorio, desde sus actores, desde su realidad.




Y en ese camino, cada paso cuenta.