29 diciembre 2025

Cuando la escuela suena: un hito educativo y cultural en Santay







El Observatorio de Santay fue escenario de un momento especial y profundamente significativo: la presentación del grupo de música de la escuela Jaime Roldós de Santay, realizada en el marco de la apertura de la 18ava exposición del Observatorio, dedicada a las Navidades vividas por la comunidad de Santay.

Días antes, el grupo había realizado su primer estreno durante el acto de Navidad de la escuela. Sin embargo, su presentación en el Observatorio —espacio que ha acompañado y mentorizado este proceso desde sus inicios— marcó un hito en la educación escolar y en el desarrollo cultural de la isla, al situar la música escolar en un contexto comunitario, cultural y de memoria compartida.

Un proceso acompañado desde agosto

Este recorrido fue posible gracias al trabajo iniciado en agosto, cuando el magíster Jorge López comenzó a impartir clases de música en la escuela, con el apoyo del Observatorio de Santay, dirigido por José Delgado Mendoza. Desde entonces, la música se fue consolidando como un espacio de aprendizaje, disciplina y expresión para niños y niñas de la isla.

Para el Observatorio, acompañar este proceso ha significado reafirmar su rol como mentor y articulador entre educación, cultura y memoria comunitaria, apoyando iniciativas que fortalecen el tejido social desde la escuela.

Un proceso que empieza a dar frutos

Según el profesor Jorge López, el grupo ha demostrado desde el inicio mucho talento y facilidad para aprender. Actualmente, los estudiantes trabajan con flautas y xilófonos, instrumentos que les han permitido acercarse a la música de manera práctica, colectiva y progresiva.

Además del trabajo instrumental, los niños y niñas han mostrado una gran rapidez para memorizar las letras de las canciones, lo que evidencia no solo capacidad musical, sino también entusiasmo, compromiso y alegría por aprender.

La música como aprendizaje y encuentro

La presentación en el Observatorio no fue solo una muestra artística. Fue el resultado de semanas de ensayo, constancia y acompañamiento, donde la música se convirtió en una herramienta para aprender a escuchar, coordinarse, confiar en el otro y trabajar en grupo.

En el contexto de una exposición dedicada a la memoria de las Navidades en la comunidad, la música escolar aportó una dimensión viva y contemporánea, conectando pasado y presente a través de las voces y los instrumentos de las nuevas generaciones.

La escuela como semillero cultural

La consolidación del grupo de música reafirma el papel de la escuela Jaime Roldós como corazón educativo y cultural de Santay. Desde ella no solo se transmiten conocimientos académicos, sino que se cultivan valores, identidad y sentido de pertenencia.

El apoyo del Observatorio de Santay a este proceso refleja una apuesta clara por una educación integral, donde la cultura, el arte y la memoria comunitaria forman parte del aprendizaje cotidiano y del cuidado del territorio.



Un futuro que empieza a sonar

Este momento es apenas el comienzo. Como señala el profesor Jorge López, el potencial del grupo es grande y el camino recién empieza. La música ya ha encontrado su lugar en la escuela y, con ella, una nueva forma de expresarse, compartir y crecer juntos.

Desde el Observatorio de Santay celebramos esta presentación como una semilla plantada con cuidado, que seguramente dará muchos frutos para la educación, la cultura y la comunidad de la isla.

Porque cuando la escuela suena, la comunidad crece.

24 diciembre 2025

Navidad en el Humedal Santay: cuando la memoria nos vuelve a reunir





La última exposición presentada en el Observatorio de Santay, “Navidad en el Humedal Santay: recuerdos que nos unen”, fue mucho más que una muestra fotográfica. Se convirtió en un espacio de encuentro con la memoria comunitaria, donde el pasado reciente volvió a hacerse presente a través de imágenes, gestos y emociones compartidas.

A partir de una selección de fotografías de las Navidades vividas en Santay durante los últimos 25 años, especialmente aquellas vinculadas a la escuela Jaime Roldós, la exposición invitó a mirar atrás para reconocernos en lo que somos hoy. 

La memoria como objetivo

Uno de los objetivos fundamentales del Observatorio de Santay es difundir y promover la memoria comunitaria como parte esencial del cuidado del humedal y de la identidad de la isla. Esta exposición permitió materializar ese objetivo de forma sencilla y profunda: poner las imágenes al alcance de la comunidad y dejar que la memoria haga su trabajo. 


Las fotografías no explicaban, sugerían. No imponían un relato, abrían preguntas.

Curiosidad, risas y reconocimiento

Durante el recorrido, niños y jóvenes se detuvieron frente a las imágenes buscando reconocer rostros familiares: padres, madres, abuelos, hermanos, maestros, vecinos. Las miradas atentas dieron paso a las risas, a la sorpresa y al comentario espontáneo:

“Ese es mi papá.”
“Mira, ahí está mi abuela.”

En ese ejercicio simple y natural, la exposición logró despertar la curiosidad y, con ella, generar un sentimiento de pertenencia. Reconocerse en una fotografía antigua es también reconocerse como parte de una historia común.




La escuela como corazón de la isla

La escuela Jaime Roldós apareció una y otra vez en las imágenes: como espacio físico, como lugar de celebración y como punto de encuentro entre generaciones. Las Navidades en Santay, sencillas y compartidas, revelaron el papel central de la escuela en la construcción de comunidad y memoria.




El Observatorio como espacio vivo

Esta exposición reafirmó al Observatorio de Santay como un espacio vivo, donde la cultura, la educación y la memoria dialogan con el humedal y con quienes lo habitan. Más que mostrar fotografías, el Observatorio activó recuerdos, provocó conversaciones y fortaleció vínculos.

Recordar para pertenecer

La experiencia dejó una certeza clara: la memoria no es solo pasado, es una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Al recordar juntos, la comunidad de Santay reafirma su identidad y su relación con el territorio.

“Navidad en el Humedal Santay: recuerdos que nos unen” fue, en ese sentido, una invitación a mirarnos, reconocernos y seguir caminando juntos.


03 diciembre 2025

Santay: cuando la infraestructura falla y la empatía también


Aprecio profundamente a los ciclistas que han visitado Santay desde la apertura de las ciclovías. Su presencia, bien gestionada, puede ser positiva. Pero es importante recordar que los primeros daños en la infraestructura aparecieron apenas a pocos meses de inaugurarse, y fue el propio ministro de Ambiente de ese entonces —creo que Daniel Ortega— quien advirtió públicamente sobre el pésimo material utilizado y la forma antitécnica en que fue colocado, además de que el mismo Presidente de la República desistió de volver a circular en bicicleta en Snatay.

Tan deficiente fue la construcción que varias obras nunca llegaron a entregarse oficialmente. Terminaron en procesos judiciales, quedaron sin responsables claros y, hasta hoy, viven en una especie de “orfandad institucional”: cuando toca rendir cuentas, nadie es padre del guagua.

La ciclovía y el puente sirven al turismo, sí, pero su razón principal es garantizar la movilidad de la comunidad de Santay. En el reciente choque de la embarcación María José contra el puente, no vi a ningún colectivo ciclista acercarse a preguntar:
¿Qué pasó? ¿Cómo se puede ayudar? ¿Cómo van a trasladarse los niños, trabajadores, personas enfermas? ¿Tendrá la comunidad el dólar necesario para entrar y salir en canoa?

Con franqueza: en muchas reacciones de ciclistas no he visto solidaridad ni empatía hacia la población local. Veo reclamos centrados solo en el uso recreativo de la ciclovía, pero casi nunca preocupación por quienes viven allí y dependen diariamente de ese acceso.

Quisiera dejar una reflexión: la Ley de Áreas Protegidas siempre ha establecido que el ingreso a Santay es gratuito para las personas, pero no dice nada sobre el ingreso con bicicletas, cuyo impacto es mucho mayor en una infraestructura frágil y mal construida. El peso de una persona no es igual al de una persona más una bicicleta, concentrado en dos puntos de carga: ese desgaste tiene un costo real que nadie está cubriendo.

Y aquí surge un punto clave: la nueva Ley de Áreas Protegidas 2025 permite que las áreas protegidas establezcan tarifas de ingreso, de acuerdo con su realidad, fragilidad y necesidades de gestión.
Si hay un sitio donde esta medida es no solo razonable sino urgente, ese sitio es Santay.

El modelo original —que la comunidad alquilara bicicletas para generar recursos destinados al mantenimiento— nunca funcionará si la mayoría de visitantes ingresa con bicicletas propias sin pagar nada, generando un desgaste sistemático del que nadie se responsabiliza.

Tampoco he visto a grupos ciclistas llegar sin bicicletas, pero con herramientas —martillos, pernos, sierras, plantas eléctricas— para organizar jornadas de reparación comunitaria. Con brigadas de 20 o 30 personas, en cuatro fines de semana podría haberse recuperado gran parte de la infraestructura. Eso sí sería un verdadero aporte.

En cambio, lo que hemos visto son plantones y recolección de firmas pidiendo al Estado que repare lo que lleva más de una década deteriorándose. Y así, esperando siempre que otros actúen, podemos seguir años.

Santay necesita aliados reales: personas que entiendan que este no es solamente un lugar para pedalear, sino un hogar, un humedal frágil y un patrimonio natural y humano que requiere respeto, compromiso y corresponsabilidad.

La nueva Ley 2025 abre la puerta a una gestión más justa y sostenible. Pero esa posibilidad solo servirá si entendemos que cuidar Santay no es gratis, y que quienes la usan —todos— deben asumir su parte de responsabilidad.