En la isla Santay acaba de culminar el curso vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”. Durante varias semanas, 42 niños y niñas de la comunidad participaron en una experiencia de educación ambiental realizada junto a los guardaparques del área protegida y la asociación de pobladores. Fue una actividad sencilla, pero profundamente significativa: los niños aprendieron sobre su territorio, escucharon a quienes cuidan el área, compartieron juegos, preguntas y aprendizajes, y recibieron sus diplomas como pequeños guardianes del humedal.
Detrás de cada diploma había algo más que una clausura. Había una forma de decirles que Santay también les pertenece como responsabilidad, como memoria y como futuro. La conservación de un humedal empieza también cuando un niño comprende que las aves, los manglares, el río, la escuela y la vida de su comunidad forman parte de una misma historia. En un humedal habitado como Santay, la naturaleza y la comunidad caminan juntas; por eso, educar a sus niños también es una manera concreta de conservar.
Esta experiencia luminosa permite mirar con mayor claridad una realidad que sigue pendiente. La escuela de Santay merece contar con electricidad, internet e infraestructura adecuada. La comunidad merece servicios básicos seguros y accesibles. Las familias han demostrado capacidad de organización para gestionar el acceso al agua potable; sin embargo, ese esfuerzo termina representando probablemente uno de los costos de agua más altos del país.
Estas situaciones revelan la necesidad de una gobernanza más coherente para los humedales habitados. Cuando un territorio es al mismo tiempo área protegida, comunidad, escuela, destino turístico, memoria histórica y ecosistema frágil, la gestión pública debe articular conservación ambiental, educación, servicios básicos, acceso seguro, mantenimiento e inclusión comunitaria. Incluso la cooperación internacional, cuando aparece, parece depender más de esfuerzos de la diáspora y de redes solidarias que de una política estatal sostenida de apoyo a territorios de alto valor ambiental y social.
Ecuador suele presentarse en los espacios internacionales como un país comprometido con la sostenibilidad y la protección de la naturaleza. Esa vocación merece reflejarse también en el territorio, allí donde viven las comunidades que cuidan diariamente esos ecosistemas. Santay necesita que su importancia ambiental se traduzca en presencia institucional sostenida, condiciones dignas y políticas públicas capaces de unir el discurso con la realidad.
La conservación requiere guardaparques, técnicos, autoridades y presupuesto. También requiere escuela, agua, energía, conectividad, afecto comunitario y continuidad. Los humedales se conservan desde los planes de manejo, pero también desde las aulas, desde los espacios comunitarios, desde las caminatas por el sendero, desde las preguntas de los niños y desde cada experiencia que les enseña que cuidar la vida es también cuidar su casa.
Los niños también conservan humedales. Acompañarlos, educarlos y garantizarles condiciones dignas es una de las mejores inversiones que podemos hacer por el futuro de Santay.
José Delgado Mendoza
Gestor cultural y ambiental
Director del Observatorio de Santay
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