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28 julio 2026

Santay también merece esa coherencia

Hace poco, una alta autoridad del Ecuador dijo una frase importante: “Galápagos demuestra que cuando un país protege su patrimonio natural también protege el bienestar de su gente”.

Me parece una frase muy valiosa. Porque recuerda algo esencial: la conservación no puede separarse de la vida de las personas. No se protege realmente un territorio si se deja de lado a quienes lo habitan, lo cuidan o dependen de él. Desde esa misma mirada, creo que vale la pena pensar también en la isla Santay.

Santay es patrimonio natural del Ecuador. Es un humedal Ramsar, un área protegida y, sobre todo, un territorio habitado. Allí vive una comunidad que, durante décadas, ha convivido con el río, el manglar, la pesca, la memoria fluvial y las posibilidades de un turismo comunitario responsable.

Por eso, cuando el acceso permanece cerrado, cuando la infraestructura se deteriora, cuando la movilidad diaria se vuelve cada vez más difícil, cuando la escuela y las actividades comunitarias enfrentan tantas limitaciones, no solo se afecta a un espacio natural.

Se afecta también a la gente. A las familias que viven allí. A los niños que estudian allí. A quienes han tratado de sostener, con mucho esfuerzo, una relación digna entre conservación, comunidad y trabajo. No se trata de comparar a Santay con Galápagos. Mucho menos de restar importancia al valor inmenso que tienen las islas para el Ecuador y para el mundo. Se trata, más bien, de que esa misma coherencia pueda llegar también a otros territorios protegidos del país.

Porque Santay también necesita atención. Necesita mantenimiento, seguridad, acompañamiento institucional y condiciones mínimas para que su comunidad pueda seguir viviendo con dignidad dentro de un área protegida. Santay no pide privilegios. Pide algo más sencillo y justo: que el principio sea el mismo.

Si proteger el patrimonio natural significa proteger también el bienestar de su gente, entonces la conservación de Santay debe incluir a su comunidad, sus accesos, su escuela, su economía local y su dignidad cotidiana.

Porque un área protegida no se conserva solo con declaratorias. Se conserva con presencia, cuidado, responsabilidad y continuidad.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.  https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-27-de-julio-de-2026/

25 junio 2026

¿Quién debe reparar Santay?

Durante los últimos meses se ha vuelto frecuente escuchar que la comunidad de la Isla Santay debe involucrarse en la búsqueda de soluciones para recuperar el turismo afectado por el cierre del acceso peatonal y ciclista. La participación comunitaria siempre es positiva y necesaria. Santay ha demostrado durante años organización, resiliencia y compromiso con su territorio.

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre colaborar en las soluciones y asumir responsabilidades que corresponden al Estado.

La infraestructura de acceso a Santay, incluida la calzada compartida para peatones y bicicletas, fue concebida, diseñada, contratada, fiscalizada y administrada por instituciones públicas. Aunque eventualmente pobladores de la isla hayan participado como mano de obra en determinadas etapas, eso no significa que la comunidad haya tenido responsabilidad técnica, contractual o institucional sobre la obra. No fue la comunidad quien definió los materiales, aprobó los diseños, supervisó técnicamente su instalación ni administró los recursos destinados a su construcción y mantenimiento.


Por ello resulta legítimo preguntarse por qué, casi diez años después de que la Contraloría General delEstado identificara problemas técnicos y deterioro prematuro en esa infraestructura elevada, la situación ha terminado afectando principalmente a quienes menos responsabilidad tuvieron en su origen.

Los pobladores de Santay no fueron responsables de las decisiones técnicas ni institucionales que dieron origen a la calzada compartida de acceso ni a las camineras peatonales internas de la comunidad. Tampoco estuvieron a cargo de garantizar su mantenimiento estructural. Sin embargo, son quienes han debido adaptarse a las restricciones, explicar la situación a los visitantes y enfrentar diariamente las consecuencias del cierre.

Detrás de esta situación existen familias, emprendedores, estudiantes y trabajadores que han visto reducirse las oportunidades asociadas al turismo comunitario. Mientras tanto, la discusión pública parece trasladar cada vez más hacia la propia comunidad la responsabilidad de encontrar soluciones.

La pregunta no debería ser quién tiene la culpa. La pregunta es quién tiene la responsabilidad.

Las comunidades pueden colaborar, aportar ideas y convertirse en aliadas de la conservación y el desarrollo local. Pero no deberían verse obligadas a sustituir las obligaciones de las instituciones responsables de garantizar la seguridad, el mantenimiento y la continuidad de obras construidas con recursos de todos los ecuatorianos.

Santay continúa demostrando su compromiso con la conservación, la educación ambiental y el turismo comunitario. Lo mínimo que merece es que las instituciones responsables asuman también el suyo. Porque cuando una obra pública deja de funcionar, no debería ser la comunidad más pequeña la que cargue con el peso más grande.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-24-de-junio-de-2026/

NOTA: La imágenes no hace parte del contenido publicado en El Comercio. Pero si hacen parte de la historia de Santay. 

30 abril 2026

Agua y vida: aprender desde el humedal

 Semana 3 del Curso Vacacional “Pequeños Guardianes del Humedal”

25, 26 y 27 de abril de 2026

En Santay, el agua no es un concepto: es el entorno que sostiene la vida cotidiana. Durante la tercera semana del curso vacacional Pequeños Guardianes del Humedal, niñas y niños de la comunidad se acercaron a comprender una verdad esencial: el agua es la base del equilibrio del humedal y de la vida que lo habita.
Actualmente, el Observatorio de Santay se encuentra en etapa de mantenimiento, por lo que las actividades del curso se están desarrollando en la Casa Comunal de la comunidad, espacio facilitado por la Asociación de Servicios Turísticos ASOSERTU–Santay. Lejos de ser una limitación, esta situación ha fortalecido el vínculo directo con la comunidad, integrando aún más el proceso educativo al territorio.

Mirar el territorio con otros ojos

Las actividades de esta semana se centraron en algo fundamental: observar y entender el entorno inmediato.

Desde los espacios comunitarios y su relación directa con el estero, los niños pudieron reconocer cómo el agua está presente en todo:

  • en el suelo húmedo
  • en la vegetación
  • en los espacios donde habitan los animales
  • en los cambios visibles del paisaje

Este ejercicio, aparentemente simple, tiene un efecto profundo: transforma la forma en que los niños perciben su propio territorio.

El guardaparque: conocimiento desde la experiencia

El momento central de la semana fue la charla brindada por los guardaparques Jonathan Coronel y Stalyn Roldán, del Área Protegida Isla Santay. 

Desde su experiencia directa en el territorio, explicaron a los participantes:

  • la relación entre el agua y la fauna del humedal
  • por qué el agua es el hogar de muchas especies
  • cómo su calidad influye en la supervivencia de los animales
  • y qué sucede cuando ese equilibrio se ve afectado


No fue una clase teórica. Fue un conocimiento vivo, transmitido por quienes observan y protegen el humedal todos los días.

Este tipo de interacción es clave, porque conecta a los niños con figuras reales de cuidado del territorio y refuerza una idea esencial:
proteger el humedal es una responsabilidad compartida.


Santi como guía: aprender jugando y creando

El componente educativo se reforzó a través de una actividad cercana y significativa:
el coloreado de afiches educativos con Santi, el Guardián del Humedal.

A través de estas láminas, los niños trabajaron mensajes claros:

  • el agua como hogar de la fauna
  • la conexión entre todos los elementos del humedal
  • pequeñas acciones para cuidar el agua

Santi no es solo un personaje. Es una herramienta pedagógica que permite traducir conceptos complejos en mensajes comprensibles y cercanos.

Y aquí hay algo que vale la pena destacar:
cuando un niño colorea, no solo juega… internaliza el mensaje.

Educar desde el territorio, para el territorio

Esta semana no se trató de grandes montajes ni de actividades complejas.
Y eso está bien.

Porque lo esencial ocurrió:


los niños escucharon, observaron y comprendieron mejor el lugar donde viven.


En un humedal habitado como Santay, la educación ambiental no puede ser externa ni desconectada. Tiene que nacer desde el territorio, desde sus actores, desde su realidad.




Y en ese camino, cada paso cuenta.