La Isla Santay también
formó parte de esa relación histórica entre comunidad y río. Mucho antes de que
los malecones modernos transformaran la percepción urbana del Guayas, el río
era entendido como territorio vivo, productivo y habitado.
El Observatorio de Santay
no fue construido en la isla, sino en el río Babahoyo. Desde allí emprendió una
travesía de 26 horas hasta llegar a Santay, como un gesto concreto de
recuperación de la navegación fluvial y de la construcción naval ribereña. Su llegada
al humedal recordó que el río no es únicamente un paisaje para mirar desde la
orilla, sino un espacio por donde todavía es posible construir, desplazarse,
educar y convivir de manera integrada con el agua.
En tiempos donde gran
parte de las ciudades parecen haber dado la espalda a sus ríos, experiencias
como el Observatorio recuerdan que las culturas fluviales forman también parte
del patrimonio histórico y técnico del Ecuador.
A lo largo del río Guayas
y del Babahoyo existieron durante generaciones embarcaciones, plataformas,
muelles y construcciones flotantes vinculadas a la vida comercial y
comunitaria. Esa relación cotidiana con el agua ayudó a definir la identidad de
numerosas poblaciones ribereñas.
Recuperar esa memoria no
significa regresar al pasado, sino comprender que los ríos pueden volver a ser
espacios de encuentro, educación, movilidad y cultura.
Santay recuerda así que
un humedal habitado no se limita a conservar la naturaleza. También conserva
formas de relación humana con el río que todavía tienen mucho que enseñarnos.
José Delgado Mendoza, Gestor cultural y ambiental. Director del Observatorio de Santay
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