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16 agosto 2026

Santay necesita más que visibilidad


Durante los últimos años, el Observatorio de Santay ha procurado mantener los ojos puestos sobre la isla mediante exposiciones, actividades educativas, recuperación de su memoria y un trabajo permanente con la escuela, los guardaparques y la comunidad.

En los próximos días llegaremos a nuestra vigésima exposición. Es un logro importante para un pequeño espacio cultural levantado en medio de un humedal y sostenido con muchas limitaciones. Pero también debemos reconocer algo: hacer visible a Santay no es suficiente.

Una exposición puede despertar interés, una fotografía puede recorrer las redes y una actividad puede reunir por algunas horas a niños, docentes, visitantes y pobladores. Sin embargo, la comunidad necesita mucho más que momentos de atención. Necesita acompañamiento constante, organizaciones activas y autoridades capaces de transformar esa visibilidad en respuestas concretas.

Santay continúa enfrentando dificultades de acceso, movilidad, servicios básicos, educación, conectividad y oportunidades económicas. Su población no puede permanecer sola reclamando aquello que le corresponde, mientras las instituciones y organizaciones que deberían acompañarla aparecen únicamente en determinados momentos.

El Observatorio seguirá cumpliendo su misión cultural y educativa. Continuará organizando exposiciones, trabajando con la escuela, conservando la memoria de la isla y buscando que el público vuelva a acercarse a este humedal. Pero el Observatorio no puede ni debe reemplazar el trabajo de las organizaciones sociales, de las instituciones públicas ni de quienes tienen responsabilidades directas con la comunidad.

Santay necesita una sociedad organizada que escuche, proponga, participe y acompañe. Necesita que la atención generada por sus paisajes, su biodiversidad y su historia se traduzca también en mejores condiciones para quienes viven allí y han contribuido durante generaciones a conservarla.


Hemos logrado que muchas personas vuelvan a mirar hacia Santay. El desafío ahora es que no se limiten a observarla, sino que también decidan actuar por ella.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-14-de-agosto-de-2026/

03 agosto 2026

Economía solidaria para Santay

La Isla Santay no es solo un destino turístico. Es un humedal, un área protegida y un territorio habitado, donde una comunidad ha intentado durante años organizarse, sostener actividades productivas, atender visitantes y conservar un patrimonio natural y cultural de enorme valor. Precisamente por esa condición excepcional, su organización comunitaria se ha estructurado bajo los lineamientos de la Economía Popular y Solidaria, entendiendo que el desarrollo del territorio solo puede construirse desde el esfuerzo colectivo y el bienestar común.

Sin embargo, en la práctica, esa comunidad ha recibido poco acompañamiento real. Se le exige organización, cumplimiento administrativo y capacidad de gestión, pero no siempre se le brinda asistencia técnica sostenida, capacitación, fortalecimiento comercial, acceso a mercados, apoyo para mejorar sus servicios ni articulación efectiva con las instituciones públicas responsables.

Es posible que dentro del sistema de Economía Popular y Solidaria las asociaciones ocupen un lugar menos visible que las cooperativas, sobre las cuales suele concentrarse mayor atención institucional. Pero eso no debería convertirlas en organizaciones de segunda categoría. Si una comunidad se organiza bajo esta figura, cumple requisitos y forma parte del sistema, debe existir también un compromiso de fortalecimiento que acompañe esa pertenencia.

La membresía o reconocimiento dentro de la Economía Popular y Solidaria no debería significar solo obligaciones para la comunidad. También debería abrir una puerta a capacidades, herramientas, orientación técnica y oportunidades reales. De lo contrario, la formalización termina siendo una carga antes que un apoyo.

El problema de Santay no es la falta de voluntad comunitaria. El problema es que la Economía Popular y Solidaria no puede limitarse a registrar organizaciones, supervisarlas o pedirles requisitos. En territorios frágiles, habitados y ambientalmente estratégicos, debe traducirse en presencia, guía, formación y acompañamiento permanente.

Santay podría ser un caso piloto nacional de economía solidaria aplicada a un humedal habitado y a un área protegida con población local. Allí convergen conservación, turismo comunitario, educación ambiental, cultura fluvial y economía local. Pero para que eso ocurra, se necesita una acción coordinada entre las instituciones de economía popular y solidaria, el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Turismo, los gobiernos locales de Guayaquil y Durán, la academia y la propia comunidad.

No se puede pedir a una comunidad que cuide un humedal, habite responsablemente un área protegida, reciba visitantes, sostenga servicios y genere ingresos dignos si el Estado no la acompaña de manera seria. La Economía Popular y Solidaria será realmente transformadora cuando llegue a territorios como Santay no solo como normativa, sino como una política viva, cercana y útil.

Santay no necesita más discursos sobre desarrollo territorial. Necesita que esos discursos se conviertan en acompañamiento concreto.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. : https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-3-de-agosto-de-2026/

28 julio 2026

Santay también merece esa coherencia

Hace poco, una alta autoridad del Ecuador dijo una frase importante: “Galápagos demuestra que cuando un país protege su patrimonio natural también protege el bienestar de su gente”.

Me parece una frase muy valiosa. Porque recuerda algo esencial: la conservación no puede separarse de la vida de las personas. No se protege realmente un territorio si se deja de lado a quienes lo habitan, lo cuidan o dependen de él. Desde esa misma mirada, creo que vale la pena pensar también en la isla Santay.

Santay es patrimonio natural del Ecuador. Es un humedal Ramsar, un área protegida y, sobre todo, un territorio habitado. Allí vive una comunidad que, durante décadas, ha convivido con el río, el manglar, la pesca, la memoria fluvial y las posibilidades de un turismo comunitario responsable.

Por eso, cuando el acceso permanece cerrado, cuando la infraestructura se deteriora, cuando la movilidad diaria se vuelve cada vez más difícil, cuando la escuela y las actividades comunitarias enfrentan tantas limitaciones, no solo se afecta a un espacio natural.

Se afecta también a la gente. A las familias que viven allí. A los niños que estudian allí. A quienes han tratado de sostener, con mucho esfuerzo, una relación digna entre conservación, comunidad y trabajo. No se trata de comparar a Santay con Galápagos. Mucho menos de restar importancia al valor inmenso que tienen las islas para el Ecuador y para el mundo. Se trata, más bien, de que esa misma coherencia pueda llegar también a otros territorios protegidos del país.

Porque Santay también necesita atención. Necesita mantenimiento, seguridad, acompañamiento institucional y condiciones mínimas para que su comunidad pueda seguir viviendo con dignidad dentro de un área protegida. Santay no pide privilegios. Pide algo más sencillo y justo: que el principio sea el mismo.

Si proteger el patrimonio natural significa proteger también el bienestar de su gente, entonces la conservación de Santay debe incluir a su comunidad, sus accesos, su escuela, su economía local y su dignidad cotidiana.

Porque un área protegida no se conserva solo con declaratorias. Se conserva con presencia, cuidado, responsabilidad y continuidad.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO.  https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-27-de-julio-de-2026/

29 mayo 2026

Santay y la memoria fluvial


Frente a Guayaquil, la Isla Santay ha permanecido durante siglos como silenciosa testigo de la historia del río Guayas y de la construcción misma del puerto principal del Ecuador. Mucho antes de convertirse en un referente ambiental contemporáneo, este humedal habitado —marcado también por antiguas haciendas, ganadería y agricultura— observó el paso de expediciones científicas, embarcaciones fluviales y navegantes que ayudaron a conectar al país con el mundo. También fue testigo del asedio de barcos piratas que, amparados por la noche, navegaban detrás de la isla para lanzarse al amanecer sobre la ciudad.

Esa dimensión histórica ha sido precisamente una de las líneas de trabajo impulsadas por el Observatorio de Santay, concebido como una plataforma flotante para la cultura, la historia y el ambiente del humedal. A través de sus exposiciones, el Observatorio ha buscado acercar a visitantes y comunidades a una memoria territorial muchas veces poco conocida, pero profundamente vinculada a la identidad de Guayaquil y del río Guayas.

Durante estos tres últimos años, las exposiciones desarrolladas por el Observatorio de Santay han recorrido temas diversos: desde la presencia de la expedición científica de Alejandro Malaspina en octubre de 1790, hasta la época de los vapores que llegaban desde puertos extranjeros o realizaban cabotaje entre ciudades marítimas y fluviales del Ecuador.

De manera especial, también se ha expuesto cómo, en la cartografía histórica del antiguo “río de Guayaquil”, nombre con el que durante siglos se conoció al actual río Guayas, la isla Santay ocupaba uno de los referentes naturales más visibles para identificar la localización de Guayaquil.

También han sido presentados antiguos mapas, paisajes históricos, biodiversidad y las transformaciones humanas y ambientales del humedal, permitiendo comprender que Santay forma parte de una historia viva donde naturaleza, navegación, ciudad y comunidad han convivido durante generaciones.

Pensar Santay únicamente como un espacio natural aislado sería reducir su verdadera dimensión. Santay es también memoria del río, patrimonio cultural y territorio socioambiental habitado.

Fortalecer los espacios de educación y cultura dentro del humedal implica, igualmente, fortalecer la relación de la ciudad con su propia historia. En tiempos donde muchas veces vivimos de espaldas a nuestros ríos, recuperar la memoria fluvial de Guayaquil constituye también una forma de reencontrarnos con nuestra identidad.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Si vas a hacer uso del mismo, por favor, cita la fuente y haz un enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-28-de-mayo-de-2026/