06 octubre 2026

La infraestructura también es política ambiental

Cuando hablamos de política ambiental pensamos en conservación, biodiversidad, manglares, especies amenazadas o cambio climático. Mucho menos frecuente es asociarla con una ciclovía, electricidad, internet o una escuela. Y, sin embargo, en un territorio habitado como la isla Santay, conservar el humedal significa proteger su biodiversidad, pero también garantizar condiciones que permitan a su comunidad vivir dignamente y participar de esa conservación.

Santay ofrece ejemplos muy claros. El puente de acceso se encuentra en buenas condiciones, pese al impacto sufrido en octubre de 2025, pero el ingreso terrestre de turistas permanece cerrado desde hace más de 300 días. Una de las ciclovías prácticamente ha desaparecido y otra corre el riesgo de seguir el mismo camino; si todavía existe, es en buena medida porque constituye el único acceso terrestre para la población de la isla. También está la cocodrilera, concebida como espacio de conservación, educación ambiental y visita turística, hoy muy descuidada y sin visitantes. Su deterioro significa perder una oportunidad para educar, generar conocimiento y fortalecer un turismo comunitario que, precisamente, lleva meses sin poder recibir visitantes por vía terrestre.

Pero quizá el ejemplo más difícil de explicar sea el de la escuela de Santay, que no cuenta con electricidad ni internet. En pleno siglo XXI, estas carencias no son detalles secundarios: limitan el aprendizaje, la comunicación, el acceso a herramientas educativas y las oportunidades de niños y docentes. Se protege el territorio, pero no siempre se garantizan las condiciones mínimas para quienes lo habitan, y esa contradicción también debería formar parte del debate ambiental.

Proteger un área natural no puede consistir únicamente en determinar qué no puede hacerse dentro de ella. Las restricciones son necesarias, pero también debemos preguntarnos qué necesita un territorio para mantenerse vivo. En Santay habita una comunidad que forma parte de la historia de la isla. Sus pobladores no son un elemento externo al humedal, sino parte del territorio y de cualquier proyecto serio sobre su futuro. Mantener los accesos, recuperar adecuadamente la cocodrilera y garantizar electricidad e internet en la escuela puede mejorar la educación, facilitar la conservación y permitir actividades económicas compatibles con la protección del humedal.

Porque también existe un impacto producido por el abandono. Una ciclovía que desaparece, una cocodrilera que se deteriora, una escuela sin electricidad ni internet y más de 300 días sin ingreso terrestre de turistas tienen consecuencias que van mucho más allá de una obra o un servicio. Afectan la educación, el turismo, la economía comunitaria y la relación de la población con el área protegida. No hacer nada también transforma el territorio.

Santay necesita una política ambiental capaz de mirar el territorio completo: naturaleza, comunidad, servicios, accesos y mantenimiento. Conservar un humedal habitado no significa solamente cuidar el ecosistema, sino también hacer posible la vida de quienes forman parte de él. 

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental y Director del Observatorio de Santay

Este contenido ha sido publicado originalmente por EL COMERCIO. Enlace hacia la nota original en la dirección: https://www.elcomercio.com/cartas/cartas-a-quito-3-de-octubre-de-2026/

02 octubre 2026

Manglares del mundo: qué nos dice su estado de salud y qué oportunidades abre para Santay

El informe mundial de 2026 identifica una ganancia neta de superficie de manglar, pero advierte que continúan perdiéndose bosques maduros. Para Ecuador, sus conclusiones ayudan a relacionar conservación, participación comunitaria y cooperación. Para Santay, ofrecen una oportunidad de pensar cómo convertir ese conocimiento en acciones sostenidas.



Conocer cuántas hectáreas de manglar existen es indispensable, pero insuficiente para saber si estos ecosistemas están saludables. También necesitamos comprender cómo cambian, qué funciones conservan, cuáles son sus amenazas y cómo participan las comunidades en su cuidado. Esa es la importancia de El estado de los manglares del mundo 2026, elaborado por la Global Mangrove Alliance con aportaciones de más de 190 colaboradores de más de 30 países.

El informe combina investigaciones, cartografía y experiencias de gestión. Su valor está en conectar la evolución de los bosques con sus funciones ecológicas, sus beneficios para la población y las decisiones necesarias para conservarlos.

Qué cambia respecto a la edición anterior

La edición de 2024 ya relacionaba biodiversidad, beneficios ambientales, alimentación y conocimientos locales. En 2026, la estructura concede espacios propios a las amenazas, al balance de las metas para 2030 y a la construcción de alianzas, incluyendo experiencias de los capítulos nacionales.

También mejora la capacidad de observación. Las nuevas series cartográficas permiten analizar cambios entre 1985 y 2025; se incorporan estimaciones más detalladas de la altura del bosque y nuevos análisis de degradación. La contaminación por plásticos recibe, por primera vez en esta serie de informes, un tratamiento específico.

Estas mejoras permiten revisar tendencias históricas. Por ello, los cambios entre ediciones deben interpretarse considerando tanto la evolución del ecosistema como los avances en los datos y métodos utilizados.

Más superficie no significa necesariamente mejor salud

Según Global Mangrove Watch, la extensión mundial de manglares se estima en 147.289 km² en 2025, con una ganancia neta de 477 km² entre 1985 y 2025. Es una señal alentadora, pero el saldo reúne procesos distintos: pérdidas de bosques existentes, regeneración y expansión hacia nuevas áreas.

El informe indica que aproximadamente el 65 % de los manglares establecidos desde 2010 se expandió hacia lugares donde antes no había manglar. Parte de esa expansión ocurre sobre nuevos depósitos de sedimentos. En algunos casos, estos materiales pueden proceder de erosión asociada a deforestación o actividades mineras en las cuencas. Una ganancia de manglar en la desembocadura puede coexistir, por tanto, con deterioro ambiental aguas arriba.

Al mismo tiempo, las pérdidas acumuladas de cobertura de manglar desde mediados de los años ochenta alcanzan 19.863 km², aproximadamente 500 km² anuales. El balance positivo global no elimina esas pérdidas ni convierte un bosque joven en equivalente inmediato de uno maduro.

La salud del ecosistema requiere observar también su estructura, biodiversidad, reservas de carbono y capacidad de protección. Un manglar puede seguir apareciendo en el mapa mientras pierde calidad ecológica.

La contaminación ilustra esta diferencia. La revisión recogida en el informe señala un promedio aproximado de 24 objetos de macroplástico por metro cuadrado en los manglares estudiados. Existen vacíos geográficos importantes: este dato muestra una amenaza mundial, pero no describe por sí mismo la situación de Ecuador ni la de Santay.

Ecuador: bosques excepcionales y conservación comunitaria

Ecuador destaca por la altura de sus manglares: ocupa el octavo puesto en la clasificación basada en el percentil 99 de altura del dosel. Este reconocimiento describe la estructura del bosque, sin constituir una clasificación de su estado de conservación.

El capítulo ecuatoriano de la Global Mangrove Alliance ofrece otra perspectiva relevante. Según el informe, fue creado en septiembre de 2023 y reúne a 33 miembros de organizaciones, instituciones públicas, universidades, sector privado y grupos pesqueros. Ha promovido más de 45 acuerdos de uso sostenible y custodia del manglar —AUSCEM— y apoyado la consolidación de más de 100.000 hectáreas bajo custodia comunitaria.

El documento también describe educación ambiental, formación, restauración y el desarrollo de un observatorio ciudadano del manglar y de un sistema comunitario de alerta temprana. Recoge experiencias próximas a nuestro entorno, como Puerto Hondo y Sabana Grande, en Guayaquil.

Estos avances invitan a evaluar cómo los acuerdos y las alianzas se traducen en conservación efectiva, capacidades locales y beneficios duraderos.

Qué podría significar para Amigos de Santay

Santay no aparece mencionada expresamente en el informe, y el documento no ofrece un diagnóstico de sus manglares. Sin embargo, sus conclusiones permiten explorar una futura participación de Amigos de Santay en el capítulo ecuatoriano. Esa posibilidad requeriría conocer las condiciones de incorporación y acordar aportes concretos.

A corto plazo, el acercamiento podría orientarse al intercambio de experiencias educativas y conocimientos comunitarios. Amigos de Santay podría compartir el trabajo del Observatorio con niños, jóvenes y familias, mientras sus colaboradores acceden a formación, materiales y contactos con otras iniciativas. Un primer resultado útil sería identificar la información disponible sobre el manglar de la isla y los vacíos que necesitan atención.

A mediano plazo, podrían construirse proyectos de seguimiento participativo con acompañamiento técnico y coordinación con la comunidad y la administración del área protegida. Fotografías desde puntos fijos, observaciones de regeneración, registros de residuos y cambios en las orillas podrían complementar las imágenes satelitales. Vincular este trabajo con iniciativas existentes permitiría aprender de sus métodos y evitar duplicaciones.

A largo plazo, el objetivo podría ser consolidar una cooperación que sostenga educación, investigación y gestión ambiental más allá de actividades aisladas. Su efectividad debería reflejarse en mejores conocimientos sobre el ecosistema, participación real de los habitantes y continuidad de las acciones. La pertenencia a una alianza puede facilitar ese proceso, aunque el financiamiento y los proyectos requieren acuerdos y gestiones específicas.

Mirar el manglar desde el territorio y la cuenca

El informe propone comprender las conexiones del manglar con los ecosistemas vecinos. Para Santay, esta perspectiva invita a estudiar su relación con el río Guayas, los sedimentos, la calidad del agua y las presiones procedentes de la cuenca. La conservación de la isla está vinculada a procesos que superan sus límites.

Amigos de Santay podría aportar a ese diálogo su experiencia educativa y su vínculo con la comunidad. La oportunidad consiste en convertir el conocimiento mundial en preguntas locales, observaciones verificables y decisiones compartidas. Así, la cooperación tendría una expresión concreta: fortalecer a quienes conocen, habitan y cuidan el humedal.

Fuente principal: Global Mangrove Alliance, The State of the World’s Mangroves 2026. Texto enriquecido con los temas planteados por Marea Ecologista en “El Estado de los Mangles del Mundo 2026: entre la expansión neta y la pérdida imparable de bosques maduros”, contrastados con el informe original. IMPORTANTE: Las posibilidades para Amigos de Santay son propuestas de reflexión, no compromisos adquiridos por la alianza.